Tatiana Berringer*: “Bloque en el poder y los análisis de política exterior”


Los análisis  de política  exterior –Foreign Policy Analysis (FPA)– buscan,  en general, entender cómo son formuladas y decididas estas políticas. Difieren de la corriente realista, al introducir una mirada interna y no externa al Estado para pensar los procesos decisorios en este campo. Para eso, establecen un diálogo entre los estudios de relaciones internacionales y las demás áreas de las ciencias humanas como la psicología, ciencia política, geografía y otras.

Los primeros estudios de análisis de política exterior datan de los años 1960, pero fue a partir de los años 1990, con el fin de la Guerra Fría, que los diferentes  abordajes  ganan mayor espacio y relevancia académica.

James Rosenau es considerado  el primer autor  de análisis de política  exterior.  Con fuerte influencia behaviorista, buscó a través de una amplia base de datos, construir tipologías del comportamiento de los Estados en política internacional, a partir de datos sobre población, territorio, armamentos,  industrialización  y  otros. Rosenau  pretendía  explicar por qué las grandes potencias se involucran en conflictos bélicos. Según los críticos, una base de datos  como  la  de  Rosenau  no  podría  prever  crisis  políticas  y ayudaría  muy  poco  a comprender la reacción de un Estado frente a un conflicto con otro Estado, una vez que el ambiente político y social en el cual las decisiones son tomadas, ejercen gran influencia (Hudson y Vore, 1995).

Las  características  subjetivas  de los líderes –las creencias, las  motivaciones,  los estilos  de  decisión,  etc.– también  fueron  objeto de estudio  de autores  como Laswell’s, Holsti y Margareth Hermann. Para estos analistas,  las personalidades  de los jefes de Estado tenían fuerte influencia sobre la política exterior. A su vez estos estudios fueron duramente criticados, acusados de reduccionistas. Según Mónica Herz, se sacaba el foco del Estado y se lo  transportaba  a  un  individuo,  manteniendo  con  eso  el  individualismo  metodológico presente en la teoría realista de las relaciones internacionales (Herz, 1994).

Ya en una segunda fase, los análisis de política exterior pasaron a incorporar nuevas variables,  como  el  rol  de  las  burocracias  de  Estado  (Allison),  la  presión  de  los  grupos domésticos  (Robert Dahl),  la cultura política  (Almond y Verba), la relación  entre régimen político y política exterior (Russet), el rol del legislativo, entre otros elementos (Hudson y Vore, 1995)

Concordamos en que hay dos  puntos  que caracterizan los  análisis de  políticas exteriores, ellos son: 1) la crítica a la concepción de Estado y de interés nacional utilizada por la corriente realista en las teorías de relaciones internacionales;  2) la tesis según la cual hay una  imbricación entre la  política  exterior  y la  política  doméstica  de los Estados,  al contrario de lo que suponen los estudios inspirados en la corriente realista.  Entre los diversos análisis  de política  exterior,  dialogaremos  con tres: los estudios  de política  burocrática  de Allison (1990), el Juego de Dos Niveles de Robert Putnam (2010) y el modelo de Hermann (1990).

Presentaremos brevemente cada uno de estos abordajes, buscando demostrar nuestras diferencias respecto a ellas. En seguida,  desarrollaremos  los principales  conceptos teóricos para un análisis marxista de las políticas exteriores –abordajes aún escasos en estos estudios–. Es necesario señalar que nuestro instrumental teórico se apoya en las contribuciones de Nicos Poulantzas en Poder político y clases sociales y en Clases Sociales en el capitalismo de hoy.

Para  Grahan  Allison  (1990),  el  proceso  decisorio  de  política  exterior  puede  ser explicado a partir de la interacción de las diferentes burocracias, es decir, el Estado no es necesariamente una entidad homogénea, como presuponen los teóricos realistas, sino un aglomerado de instituciones con intereses y reglas propias que pueden cooperar o entrar en conflicto ante una decisión respecto a la actuación internacional. En ese sentido, el proceso puede ocurrir a partir de tres modelos teóricos: el modelo clásico; el modelo organizacional y el modelo burocrático. Veamos cada uno.

1) En el modelo clásico, la decisión es tomada por un actor unitario y racional, por ejemplo, el jefe de la cúpula del Estado. En este caso, la decisión es consensual y orientada en el “interés nacional del Estado”, a saber: seguridad y defensa. La elección política apunta a la maximización de las ganancias en el escenario internacional.

2) El modelo organizacional se basa en la idea de que el Estado es formado por un conjunto de organizaciones con lógicas y reglas de funcionamiento propias, cada una de ellas conserva un conocimiento específico sobre su área de actuación. Por eso, la decisión  en política  exterior  es realizada  a partir  de una coordinación  entre las diferentes

burocracias del Estado, que auxilian la toma de decisión. O sea, la decisión es el resultado de la interactuación entre las burocracias del Estado, que se da previamente a la acción internacional.

3) En el modelo burocrático, a su vez, se hace evidente un juego competitivo entre los diferentes actores estatales. Se trata de una disputa jerárquica entre los altos cargos de las burocracias.  Por  ejemplo,  entre  los  jefes  del  Departamento  de Estado  y de  Defensa  y el Gabinete  Presidencial,  o  entre  el  jefe  de  las  Fuerzas  Armadas  y  del  Ejecutivo.  Cada institución estatal atribuye a su jefe una percepción diferente del conflicto político y, por eso, cada uno de sus representantes disputa la conducta adoptada por el Estado. Por eso, negocian políticamente la decisión, en la cual una coalición política o una institución estatal vence.

