Pedro Karczmarczyk*: Presentación al folleto “¿Qué es la colección Théorie?” (1973)


*UNLP, IdIHCS, CONICET

Hay un renacer althusseriano, no cabe duda, pero se trata de un fenómeno reciente. Hace unos años, no muchos, acercarse a una librería solicitando Para leer El capital, o La revolución teórica de Marx, para no hablar de las obras menos conocidas de Althusser, o de colaboradores suyos como Macherey, Pêcheux o Lecourt, provocaba un sincero asombro en los libreros, en especial entre aquellos con varias décadas de ejercicio en sus espaldas. Es así que la única manera de conseguir los textos consistía en hurgar en librerías de usados. La crisis del marxismo ha hecho que enormes bibliotecas pasen a este mercado de segunda mano sin muchas demoras, donde un torrente de lectores que me gusta imaginar caudaloso se apresuró a darles una segunda vida. La compra de libros por internet ha facilitado mucho la búsqueda y el hallazgo de materiales que de otro modo serían inhallables. Sin dudas que en estas condiciones de acceso el desfasaje es la norma de la recepción. Me remito a la experiencia de leer en las solapas o en las páginas finales la lista de los “otros títulos de interés” en un fondo editorial, lo que acarrea una conciencia, no siempre fácil de asimilar, de las discusiones en las que el texto recuperado se insertaba. En una oportunidad compramos un paquete de libros de Althusser, los cuatro volúmenes multicolores de Lire le Capital en la edición de la “Petite collection Maspero”, Lénine et la philosophie, suivi de Marx et Lenin avant Hegel y la Réponse à John Lewis. Al tratarse de una compra por internet, fui a retirar los libros en persona, lo que me dio la oportunidad de entablar un pequeño diálogo con el vendedor. Un joven profesor de historia, que había recogido los volúmenes como descarte de la biblioteca de una institución cultural. Los textos habían pertenecido a un sociólogo, pero no me enteré de mucho más. Los libros, por su parte, tenían pocas marcas. Poco para establecer esa relación espectral que los lectores de libros usados solemos establecer, por medio de las marcas en el margen, los subrayados, el señalador olvidado en el libro, las dedicatorias, etc. Hasta que ojeando las obras en cuestión, dentro de la Réponse à John Lewis, apareció este breve texto con la presentación de la colección Théorie, colección en la que aparecieron muchos textos que hoy resultan de un interés teórico cautivante. La oportunidad de la relación fantasmática con el libro la ofrecía servida este folleto que, suelto, debía haberse perdido, pero que se había obstinado a permanecer entre las hojas de la Réponse por más de cuarenta años. Inmediatamente me puse a traducirlo, quería compartirlo, contagiar a otros la intensidad teórica y política de este texto, lo que no hizo, sin embargo, sino incrementar mi sensación de destiempo, la conciencia del décalage entre una época y otra.[1]

            Es una desmesura, sin dudas, hacer un recuento acerca de lo vivo y lo muerto en un folleto o en un panfleto, aunque tal vez no quede más remedio que hacerlo. Ello implicaría añadir un desmesura a otra, la ya presente en el folleto, a la vez que un riesgo teórico. Téngase la bondad de creer que es esto último lo que me alienta, percibir un riesgo teórico es un índice de una posibilidad teórica, incierto naturalmente, pero no es el peor de los índices. El folleto intenta dar cuenta tanto de la eficacia como de la importancia de la colección Théorie, o tal vez mejor, se propone dar cuenta de la eficacia (“Las obras de Théorie son leídas y discutidas, frecuentemente con interés, menudo con pasión.”) por medio de la importancia de la misma (“Théorie tiene una cierta originalidad. Es una colección de obras de teoría marxista.”). Nótese que en “teoría marxista” el subrayado cae sobre marxista, lo que, tal vez es una forma de contrapesar el subrayado que la Teoría recibe de por sí, al ser el nombre de la colección donde se inscriben estos textos.

