Luiz Eduardo Motta*: “El (re)comienzo del marxismo althusseriano”**


Traducción: Paola Madrid Guzmán.

Cuando el pensamiento filosófico y político de Louis Althusser surgió a comienzos de la década de 1960, generó innumerables adhesiones y apasionadas críticas debido a su lectura innovadora de la obra de Karl Marx. Aun así, a partir de la década de 1980 su teoría era dada por “muerta” y “anticuada”, tanto dentro como fuera del marxismo, lo que resultó en el “entierro” de su teoría, desapareciendo prácticamente del escenario intelectual. Ejemplo de esto es el pasaje del libro de los filósofos conservadores franceses Luc Ferry y Alain Renault La pensée ‘68, en el cual afirman que “el althusserianismo, por medio de los discípulos de Althusser, aparece como algo muy ligado a una época, del mismo modo que sucede con la música de los Beatles o  las primeras películas de Godard, a un pasado próximo pero ‘anticuado’”[1]. Sin embargo, a mediados de la década de 1990, sobre todo después de la publicación de su autobiografía El porvenir es largo y de varios textos inéditos, se retomó el interés por la obra de Althusser, siendo reintroducido en el debate filosófico y político actual. Y como observa Emilio de Ípola, este proceso continúa, hasta el momento, abierto[2].  Continuando con las observaciones de de Ípola, a diferencia de las décadas de 1960 y 1970, en que la teoría de Althusser era vista también como una clave de comprensión para el momento revolucionario por el cual diversas formaciones sociales estaban atravesando, hoy su obra ha despertado un interés más filosófico que político, más teórico que militante.[3]

En este artículo pretendo retomar la importante contribución política que la teoría de Althusser aún nos proporciona. Quiero decir que este recomienzo en el interés por su teoría, particularmente en su contribución al materialismo aleatorio y del encuentro, que ha despertado un nuevo interés en su obra por parte de las nuevas generaciones, no  puede despreciar la importante contribución al campo de la filosofía política, aspecto presente en su obra inicial. Por lo tanto, este provocativo título, directamente inspirado en un artículo de Alan Badiou “El (re)comienzo del materialismo dialéctico”, tiene por  objetivo retomar su contribución al análisis de coyuntura a partir de su artículo  “Contradicción y sobredeterminación”, publicado en La revolución teórica de Marx. Éste, por su parte, luego  se desarrolló en otros trabajos, como en el artículo “Sobre la dialéctica materialista” y el libro Para leer El Capital. De este modo, pretendo mostrar la importancia significativa que aún tienen sus conceptos de contradicción y sobredeterminación, principalmente en la crítica de Althusser a las concepciones monistas y reduccionistas de carácter economicista aún presentes en algunas corrientes del marxismo.

Para eso, este artículo fue dividido en dos partes; en la primera, a diferencia de otros trabajos como el de de Ípola y también el de Pascalle Gillot[4], en los cuales se enfatiza la influencia del psicoanálisis en el estudio de Althusser, me enfoco más bien en la contribución del llamado “marxismo oriental” de Mao Tsé-Tung. En particular, en la constitución del concepto de contradicción sobredeterminante, que delimita una aplicabilidad de este concepto a las situaciones revolucionarias de las formaciones sociales del capitalismo periférico o subdesarrollado, característico de las ex-colonias. En la segunda parte, me enfocaré en los textos en los cuales Althusser desarrolló el concepto de contradicción sobredeterminante; en el papel clave de este concepto en la formación de la teoría althusseriana de un todo-complejo-estructurado dominante, y en la autonomía relativa de las instancias en las formaciones sociales.

La influencia del pensamiento de Mao-Tsé-Tung en el marxismo althusseriano

A pesar de que muchas de las críticas dirigidas a Althusser calificaron a su obra de “teoricista”, es innegable su contribución al análisis sobre las crisis coyunturales a partir del concepto de contradicción sobredeterminante. La importancia de la unión del concepto de contradicción con el de sobredeterminación radica en explicar que un proceso revolucionario posee una pluralidad de contradicciones y de determinaciones que, al desplazarse y fundirse, fomentan una ruptura revolucionaria en determinada formación social. En otras palabras, las revoluciones no se derivarían de una contradicción reductible a las relaciones de producción y a las fuerzas productivas, o a la burguesía y al proletariado, como defienden las concepciones monistas/reduccionistas, en especial la perspectiva economicista. De ahí  su énfasis –extraído de Lenin– en “el eslabón más débil de la cadena imperialista”, como fue el caso de Rusia de 1917, y como también podrían ser incluidas las revoluciones de China, de Cuba, de Argelia, de Angola, de Mozambique, Guinea-Bisáu, y de Nicaragua.