Los  juegos  de  dos  niveles,  esquema  teórico  desarrollado  por  Putnam  (2010), considera el conflicto entre los diferentes grupos de interés de la sociedad doméstica como un factor  determinante de la decisión del  representante del Estado en el  escenario internacional.  Según él, las negociaciones  internacionales  corresponden  a un juego de dos niveles, en el cual el nivel I es el internacional, y el nivel II es el doméstico. Las políticas exteriores son determinadas por la intersección de esas dos esferas. El desafío del negociador es buscar, a la vez, la maximización de las ganancias en el plan internacional y garantizar un equilibrio  o  formar  una  coalición  entre  los  diferentes  grupos  de  interés  en  la  sociedad doméstica. Según el autor:

La lucha política de varias negociaciones internacionales puede ser útilmente concebida como un juego de dos niveles. En el nivel nacional, los grupos domésticos persiguen su interés presionando el gobierno a adoptar políticas favorables  a  sus  intereses  y los  políticos  buscan  el  poder  constituyendo coaliciones  entre  esos  grupos.  En  el  nivel  internacional,  los  gobiernos nacionales  buscan  maximizar  sus  propias  habilidades  de  satisfacer  las presiones domésticas, mientras minimizan las consecuencias adversas de las evoluciones externas. Ninguno de los dos juegos puede ser ignorado por los tomadores de decisión (Putnam, 2010, p. 151).

 

Es  decir,  para  que  una  negociación  internacional  obtenga  el  mayor  “conjunto  de victorias”  (win set),  la  misma  debe  armonizar  al  máximo  las  demandas  y  los  conflictos internos de las diferentes sociedades domésticas involucradas. La actuación política y el conflicto entre los grupos domésticos (nivel II) varían según el grado de politización sobre el asunto, volviendo la actuación  del negociador  más o menos difícil. El mejor acuerdo será aquel  que  tenga  la  mejor  viabilidad de ratificación o implementación al interior de las

sociedades domésticas involucradas. Por eso, los incumbentes, cuando van a una negociación internacional, deben tener en mente cuáles son las reivindicaciones y necesidades de sus sociedades domésticas.

Para Charles Hermann (1990), la política exterior también parte de una interactuación entre el ámbito internacional y el ámbito doméstico. Él considera que un cambio electoral o el cambio de un régimen de gobierno, tal como una crisis internacional, pueden influir en la reorientación de la política  exterior. Para este autor, los cambios en política exterior son graduales y resultan de un proceso de decisión gubernamental, de la correlación de fuerzas y de las presiones externas a las cuales los estadistas están sometidos. Los agentes primarios de cambio son: líder, burocracia, reestructuración doméstica y choque externo. Es decir, el cambio de jefe de gobierno, de ministros de Relaciones Exteriores o Secretarios de Estado y de Defensa, o el pasaje de una economía agraria a una economía industrial, pueden ser las causas –juntas o separadas– del cambio de la política exterior de Estado. Los cambios son, a su vez, graduales y pueden variar entre: ajuste, programa, objetivo y nueva orientación internacional.

El  ajuste  corresponde  a  un  cambio  cuantitativo,  por  ejemplo,  al  aumento  de  los recursos destinados a la asistencia humanitaria en un país, la disminución de embajadas y consulados en determinadas regiones, etc. El programa corresponde a una alteración del instrumento utilizado en la política exterior, como el abandono del uso de la diplomacia sustituido por  la  intervención  armada.  El  cambio  de  objetivo  está  vinculado  al  interés estratégico de la política exterior y puede resultar, por ejemplo, en la decisión de cerrar una intervención y adoptar una postura más defensiva en cambio de una posición ofensiva. Ya la reorientación  internacional,  el grado más elevado,  es la alteración  del rol del Estado en el sistema internacional que puede significar la transformación de un Estado débil en un Estado potencia o viceversa.

Desde la perspectiva teórica marxista, la política exterior y la política doméstica también están  imbricadas.  Sin  embargo,  la  actuación  internacional  de  un  Estado  depende  de  los intereses del bloque en el poder y no exclusivamente del jefe de Estado, del equipo gubernamental  o de la interactuación  entre  las burocracias.  Defendemos  que la teoría  del Estado elaborada por el teórico marxista Nicos Poulantzas (1968) presenta elementos que permiten analizar  las políticas  exteriores  a partir  de los conflictos  políticos  y económicos entre las clases y fracciones de clase en el interior de una formación social, o mejor, a partir del bloque en el poder. Creemos que, a partir de los elementos teóricos presentados por este

pensador, podemos analizar las políticas exteriores, de la misma forma que analizamos la política económica  y  social.  Consideramos  que  hay  una  interrelación  entre  la  política  interna  y externa, además  de la relación  existente entre los diferentes  bloques en el  poder; ambas determinan la configuración y los  intereses del  bloque en el  poder  al  interior  de una formación social.