            Sin dudas algunos elementos del panfleto ya no corren tal cual aparecen; una referencia al “Movimiento Obrero internacional” realizada hoy tal como aparece en el texto, no pasaría de ser un efecto discursivo-ideológico de lo preconstruido, que hace pasar por evidente, intentando en consecuencia sustraerlo de la discusión, algo que hoy es candente discutir y repensar. Pero también, sin dudas, enfrentarnos hoy con esta formación ideológico-discursiva es crucial, porque de ella dependen de una manera u otra, todos los conceptos cruciales aludidos en el folleto: teoría científica, ideología burguesa, lucha de clases, o la filosofía como lucha de clases en la teoría.

            La lógica de las compensaciones que presumimos que rige el movimiento de los énfasis en la escritura da cuenta de un movimiento teórico notable: un primer paso (véanse los dos primeros títulos de la colección que nos ocupa) destinado a probar, o cuando menos a exhibir, la distancia que separa a Marx de la economía política clásica, aquello que lo llevó a romper con una definición de la economía como un campo definido y motorizado por las necesidades humanas, evidencia dura si las hay, para pasar a entender a la historia como un ámbito de necesidad autónomo, regido por la lucha de clases, en relación con el cual aquellas necesidades humanas evidentes no pueden pensarse sino como efectos. La economía como determinante en última instancia del todo social, que sobredetermina a las otras instancias de un modo de producción, no puede pensarse teóricamente  si entendemos que esta determinación última se ejerce por medio de las necesidades humanas (los microfundamentos), ya que el homo oeconomicus vendría a desempeñar el papel de un “homúnculo”, de manera que la determinación económica se ejercería en cada punto del volumen denso de lo social por medio de la necesidad económica inoculada previamente en los agentes sociales. La economía política clásica es denunciada por Marx en su carácter ideológico al exponer su carácter tautológico: la economía determinaría los asuntos humanos porque la necesidad económica, concebida en la forma burguesa del homo oeconomicus, sería constitutiva de la agencia humana, de la misma manera que el opio duerme porque posee la virtud dormitiva. Al capitalismo no le correspondería, entonces, según la economía política clásica, más que la tarea de haber develado las leyes esenciales, por ello eternas, del funcionamiento de la economía. La existencia de formaciones sociales distintas al capitalismo debería explicarse, en consecuencia, por medio de factores extraeconómícos, las “arbitrariedades de la circulación”, por ejemplo, de las que habla Marx en la  “Introducción de 1857”. Por el contrario, para el materialismo histórico, la necesidad económica ya no designa a las necesidades del homo oeconomicus, sino al espacio determinante en última instancia de las relaciones de producción, una forma de causalidad sui generis, que configura a las formas de comportamiento individual correspondientes a la misma. De la acción de los individuos en la historia pasamos a las formas de existencia histórica de la individualidad en un determinado modo de producción. En consecuencia, es a la propia “necesidad (causalidad) económica” a la que le cabe explicar que en un modo de producción determinado sean instancias distintas que la instancia económica (esto es, política, religiosa, ideológica, etc.) las que ocupan el rol de dominante. Se rompe entonces con la concepción ideológico-filosófica de la manifestación de una esencia (manifestación que puede ser plena u opaca) para dar lugar a la problemática científica de la determinación por un mecanismo específico.

            Ahora bien, dar cuenta de la distancia entre ambas problemáticas es una tarea teórica, una tarea de crítica ideológica y de elaboración conceptual que asegure que la ruptura no sea absorbida. Pues bien, el hecho de que esta tarea teórica sea una tarea crucial no implica que la labor teórica sea suficiente. Sería una ingenuidad creer que la sola teoría basta para contrarrestar lo que en el folleto se designa como la deformación y la dilución del pensamiento revolucionario de Marx y Lenin, o como “el chantaje de la ideología burguesa”. Ello sería desconocer que la persistencia de la filosofía burguesa no es la persistencia del error, apoyada en el hábito, como acostumbran a pensar los filósofos empiristas: bastaría entonces insistir para que el error ceda. Al contrario, es necesario comprender que hay condiciones ideológicas de la reproducción social y que la ideología que acosa al pensamiento revolucionario es una ideología que opera en el nivel del discurso político es decir, de la forma de ideología teórica, que unifica, jerarquiza y somete a las diferentes concepciones que las distintas prácticas que conforman lo social producen más o menos espontáneamente (ideologías prácticas), esto es, una ideología indispensable para que la sociedad se reproduzca como la clase de totalidad que es.