El punto de partida teórico-político de Althusser se encuentra en un texto de los principales dirigentes comunistas del siglo XX: Sobre la contradicción, escrito por Mao Tsé-Tung en 1937. De hecho, existe un fuerte aspecto simbólico en esa elección de Althusser, dado que el Partido Comunista Francés (PCF), al cual estaba afiliado, era uno de los partidos más ortodoxo y vinculado a la URSS,  en un contexto marcado por la ruptura sino-soviética a principios de la década de 1960, la cual generó la formación de diversas organizaciones comunistas revolucionarias identificadas con la perspectiva maoísta.[5]

El texto de Mao Sobre la contradicción desentona con respecto a las concepciones reduccionistas/economicistas y constituye una importante contribución para pensar el momento político que los países del Tercer Mundo vivieron a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. Mao, en efecto, elabora una “dialéctica de la revuelta” fundamental para pensar las relaciones internas de las formaciones sociales y sus diversas contradicciones. Para Alan Badiou, que junto a Charles Bettelheim era una de las principales expresiones intelectuales maoístas en Europa en la década de 1970,

La verdad marxista es la que hace de la revuelta su razón para abatir al enemigo. Ella rechaza toda igualdad antes de la verdad […] Las revueltas tienen conocimiento, después que su movimiento esencial ha sido dado, de su poder y de su deber: aniquilar a los reaccionarios.[6]

Para la comprensión de la dialéctica materialista, Mao enuncia los siguientes aspectos a ser abordados: las dos perspectivas de mundo (la metafísica y la materialista), la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, la identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción, y el papel del antagonismo en la contradicción.[7]

Uno de los aspectos más significativos de ese texto teórico de Mao es el énfasis en el papel central y decisivo de las contradicciones internas en las formaciones sociales y en la relación de éstas con las contradicciones externas, aunque las internas sean las decisivas para la eclosión y sustentación de un proceso revolucionario en una formación social. Como observa Mao, “la dialéctica materialista considera que las causas externas constituyen la condición de las modificaciones, que las causas internas son la base de estas modificaciones y que las causas externas operan a través de las causas internas”[8]. Las contradicciones tienen tanto aspectos particulares como universales, y su universalidad tiene un sentido doble: uno es que la  contradicción existe en el proceso de desarrollo de todas las cosas, y el otro es que en el proceso de desarrollo de cada cosa existe un movimiento de contrarios de principio a fin. Además, todas las contradicciones son interdependientes. Esta interdependencia se origina en el hecho de que la contradicción fundamental influye y determina a las contradicciones principales y secundarias, agudizándolas, o resolviéndolas, o atenuándolas parcialmente/temporalmente, a medida que otras van naciendo. Por eso, de acuerdo con Mao, hay distintas etapas del proceso revolucionario, dado que se formaría una nueva gran contradicción en relación a las secundarias[9]. Hay, por lo tanto, una interdependencia de todas las contradicciones, formando una realidad dotada de una coherencia dialéctica propia. Como observa Badiou en su texto Teoría de la contradicción, “son sistemas de contradicciones cuya determinación cualitativa es definida por su subordinación a una contradicción principal”.[10]

Sin embargo, Mao considera que no puede haber una aplicación mecánica de la contradicción principal que existe en los países del capitalismo avanzado a las formaciones sociales del Tercer Mundo. Si así sucede, entonces la contradicción que existe entre el imperialismo y el país afectado (dependiente y/o colonial) se torna la contradicción principal, mientras que todas las contradicciones existentes entre las varias clases sociales dentro del país  quedan temporalmente relegadas a una posición secundaria y subordinada. Así, si en cualquier proceso existen varias contradicciones, una de ellas debe ser la contradicción principal, desempeñando un papel decisivo de liderazgo, mientras que el resto ocupa una posición secundaria o subordinada. Además de eso,  cualquier contradicción o desarrollo de los aspectos contradictorio es desigual. Algunas veces parecen estar en equilibrio, lo que es, sin embargo, solamente temporal y relativo, ya que la desigualdad es básica. Pero la situación del aspecto principal de la contradicción no es estática para Mao. El aspecto principal y el no principal de una contradicción se transforman uno en el otro y la naturaleza de la cosa cambia de acuerdo con eso.[11]