De acuerdo con Poulantzas, el Estado capitalista tiene la función general de mantener la cohesión de una formación social –la unidad entre los diferentes modos de producción bajo la dominación de uno–, mientras organiza la hegemonía  de una clase o fracción de clase dominante y desorganiza las clases dominadas. La estructura jurídico-política del Estado –el derecho y el burocratismo– son responsables de la manutención y reproducción del modo de producción capitalista, pues producen el efecto de representación de la unidad y aislamiento  de las clases sociales.  El Estado se presenta  como el representante  del interés general de la sociedad, cuando en realidad  organiza el bloque en el poder, sofoca y reprime la organización revolucionaria de las clases dominadas.

A pesar de que Poulantzas  (1978)  haya  analizado  el  rol  del  Estado  frente  a  la emergencia de organizaciones supranacionales  y de la internacionalización de la producción en la actual fase de desarrollo del capitalismo, él no se dedicó a pensar la relación entre los bloques en el poder, siquiera se preocupó en analizar la relación entre la política exterior y el bloque en el poder. Este es el objetivo de nuestro trabajo.

El  bloque  en  el  poder  fue  un  concepto  elaborado  por  Poulantzas  para  indicar  la relación existente entre clases, fracciones  de clases dominantes  y el  Estado. Poulantzas considera que la división del capital en diversas fracciones deja la burguesía “atada” a sus intereses económicos inmediatos. Las diferentes fracciones viven una lucha fratricida, que las desvían y las incapacitan de auto-organizarse políticamente. La burguesía remotamente se organiza conscientemente en partidos políticos para conquistar sus intereses; le cabe al Estado organizar los intereses políticos de las clases dominantes y unificarlas.

El  bloque  en  el  poder,  por  tanto,  presupone  una   unidad contradictoria entre  las diferentes fracciones  de clases dominantes. La unidad corresponde a los sacrificios  mutuos entre las fracciones  de clase con la finalidad de construir  una relativa unidad en todos los niveles de la lucha de clases. Se trata de una unidad política, económica e ideológica contra la clase trabajadora.  El Estado, a través de sus políticas, articula  los intereses  de las distintas clases y fracciones  de clase dominantes: no se trata de un acuerdo  explícito,  pero sí de una

unidad política alrededor del mantenimiento del orden social garantizado por el aparato del Estado. En la articulación  del bloque en el poder, hay la tendencia a la formación  de una fracción hegemónica: una fracción con capacidad de obtener prioritariamente  los beneficios de la política estatal –política exterior, política económica y la política social. No siempre es la  fracción  que  obtiene  más  ganancias.  La  fracción  hegemónica  controla,  influye  y  se beneficia  de las políticas  gubernamentales  y actúa  “[...]  encarnando  el interés  general  del pueblo-nación, y condiciona por eso mismo, una aceptación específica de su dominación por parte de las clases dominadas.” (Poulantzas, 1977, p.215).

La configuración del bloque en el poder –el modo específico de articulación entre las clases y fracciones de clase y la hegemonía de una fracción sobre las demás– define la etapa de determinada formación social: la forma y el régimen político del Estado. La primera se refiere a la relación entre las instancias políticas y económicas –Estado intervencionista/desarrollista o liberal. El régimen político comprende la relación  entre las clases   sociales   y   los   partidos o  representantes   políticos:   democracia,   dictadura, presidencialismo, monarquía, pluripartidarismo, bipartidarismo u otro.

Según Poulantzas, las clases sociales no son definidas solamente y exclusivamente por la posición que ocupan en el proceso de producción –nivel económico (Bukharin)–, tampoco existen sólo como sujetos históricos conscientemente organizados en partidos distintos que luchan por el poder en el Estado (Lukács). Las clases sociales son, en realidad, el efecto del conjunto de estructuras y de sus relaciones entre el nivel económico, político e ideológico[1]. La existencia de una clase o fracción de clase como fuerza social o clase distinta, depende de la relación entre las relaciones de producción –el lugar en el proceso de producción– el nivel económico –y los demás niveles. “[...] Las clases sociales no son concebibles sino en términos de prácticas de clase (Poulantzas, 1977, p.83)”.

Hay, por tanto, dos niveles de lucha de clase: la lucha política por la toma del poder del Estado y el conflicto por la distribución de la riqueza –repartición de la plusvalía total–. Nos interesa, sobre todo, el último nivel, en el cual las clases sociales no se dividen sólo entre capitalistas y operarios, sino que hay diversas fracciones, capas y categorías que están vinculadas a las diferentes combinaciones e interrelaciones presentes al interior de una formación social.

Eso porque en una formación social concreta, a diferencia del modo de producción “puro” (abstracto) coexisten diversos modos de producción, a pesar de la dominancia de uno de ellos –el capitalismo–.  Además,  hay un conflicto entre los subgrupos  capitalistas.  Según Décio Saes (2001, p.50):

A  reprodução  das  formações  sociais  capitalistas  não  exclui,  portanto,  o conflito  entre  os   interesses   econômicos   próprios   às   diferentes   clases dominantes (clase fundiária, clase capitalista) e às diferentes frações de uma mesma   clase   dominante   (subgrupos   dos   capitalistas   que   podem   ser distinguidos  uns  dos  outros  por  desempenharem  diferentes  funções  no processo econômico capitalista – produtiva, comercial, bancária – ou pelas diferentes dimensões do seu capital: grande capital, médio capital).