            Llegamos así al lugar en que yo mismo quiero hacer un enunciado que acarrea un efecto discursivo ideológico de lo preconstruido: el humanismo y el economicismo siguen entre nosotros, humanismo y economicismo siguen siendo las ideologías clave para la reproducción de las relaciones de producción. El núcleo de la ideología del capitalismo continúa siendo el humanismo y el economicismo, como puede apreciarse a nivel teórico, en el estado de las ciencias sociales, donde el humanismo y el economicismo campean casi sin competencia. Allí radica, creemos, en buena medida, la actualidad que los textos de Althusser y su grupo gozan hoy en día, la discusión con las formas teóricas de esta ideología, como el embate a las ciencias humanas centrado en la psicología, no ha perdido vigencia. Y si bien conceptos como el de discurso, llamados a romper con los restos de ideología humanista que perduraban en la distinción entre lengua y habla, tienen una presencia abundante, los mismos están acosados desde varios  frentes, por las teorías de la enunciación y por la debilidad que los aqueja al estar separados de la nociones, como la de ideología, con la que hacían sistema. El amplio calado de nociones como las de biopolítica o biopoder ha podido permanecer en el centro de la escena sin vincularse seriamente con el problema de la reproducción de la fuerza de trabajo.

            Ahora bien, en el nivel de las ideologías prácticas, humanismo y economicismo juegan un papel importante, aunque haya cambiado las condiciones en las que lo hacen. El neoliberalismo probablemente construyó una forma de interpelación peculiar, simultánea con una reconfiguración del lazo social, es decir, de las relaciones sociales de producción. En contraste con el keynesianismo, en el que se inserta la reflexión de Althusser sobre los Aparatos ideológicos de estado (AIE), donde se pedía a los sujetos su sumisión al Sujeto, a la voz universal, para que luego “marchen solos”, bajo el modelo neoliberal, para grandes masas la demanda y el mandato social, es decir, la interpelación, no toma la forma de la voz universal (la patria, el Sujeto, la Razón, Dios), porque no hay un camino preestablecido en el que marchar, puesto que, podríamos decir nuevamente “todo lo sólido se desvanece en el aire”, de manera que la interpelación asume más bien la forma de una apelación a la sinceridad cínica (“yo no exploto a nadie, porque no puedo –no tengo los medios para hacerlo”) que en el momento mismo en que parece develar, construye como obvio al supuesto ideológico del homo oeconomicus como determinante último.

            Para concluir, quiero indicar que si estas observaciones dan en el calvo, la colección Théorie es uno de los nombres de una tarea inmensa y urgente que debemos reemprender hoy. La conciencia lúcida de la eficacia política de la práctica teórica, el espíritu de trabajo colectivo que la domina, el estímulo a la investigación filosófica y científica, la conciencia de que el pensamiento revolucionario no es si no celebra a sus clásicos y revisita su historia, pero que se muere tan pronto como se limita a eso, puesto que una ruptura sólo existe en el movimiento (teórico y político) que la continúa, configuran el campo discursivo para un formular un concepto, el de la actualidad (eficacia) política de la teoría, que desde otras formaciones ideológico-discursivas puede ser condenado al sinsentido. Reeditar un emprendimiento como Théorie puede ser hoy indispensable para que la brecha que permite formular este enunciado en el frente teórico no se cierre.

 

¿Qué es la colección Théorie?*

* Traducción: Pedro Karczmarczyk

            La colección Théorie fue fundada en 1965 en París por Louis Althusser y algunos camaradas y amigos.