(La reproducción  de las formaciones  sociales  capitalistas  no  excluye,  por tanto,  el  conflicto  entre los intereses  económicos  propios  a las  diferentes clases  dominantes  (clase latifundista,  clase  capitalista)  y a  las  diferentes fracciones de una misma clase dominante (subgrupos de los capitalistas que pueden  ser  distinguidos  unos  de  los  otros  por  desempeñar  diferentes funciones  en  el  proceso  económico  capitalista  – productiva,  comercial, bancaria  – o  por  las  distintas  dimensiones  de  su  capital:  gran  capital, mediano capital).

Por tanto, una fracción de clase no corresponde necesariamente a un sector económico o a las diferentes clases dominantes y los subgrupos capitalistas. En realidad, Poulantzas se dedicó muy poco a la tarea de determinar qué unifica una fracción de clase. Para Décio Saes (2001) y Francisco Farias (2010), los intereses comunes pueden unificar distintos sectores económicos  con la finalidad  de apoyar  o rechazar  determinadas  políticas  estatales,  como: política  cambial, política de tasas de interés, política  de financiamiento  y política tarifaria. “[...] La política  estatal sería  el factor  de aglutinación de un sistema  de fraccionamiento (Farias, 2010, p.16)”.

El fraccionamiento está vinculado, por tanto, al nivel económico, político e ideológico. La fracción se unifica  y se deshace a partir de los efectos pertinentes producidos por  la coyuntura política y económica. Por efectos pertinentes entendemos tanto la política estatal cuanto la acción y la posición de las clases sociales en la escena política. No es solamente la política  estatal que puede producir  efectos pertinentes,  sino también la propia acción de la clase  o fracción  de clase y la dinámica  de la economía  mundial:  la configuración  de los bloques  en  el  poder  de  los  Estados  imperialistas,  las  crisis  económicas,  los  conflictos políticos,  las  guerras,  el  crecimiento  demográfico  y  el  aumento  y  la  disminución  de  la demanda internacional.

Hay, en realidad, una sucesión temporal de las fracciones y un cruce entre ellas: la emergencia, la desaparición y el cruce de fracciones pueden variar circunstancialmente.

La posición política de clase depende de los intereses de las clases y las fracciones de clase ante la política estatal y las relaciones y conflictos sociales existentes. La aglutinación puede darse en función de una  crisis política,  de la sustentación u oposición a un determinado gobierno,  en relación a una determinación   política  específica  o alrededor  de un proyecto político más amplio –industrialización, expansión imperialista, etc.

El principal conflicto entre burguesías es la división entre los intereses de la burguesía  industrial y los intereses de las burguesías bancaria y comercial.  O mejor, la contradicción entre el proceso de producción y circulación del capital en sociedades cuyo desarrollo del capitalismo   es   avanzado.   También   puede   haber   situaciones   de   desfasaje   entre la determinación estructural de clase –origen– y la posición de clase, a ejemplo del rol de los campesinos parcelarios en el bonapartismo de Estado en Francia.

Aun puede existir una disociación entre la hegemonía política y hegemonía ideológica. Pues,  en  general,  las  burguesías  bancaria  y  comercial  tienen  dificultad  en  ejercer  la dominación ideológica  debido al hecho que ellas no tienen una inserción en la esfera productiva, lo que hace que sean acusadas de parasitarias. Ya la burguesía industrial consigue  tener  una  presencia  más  activa  en  la  escena  política  por  estar  asociada  a  la producción de la riqueza  y generación de empleos  dentro  del  territorio nacional.  En ese sentido, en determinadas situaciones, la burguesía bancaria puede ser la fracción hegemónica sin que ejerza la dominación ideológica[2].

En el caso del capital financiero –interpenetración del capital industrial y bancario –se  puede formar,  en  algunos casos,  una  fracción  económicamente  diferenciada  cuyos intereses pueden entrar en conflicto tanto con la burguesía industrial cuanto con la burguesía exclusivamente bancaria. Sin embargo, aun en un grupo multifuncional –o un conglomerado económico– que actúe en diversas esferas –banco,  industrias y comercio–, pueden prevalecer los intereses sectoriales. Es decir, las corporaciones no tienden a tener un posicionamiento común ante la política estatal. Generalmente, su postura es dirigida por la función dominante al interior del grupo, pero ella puede oscilar dependiendo de la cuestión en juego. Por ejemplo: el grupo Itaú, en Brasil, a pesar de que tienen inversiones industriales –Itautec–, en general se posiciona acorde a los intereses del sector bancario, que es su principal fuente de ganancia. Es decir, es un grupo que a pesar de tener inversiones diversificadas, se comporta predominantemente, en el plan político e ideológico, como burguesía bancaria.

En lo que se refiere a las relaciones internacionales, las fracciones políticas de una formación social  dominante pueden unificarse o divergir  en  relación a:  1)  políticas expansionistas o aislacionistas; 2) apertura o protección del mercado interno; 3) alianzas y coaliciones políticas prioritarias con otros Estados, etc. Ya en las formaciones sociales dependientes, la clase dominante asume diferentes clivajes, en función de la relación que establece con el capital imperialista y con las clases dominadas, que no son aquellas referentes a la división según la actividad en el proceso de producción. Conforme a Poulantzas, hay tres diferentes tipos de burguesías en los Estados dependientes, caracterizadas por sus posicionamientos políticos e ideológicos frente al imperialismo y en relación al origen del capital. Ellas son: la burguesía compradora, la burguesía nacional y la burguesía interna.

La burguesía compradora es la fracción que no tiene base propia de acumulación y que se  comporta  como  agente  del  capital  imperialista,  sus  intereses  son  subordinados  al imperialismo (Poulantzas, 1978, p.76-77). Esta fracción es compuesta predominantemente por  la  oligarquía  de  los  grandes  propietarios  de  tierras  y  por  los  sectores  financieros, bancarios y comerciales.

La  burguesía  nacional,  por su parte,  es  la  fracción  autóctona,  que  posee  base  de acumulación propia al interior de la formación social nacional y, por eso, presenta una autonomía política e ideológica frente al capital imperialista. Esta fracción puede adoptar, en determinadas coyunturas, en alianza con las clases dominadas, una postura anti-imperialista y/o involucrarse en una lucha de liberación nacional (Poulantzas, 1978, p.76).

La burguesía interna[3], es la que ocupa una posición intermedia entre la  burguesía compradora  y  la  burguesía  nacional.  Esta  fracción  mantiene relaciones  complejas  con  el capital imperialista, pues posee base de acumulación  propia y, a la vez, es dependiente del capital externo. Por eso, en cierta medida, intenta limitar la presencia del capital extranjero en el mercado interno en pos de garantizar su sobrevivencia, pero no pretende romper los lazos con el capital imperialista. Ella presenta una disolución de la autonomía política e ideológica, lo que genera que no demuestre voluntad de construir una alianza con las clases dominadas, es decir, la burguesía interna no tiene pretensión de tornarse nacional (Poulantzas, 1978, pp. 77-78).

Esta fracción es constituida, principalmente, por sectores de la industria de bienes de consumo –electrodoméstico, textil, mecánica, química y metalurgia–, industria de construcción y sectores que dependen del proceso de industrialización –transportes, distribución– o servicios –que puede incluir hasta el turismo.

[...] se interessa pela intervenção estatal que lhe asseguraria alguns domínios dentro do país e que a tornaria também mais competitiva diante do capital estrangeiro. Deseja a ampliação e o desenvolvimento do mercado interno através  de uma pequena  elevação  do poder  de compra  e de consumo  das massas, o que lhe ofereceria  mais saídas; procura,  enfim, ajuda do Estado, que lhe permitira desenvolver a exportação (Poulantzas, 1976, p. 36-37).

([…]  se  interesa  por  la  intervención  estatal  que  le  aseguraría  algunos dominios dentro del país y que se tornaría también más competitiva ante el capital extranjero. Desea la ampliación y el desarrollo del mercado interno a través de una pequeña elevación del poder de compra y de consumo de las masas, lo que le ofrecería más salidas; busca, en fin, ayuda del Estado, que le permitiría desarrollar la exportación)

Defendemos entonces que la posición política de un Estado en la estructura de poder internacional está vinculada a la relación entre ese Estado, el bloque en el poder y la relación de éstos con los demás bloques en el poder, y, sobre todo, con los Estados imperialistas. Por eso,  la relación  entre fracción  hegemónica  y el  capital  externo  determina  la posición  del Estado en el escenario internacional en la coyuntura histórica.

A pesar de que consideremos que hay una imbricación entre la política doméstica y la política exterior y que en muchos momentos puede ser difícil definir el límite entre cada una, consideramos que, para efecto de sistematización,  la política exterior abarca tres esferas: 1) las acciones del  Estado con os  demás Estados –acuerdos, tratados,  bloques regionales, cooperaciones,  alianzas,  apoyos  y  conflictos;  2)  la  actuación  del  Estado  en  los  foros  y organismos  internacionales;  3)  la  política  económica  y  de  comercio  exterior  –tasa  de cambio, tarifas de importación y exportación, políticas de financiamiento, cumplimiento de contratos, pago de deuda externa, rol concedido al capital externo y al capital nacional, etc. Por análisis de política exterior consideramos tanto el proceso decisorio, como su acción y resultado.

Para nosotros, los Estados pretenden garantizar la maximización de los intereses del bloque en el poder en la escena política internacional, lo que hace que ellos busquen establecer alianzas  y coaliciones  que puedan aumentar  su proyección en el  escenario.  El Estado   debe   insertarse   en   el   juego   de   la   política   internacional,   buscando   aliados, cooperaciones,   invirtiendo   en  ceremoniales diplomáticos, siendo árbitro de conflictos

liderando misiones humanitarias, o incluso guerreando. Le atañe construir una imagen internacional que refleje los intereses políticos y económicos de la fracción hegemónica del bloque en el poder.

Hay que señalar que las acciones del Estado en el escenario internacional no reflejan directa y mecánicamente los intereses de la burguesía, por ejemplo: la aproximación con un determinado Estado o involucrarse en un conflicto político, no corresponde exactamente a un objetivo económico inmediato, tal como la firma de un tratado comercial, acceso al mercado de aquel  país,  la instalación  de una  empresa  en aquel  territorio,  etc. La  política  debe ser entendida como una síntesis de múltiples determinaciones.

Interpretar la relación entre las clases sociales y la escena política no es algo simple. Sobre todo cuando la representación  política  de clase no es declarada,  cuando  no hay un partido que se presente como de una determinada fracción de clase dominante. En la política exterior,  los  conflictos  entre  partidos,  grupos  políticos  y  movimientos  sociales  que  se organizan en la sociedad y en el interior de los aparatos de Estado, la mayoría de las veces, no son   declarados. Eso porque en la escena política la posición de clase tiende a ser ocultada.  La tarea  del estudioso o del analista  debe ser la de revelar  la relación existente entre los intereses de clase y las decisiones en política exterior.