            A partir de entonces se ha hecho conocer, no solamente en Francia, sino en numerosos países.

            Las obras de Théorie son leídas y discutidas, frecuentemente con interés, a menudo con pasión.

            Algunos las aprueban, otros la critican, y otros tantos las atacan, con no poca energía y encarnizamiento. ¿Por qué?

            Théorie tiene una cierta originalidad.

            Es una colección de obras de teoría marxista.

            Además de los clásicos (Feuerbach, Dietzgen), Théorie publica obras de investigación marxista que, evidentemente, corren riesgos, se salen de los caminos trillados, dicen cosas nuevas y forzosamente sacuden ciertas verdades recibidas.

            Pero la meta de Théorie es simple.

            Hay un tesoro político, filosófico y científico, en Marx y en Lenin. Armas científicas y filosóficas para la revolución. Este tesoro es patrimonio del Movimiento Obrero. Lo necesita para vencer. Ahora bien, la burguesía siempre ha conseguido recubrir y oscurecer este tesoro, a través de su lucha de clase y de su ideología. La burguesía ha logrado deformar y diluir el pensamiento revolucionario de Marx y de Lenin.

            Es necesario ayudar a liberar este tesoro científico, filosófico y político del enorme peso que ejerce la dominación y del chantaje de la ideología burguesa.     Primero, para liberar a la clase obrera, luego a todos sus aliados y finalmente, a todos los hombres honestos.

            Aunque la meta es simple, ¡su realización es complicada!

            Se ha dicho muchas veces, en Francia y en el extranjero, que las obras de Théorie habían “renovado” los estudios marxistas, que les habían dado una suerte de impulso y de nueva vida, luego de un período de estancamiento bien conocido.        Esto es, probablemente, cierto en buena parte.

            ¡Pero es necesario tener en cuenta que no es fácil ser marxistas!

            Porque que el marxismo no es una religión, donde bastaría adherir a un pequeño número de dogmas bien presentados y repetir la plegaria cotidiana.

            Para comenzar, el marxismo es la teoría de la vanguardia del Movimiento Obrero internacional, lo que impone responsabilidades con las que no se puede ni jugar ni hacer trampas, como lo hacen tantos intelectuales “parisinos”.

            Puesto que el marxismo es en el fondo una teoría científica, tiene las mismas exigencias que todas las ciencias, tiene incluso aún más exigencias, puesto que es la ciencia de la Historia, es decir, de la lucha de clases. Y esta ciencia es un arma indispensable para la clase obrera, para conducir su lucha hacia la victoria: a la Revolución, al Socialismo y al Comunismo. No es cuestión de jugar, ni de hacer trampas con esta ciencia. Una ciencia tiene que avanzar, si no, se muere. Para hacer avanzar una ciencia son necesarios largos trabajos, minuciosos, obstinados y rigurosos. Y cuando se presenta un resultado, es necesario ofrecer las pruebas racionales. El equipo de Théorie ha podido equivocarse aquí o allí, pero siempre ha intentado respetar estas exigencias científicas. Puesto que no hay otra vía para “desarrollar la ciencia marxista en todas las direcciones” (Lenin).

            Finalmente, el marxismo es una filosofía. Aquí también el asunto es serio, puerto que como escribe Louis Althusser en la Respuesta a John Lewis: “la filosofía es, en última instancia, lucha de clases en la teoría”. Ahora bien, no se juega ni se hace trampas con la lucha de clases.

            Es por esto que la colección Théorie ha estado, y sigue estándolo, luego de ocho años, en el centro de polémicas a menudo enardecidas: de manera interrumpida.

            Se le puede reprochar a Théorie la dificultad de sus primeras obras, su lenguaje abstracto, su “teoricismo”. Pero estos defectos están en vías de desaparecer o son el objeto de una rectificación continua. Léase por ejemplo la Respuesta a John Lewis: es mucho más “legible”, clara y simple, y muy político. ¡se ha progresado! Y se espera hacerlo aún mejor.

            En realidad, el verdadero juicio que sus adversarios le hacen a Théorie es otro. Se trata de su unidad de concepción. Es el de haber seguido, desde el inicio, francamente, abiertamente, con coherencia y responsabilidad (a pesar de los inevitables defectos), una sola y la misma línea política en la teoría: lucha contra todas las formas de la ideología burguesa en el movimiento obrero con el propósito de liberar y desarrollar el pensamiento de Marx y de Lenin.

            Théorie, en consecuencia, ha atacado y desenmascarado el Humanismo teórico y el Economicismo (la pareja Humanismo-Economicismo es la base de la ideología burguesa), el evolucionismo, el historicismo, el idealismo jurídico, el positivismo, literario, etnológico, científico, etc. No por el placer de atacar, sino para darle al pensamiento de Marx y de Lenin, liberado de la ideología burguesa, toda su vitalidad y su fuerza.

            En el fondo, se trata de un combate político en la teoría.

            Es esto lo que explica el interés despertado y la virulencia de la mayor parte de las críticas y de los ataques.

            Pero Théorie ha recibido también críticas interesantes, venidas de comunistas, de otros militantes, de científicos y de filósofos. Los hemos tenido muy en cuenta.

            Cuando una crítica es seria y honesta, cuando la hace un lector que intenta él también  ser marxista, que intenta él también llegar a ser comunista, ella presta grandes servicios.

            ¡Tenemos necesidad de vuestras críticas! ¡La mayor de las necesidades!

            Escriba a:

            Théorie c/o Maspero, 1, Plaza Paul Pailevé, 75005, París.

Obras aparecidas

            1965 – Louis Althusser Pour Marx, 25,00 F.

            1965 Louis Althusser, Jacques Rancière, Pierre Macherey, Etienne Balibar, Roger Establet Lire le Capital (2 vols. agotados) (Reimpresión de los textos de Louis Althusser y Etienne Balibar en la “Petite collection Maspero”, 2 vol. cada uno 7,50 F, aparición de los otros textos en noviembre de 1973)

            1966 – Pierre Macherey Pour une théorie de la production littéraire, 23,60 F.

            1968 – Emmanuel Terray Le marxisme devant las sociétés “primitives” 18.00 F.

            1968 Jean-Pierre Osier Traduction de L’essense du christianisme, de Ludwig Feuerbach, 60,00 F.

            1969 – Louis Althusser Lenine et la philosophie, 7,50 F.

            1969 – Michel Fichant et Michel Pêcheux, Sur l’histoire des sciences, 9,50 F.

            1969 – Alain Badiou Le concept de modèle, 8,70 F.

            1972 – Dominique Lecourt Pour une critique de l’épistemologie, 9,50 F.

            1973 – Jean-Pierre Osier traducción de L’essence du travail intellectuel, de Dietzgen y de los textos de Dietzgen anotados por Lenin, 32,00 F.

            1973 – Dominique Lecourt Une crise et son enjeu, 17,00 F.

            1973 – Louis Althusser, Réponse à John Lewis, 9,50 F.[2]

Apéndice:[3]

            La siguiente es una lista tentativamente exhaustiva de los textos que completan la colección “Théorie”, aparecida entre 1965 y 1981, junto con las traducciones castellanas, cuando tenemos conocimiento de las mismas:

            Bernard Edelman Le droit saisi para la photographie, 1973;

            Pierre Raymond Le passage au matérialisme : Idéalisme et matérialisme, Mathématiques et matérialisme 1973

            Étienne Balibar, E. Cinq Études du Materialisme Historique, 1974 [Hay trad. cast. Cinco ensayos de Materialismo histórico, Barcelona, Laia, trad. de G. Albiac]

            Louis Althusser, Philosophie et philosophie spontanée des savants (1967), 1974 [hay trad cast. Curso de filosofía para científicos, Barcelona, Planeta Agostini, 1985, trad. de Albert Roies]