En general, la posición del Estado en cierta coyuntura histórica es determinada por la fracción hegemónica del bloque en el poder. Por tanto, la posición política de un Estado imperialista, en una determinada coyuntura histórica, podrá oscilar entre expansionismo o aislacionismo, a  depender  del  destino prioritario de su producción, es decir, si la producción está prioritariamente volcada al  mercado interno,  la  tendencia  es  que la  posición política  del Estado camine hacia el aislacionismo, pero si la producción está volcada a otros mercados, probablemente la política estatal será expansionista. La posición política de los Estados dependientes  puede,  por  otra  parte,  oscilar  entre  subordinación  pasiva,  subordinación conflictiva y anti-imperialista. Cuando la fracción hegemónica es la burguesía compradora, la posición  política  será  la  de  subordinación  pasiva  al  imperialismo.  Cuando  la  fracción hegemónica es la burguesía interna, la posición política en relación a los Estados imperialistas tenderá a ser conflictiva, pues le tocará al Estado alcanzar un mayor margen de maniobra frente al imperialismo. Y, si hay composición de fuerzas anti-imperialistas –la formación de una burguesía nacional aliada a las clases populares–, el Estado podrá romper relaciones con los Estados imperialistas. Veamos eso esquemáticamente en el cuadro abajo:

Cuadro 1. Fracción hegemónica  y la posición política del Estado en una determinada coyuntura histórica

Posición del Estado en la estructura de poder internacional

Fracción hegemónica en el bloque en el poder

Posición política del Estado en una determinada coyuntura histórica

Estado imperialista

Burguesía cuya

producción es prioritariamente volcada al mercado externo

Expansionista

Estado imperialista

Burguesía cuya

producción es prioritariamente volcada al mercado interno

Aislacionista

Estado dependiente

Burguesía compradora

Subordinación pasiva

Estado dependiente

Burguesía nacional

Anti-imperialista

Estado dependiente

Burguesía interna

Subordinación conflictive

Pueden existir situaciones en las cuales, aparentemente,  no exista una interfaz entre los intereses  de la fracción hegemónica y la política exterior. Eso porque hay casos en los cuales el Estado es llevado a actuar de manera estratégicamente coherente con los intereses de la fracción hegemónica, aunque en el primer momento aquella iniciativa traiga perjuicios a los

negocios de la burguesía. Ese tipo de situación se encuadra en la idea de “equilibrio inestable de compromisos”.

De la  misma forma,  puede ocurrir  una  incompatibilidad aparente entre la  política exterior  y  la  política  doméstica,  o que a  través  de  ellas  el Estado busque el  “equilibrio inestable de compromisos” entre las clases y fracciones de clases, tanto entre las fracciones dominantes  cuanto entre ésas y  las dominadas.  Por  eso,  es posible que en determinadas situaciones  la política  doméstica  atienda  más a los intereses  de una fracción  y la política exterior sirva como contrapeso a los intereses de otra fracción y vice-versa. O puede que la política exterior atienda demandas de las clases dominadas. Esas situaciones ocurren generalmente  en procesos de transición política o de crisis de hegemonía  en el interior del bloque en el poder.

Defendemos  también  que  es necesario  llevar  en cuenta  los intereses  de las clases medias, de la pequeña burguesía y de la clase obrera. En general, la política exterior no es directamente influenciada por los intereses de las clases dominadas. Pero, como toda política estatal, se somete también a la relación entre las clases, fracciones dominantes y  clases dominadas.

La  presencia  activa  de  las  clases  dominadas  en  la  escena  política  a  través  de movimientos sociales, partidos políticos o manifestaciones espontáneas podrá llevar al Estado a atender los reclamos de las clases populares en nombre del “equilibrio inestable de compromiso”.  Es decir,  en nombre  de la manutención  del orden social vigente,  el Estado asiste a algunas demandas de las clases subalternas, pudiendo incluso, al hacerlo, imprimir una reducción de las ganancias de las clases dominantes a corto y mediano plazo.

Movimientos o manifestaciones populares contra políticas internacionales pueden ser vistos en movilizaciones contra guerras, acuerdos de libre comercio, pagos de deuda externa, políticas migratorias, entre otros. No por casualidad, a finales del siglo XX y comienzos del XXI, los movimientos antiglobalización –Foro Social Mundial, Campaña Continental Contra el ALCA, entre otros– tuvieron una fuerte presencia en la escena política internacional y, aliados  a  otras  prácticas  políticas  de  las  clases  dominadas  y  de  sectores  de  las  clases dominantes,  influenciaron  en la  derrota  electoral de  muchos  partidos  que implantaron el neoliberalismo ortodoxo en América Latina.

Los trabajadores podrán tener sus intereses contemplados por las políticas exteriores cuando las políticas adoptadas tengan por motivación la protección del mercado interno, ya

que el fortalecimiento de la burguesía industrial consecuentemente tendrá reflejo sobre el aumento de los empleos, de los salarios y del consumo interno. Es decir, al adoptar políticas que fortalezcan la burguesía nacional o interna, el Estado podrá atender también parte de las reivindicaciones de las clases dominadas que, a su vez, podrán tornarse clases-apoyo o base de sustento de estos gobiernos.

En esos casos puede haber procesos  políticos  en los cuales se forme una alianza o frente político  entre las clases dominadas.  En el caso de una alianza, las clases dominadas pueden tornarse clase-apoyo y, con eso, impulsar una lucha anti-imperialista o de liberación nacional. En ese caso, la relación entre las diferentes clases se realiza de manera consciente, es  decir,  en la construcción  de un programa  político  común.  Ya  en  el frente  político,  la relación entre las diferentes clases es más fluida y no siempre su aproximación se realiza de manera consciente. Por eso, la fuerza política de esa relación entre clases distintas es menor, y la posición política del Estado en la coyuntura internacional tenderá a ser de subordinación conflictiva, o sea, habrá solamente divergencias puntuales entre el Estado dependiente y el imperialismo.

El “interés nacional” corresponde,  por tanto, al interés de la fracción hegemónica,  a pesar de que el Estado lo presenta  como interés general[4]. Sin embargo, “el interés nacional” es determinado por la manera en la cual el Estado organiza los intereses del bloque en el poder y de las clases  dominadas,  en ese sentido,  podrá  corresponder  a los intereses  de alianzas  o frentes políticos entre las diferentes clases y fracciones de clase a depender de la coyuntura política.  En  el  caso  de  un  enfrentamiento  político  o alianza  entre  clases  dominantes  y  sectores populares,  el  interés  nacional asumirá  un carácter  desarrollista  o nacional democrático  y popular (es decir, anti-imperialista), a depender de la correlación de fuerzas interna y de la relación con el capital externo.

Defendemos que las relaciones internacionales  pueden ser pensadas como relaciones de mutua influencia entre los bloques en el poder al interior de los diferentes Estados. “[...] No  existe,  en realidad,  en la  fase actual  del  imperialismo,  de un lado los  factores externos actuando puramente del “exterior”, y de otro los factores “internos” “aislados” en su espacio propio [...] (Poulantzas, 1976, p. 19)”.

La reproducción inducida del capital en las diferentes formaciones sociales establece un  lazo  entre  las  fracciones  endógenas  del  capital  y  el  capital  externo,  que  repercute directamente en la configuración de fuerzas del bloque en el poder. Los bloques en el poder de los países dependientes se articulan alrededor de la relación que las fracciones del capital endógeno establecen con el capital imperialista, en este caso, las contradicciones inter- imperialistas pueden influenciar en nuevas configuraciones de poder en el seno del bloque en el poder de los países dependientes y también de los demás países imperialistas. Por tanto, las relaciones internacionales  son relaciones que se desarrollan entre las clases y fracciones de clase  de los países  imperialistas  y dependientes  simultáneamente.  Conforme  la ilustración abajo, los bloques en el poder de los Estados imperialistas están en el centro y los bloques en el poder de los Estados dependientes se entrelazan y orbitan alrededor de los bloques imperialistas:

 

Ilustración 1. Bloques en el poder y las relaciones internacionales

 

 

Leyenda: A– Estados Unidos; B– Europa; C– China

Las relaciones internacionales deben, por tanto, ser pensadas a partir de la imbricación entre  los  bloques  en  el  poder.  Hay  situaciones  en  que  una  fracción  burguesa  de  un determinado país tiene interés en una aproximación,  o en realizar un acuerdo comercial con otro Estado, con el cual se beneficiaría con la exportación de sus productos o de la materia- prima que podría importar. Ese interés puede divergir con los de otra fracción de su país, o

con una fracción de este segundo Estado, o incluso con una fracción de un tercer país que tenga el mismo interés. Es decir, la disputa entre fracciones de clase en el ámbito interno y externo se articula y choca a la vez. Por eso, las negociaciones económicas internacionales o de las coaliciones políticas son extremadamente complejas: a) dependen de la relación entre los Estados-parte; b) dependen de la relación entre cada Estado, las clases y fracciones de clase dentro y fuera de la formación social nacional. Eso nos acerca al modelo de los juegos de dos niveles de Putnam.

Concordamos con Gramsci que las “[...] relaciones internas de un Estado-nación se entrelazan  con  las relaciones  internacionales,  creando  nuevas  combinaciones  originales  e históricamente concretas (Gramsci, 2000, p.42)”. En ese sentido, el cambio de un bloque en el poder podrá producir efectos sobre la política exterior y en el conjunto de la política estatal. Por ejemplo, un país agroexportador, cuya burguesía compradora agraria es dominante, probablemente, tendrá lazos fuertes con los países imperialistas; sin embargo, si la burguesía industrial interna se fortalece en el interior del bloque en el poder, la alianza con los Estados imperialistas podrá  no  ser  más una  prioridad de la  política  estatal,  llevando el  Estado a adoptar una diversificación de alianzas y estrategias de inserción internacional. En ese caso, la burguesía  hegemónica  no dependerá  exclusivamente del acceso al  mercado de los países imperialistas  y  demandará  acceso  para  la  exportación  de  sus  productos  industriales  o simplemente la protección del mercado interno.

Como ya vimos, en las formaciones sociales dependientes  la política exterior está a cargo de la fracción de clase dominante y de la relación que esa establece con el capital imperialista. Las fracciones burguesas pueden entrar en conflicto también en relación a la devaluación de la moneda local, la apertura comercial, los acuerdos de libre comercio, a las cooperaciones y aliados estratégicos, entre otros. Si la fracción dominante es la burguesía compradora, la política exterior será sumisa a los intereses de los Estados imperialistas; sin embargo, si es una burguesía nacional, ella entrará en confrontación o podrá incluso romper los lazos  con los países  dominantes;  en el  caso  de una  burguesía  interna,  probablemente intentará  limitar   y  competir   con  el  imperialismo,  sin  deshacer   los  lazos   o  alejarse completamente de las potencias mundiales.