            G. W. F. Hegel, La societé civil bourgoise, presentación y traducción de J.-P. Lefebvre, 1975;

            Michel Pêcheux Les vérités de La Palice. Linguistique, sémantique, philosophie, 1975

            Étienne Balibar Sur la dictature du prolétariat , 1976 [Sobre la dictadura del proletariado, Barcelona, siglo XXI, 1977, trad de M J. Cordero]

            Dominque Lecourt Lyssenko: histoire réelle d’une “science prolétarienne” 1976 [Lysenko. Historia real de una ciencia proletaria, Barcelona, Laia, 1978, trad. cast. de José Cano Tembleque ]

            Jean-Pierre Osier Thomas Hodgskin: une critique prolétarienne de l’économie politique 1976

            A. Bogdanov La science, l’art et la clase ouvrière, presentations de D. Lecourt y H Deluy, 1977

            Louis Althusser XXIIe Congrès, 1977.

            Gerard Duménil Le concept du loi économique dans Le capital, 1977

            Louis Althusser Ce qui ne peut plus durer dans le Parti communiste, 1978 [Lo que no puede durar en el partido comunista, Madrid, siglo XXI, 1978, trad. de Pedro Villanova Trías]

            Étienne Balibar, Cesare Luporini, André Tosel Marx et sa critique de la politique 1979 [Marx y su crítica de la política, Nuestro tiempo, 1980, trad. de Barahona, Oscar y Doyhamboure, Uxoa]

            Pierre Macherey Hegel ou Spinoza, 1979 [Hegel o Spínoza, Buenos Aires, Tinta Limón, 2014, trad. de M. del Carmen Rodríguez]

            F. Gadet y M. Pêcheux La langue introuvable, 1981 [La lengua de nunca acabar, México, FCE, 1984, trad. de Beatriz Job].


[1] Sólo después nos enteramos de que Gabriel Albiac publicó una traducción de este mismo texto en su Cuestiones del leninismo, (Bilbao, Zero, 1976) bajo el título “A modo de epílogo” y con la siguiente aclaración: “El texto que recogemos a continuación fue redactado por Louis Althusser, en 1973, en la feria del libro de París, de la Collection Théorie, en torno a la cual se han agrupado, junto a los del propio Althusser, los trabajos del joven equipo de filósofos que, a su lado, ha venido trabajando durante los últimos diez años. A falta de un epílogo propiamente dicho, que hoy (27 de septiembre de 1975), por diversas razones, difícilmente podríamos redactar, queremos cerrar con esta declaración programática de Althusser y sus compañeros nuestro trabajo. Dejo, pues, aquí a ellos la palabra”. op. cit., p. 113. No era menor, en consecuencia, la importancia que le otorgaba Albiac a este breve escrito.

 

[2] La mayoría de los textos listados de la colección Théorie han recibido traducciones al español: Louis Althusser La revolución teórica de Marx, Louis Althusser y Etienne Balibar Para leer El capital, Pierre Macherey Para una teoría de la producción literaria, Caracas, Univ. Central de Venezuela, 1974, trad. de Gustavo Luis Carrera; Emmanuel Terray El marxismo ante las sociedades ‘primitivas’, Buenos Aires, Losada, 1971, trad. de Ricardo Pochtar; Louis Althusser, Lenin y la filosofía, Buenos Aires, ed. CEPE, 1972; Michel Fichant y Michel Pêcheux Sobre la historia de las ciencias, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971, trad. de Delia Karsz Esquivel; Alain Badiou El concepto de modelo, Buenos Aires, siglo XXI, 1972; Dominique Lecourt Para una crítica de la epistemología, Buenos Aires, Siglo XXI, 1973, trad. de Marta Rojtzman; Dominique Lecourt Ensayo sobre la posición de Lenin en filosofía, Buenos Aires, Siglo XXI, 1974, trad. de Santiago Funes; L. Althusser Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis. Buenos Aires, Siglo XXI, 1974, trad. por Santiago Funes.

[3] Añadido por el traductor.

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