Ya en un Estado imperialista,  el capital  vinculado  a las empresas  multinacionales, podrá  presionar  al  Estado  para  una  política  exterior  expansionista,  y  la  fracción  cuya producción es basada en la acumulación y venta al mercado interno preferirá una política aislacionista (Poulantzas, 1976, p.31).

En ese sentido,  creemos  que también  es  importante  considerar  la  dinámica  en  el interior del aparato del Estado, como defiende Allison la cooperación o conflicto entre las diferentes  burocracias,  el  peso y  la importancia  de cada  ministerio,  así  como los grupos políticos  en  el  interior  de  las  instituciones  del  Estado,  como  en  los  Departamentos  y Ministerios de Relaciones Exteriores. De la misma forma, como señala Hermann, defendemos que  es  importante analizar  el  impacto  del  cambio  de  un  régimen  político,  de  una  crisis económica o de una guerra –choques externos– en la reorientación de la política exterior de un Estado. Sin embargo, la relación entre las diferentes burocracias, la influencia de un nuevo gobierno, de un nuevo régimen político son determinadas por el bloque en el poder.

Tal como Putnam (2010), defendemos que la actuación internacional del Estado está condicionada a la correlación de fuerzas en el interior de la formación social nacional. Sin embargo, para nosotros, no se trata de buscar el consenso o el equilibrio entre los diferentes grupos de interés.

En definitiva, defendemos que es necesario revelar la escena política –las disputas existentes  entre  las clases  y fracciones  de  clases  y la relación de  éstas con  los  partidos políticos, con la burocracia del Estado (agentes diplomáticos, comandantes de los ejércitos) y con los jefes de gobierno– para entender los reales intereses de la actuación internacional de un Estado, ya que en la escena política la relación entre los partidos, ideas y la base socioeconómica no aparece abiertamente (Boito Jr, 2007, p. 139).

A  sabiendas  de  que  los  Estados  actúan  externa  e  internamente  en  función  de  la dirección política de una clase o fracción dominante que organiza el bloque en el poder, un análisis marxista de política exterior debe buscar revelar primeramente cuál es la fracción hegemónica y cuál la relación entre ésta y las clases dominadas. A partir de esos resultados, se podrá entonces comprender cuál es la posición del Estado en una  determinada coyuntura histórica.

 

Bibliografía

Allison,  Grahan.  “Modelos  conceituais  e a  crise  dos  mísseis  de  Cuba”. Philippe Braillard (org.) Teoria das Relações  Internacionais.  Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian,

1990.

Farias, Francisco. Estado e classes dominantes no Brasil (1930-1964). Tese (doutorado em Ciência Política), Unicamp, 2010.

Gramsci, Antônio. Cadernos do Cárcere: Maquiavel – Notas sobre o Estado e a política. Vol 3. Tradução: Luís Sérgio Henriques, Marco Aurélio Nogueira e Carlos Nelson Coutinho. Rio de Janeiro, Editora Civilização Brasileira, 2000.

Hermann, Charles. “Changing course: When governments choose to  redirect  foreign policy”. International Studies Quartely, nº32.

Herz, Monica. “Abordagem cognitive”. Contexto Internacional. Rio de Janeiro, PUC-RJ, v. 16, jan 1994.

Hudson, Valerie y Vore, Chistopher S. “Foreign policy analysis yesterday, today and tomorrow”. Mershon International Studies Review, Vol 39, nº 2, 1995.

Poulantzas, Nicos. Poder político e classes sociais. São Paulo, Editora Martins Fontes,

1977.

Poulantzas, Nicos. Crise  das  ditaduras  – Portugal,  Grécia,  Espanha.  Rio de Janeiro, Editora Paz e Terra, 1976.

Poulantzas, Nicos. Classes sociais no capitalismo de hoje. Rio de Janeiro, Zahar Editores, 1978.

Putnam,  Robert. “Diplomacia  e política doméstico: a lógica do jogos de dois níveis”. Revista de Sociologia e Política, v. 18, nº 36, pp. 147-174, jun 2010.


* UNICAMP

[1] Conforme enunciado por Marx y Engels en las obras políticas, a saber: El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, La Guerra Civil en Francia y La lucha de clases en Francia.

[2] Según Décio Saes (2001), como veremos adelante, eso ocurrió durante la dictadura militar en Brasil (19864- 1984).

[3] El desarrollo de esta nueva fracción de la burguesía, con carácter principalmente  industrial se dio en razón de la nueva fase del imperialismo vinculada al proceso de industrialización dependiente de los países periféricos (Poulantzas, 1975, pp. 34-35).

[4] En el caso de que no haya hegemonía  de una fracción  de clase al interior  del  bloque  en el poder,  en los momentos de  crisis o inestabilidad,  la  burocracia estatal  puede  asumir  la  dirección política del  Estado, tornándose  una  fuerza  social.  Hay  el  privilegio  a  determinados  intereses  de  clase  o  fracción  de  clase dominantes  y puede contar con el apoyo de las clases dominadas,  a ejemplo del bonapartismo  en Francia o del populismo en América Latina.

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