Según Mao, siempre existe una identidad entre los aspectos contradictorios, ya que un aspecto de la contradicción no puede existir aisladamente. Sin su aspecto opuesto, pierde la condición de su propia existencia. Cada contrario es la condición para la existencia del otro. Pero eso es insuficiente para la definición de la identidad entre los contrarios, ya que lo más relevante es la transformación de uno en otro. Es el caso de una clase dominada  que se vuelve dominante y viceversa:

Todos los contrarios están relacionados entre sí: ellos no coexisten solamente en una unidad dentro de condiciones determinadas, sino que también se convierten uno en otro en condiciones determinadas, es el sentido pleno de la identidad de los contrarios.[12]

Sobre la relación de antagonismo en la lucha de los contrarios, ésta es una forma pero no la única. Para Mao, el antagonismo entre las clases existe como manifestación particular de la lucha de los contrarios. Las clases contradictorias coexisten por largo tiempo en las sociedades y ellas luchan unas con otras; pero solamente cuando la contradicción entre las dos clases se desarrolla hasta cierta fase, es que ella asume la forma de antagonismo abierto y se transforma en una revolución. Por ejemplo, las diferentes posiciones estratégicas existentes en un partido comunista expresan las contradicciones de clase pudiendo, o no, asumir formas antagónicas. Esto quiere decir que el antagonismo no es más que una de las formas,  y no la única forma, de lucha de los contrarios, no debiéndose emplear este término en todas partes.[13]

En la concepción de Mao, la negación de la negación de base hegeliana sería una especie de decreto revocatorio de cualquier transformación social, una continua reposición del pasado en el presente y, por lo tanto, un interdicto perenne para la superación efectiva de un modo de producción. En otras palabras, en el llamado “momento de la superación” no existe el significado de ruptura y descontinuación en relación a algunos elementos existentes en las sociedades pre-revolucionarias, ya que éstos se mantendrían en forma de superación en las fases de transición y post-transición. En esta concepción de ruptura histórica, Badiou afirma que el advenimiento de un nuevo proceso (de una nueva unidad de contrarios) sucede por la desaparición de uno de los dos términos de la contradicción precedente, es decir, dada la destrucción de uno de los dos términos por el otro, lo que conlleva necesariamente la división del término victorioso. Es esta división la que va a definir y regir el nuevo proceso. La síntesis es el proceso de destrucción/división[14]. Así, para el maoísmo, la dialéctica materialista es una dialéctica de la destrucción, donde se permite pensar el proceso de transición de un modo de producción a otro como un proceso de transformación de las relaciones de producción y de las fuerzas productivas hasta entonces dominantes, por otras, de naturaleza completamente distinta.[15]

El texto Sobre la contradicción de Mao Tsé-Tung, en efecto, expresa una lectura sobre la diversa realidad de las formaciones sociales coloniales y semicoloniales del siglo XX, que buscaban nuevas tácticas y diferentes formas estratégicas para su modelo revolucionario con respecto a las formaciones sociales del capitalismo avanzado. Alain Badiou destaca en su estudio que la teoría de las contradicciones está totalmente implicada en la sabiduría histórica de las revueltas. De ahí que la dialéctica siempre existió, al igual que las revueltas. La dialéctica filosófica concentra una concepción del mundo de los explotados que están en contra del mundo existente y quieren su cambio radical.[16]

La contradicción sobredeterminante

La introducción de los conceptos de contradicción y sobredeterminación constituyen  gran contribución más importante de Althusser al materialismo histórico (ciencia de la historia como él mismo define), específicamente para el análisis de las crisis de coyuntura en las formaciones sociales. Para Pascalle Gillot, el concepto de sobredeterminación y el de causalidad estructural (ambos extraídos del psicoanálisis) cumplen una función importante en el proyecto una de relectura del marxismo y del materialismo histórico que pretende recuperar su cientificidad y originalidad teórica. Esta relectura es emprendida particularmente en La revolución teórica de Marx y Para leer El Capital[17]. Stuart Hall diverge de Gillot en un aspecto, puesto que para él:

Al pensar sobre los distintos niveles y tipos de determinación, La revolución teórica de Marx nos proporciona aquello que falta en Para leer El Capital: la capacidad de teorizar sobre eventos históricos concretos, o textos específicos, o formaciones ideológicas específicas (el humanismo) como algo determinado por más de una estructura (o sea, pensar el proceso de sobredeterminación). Creo que ‘contradicción’ y ‘sobredeterminación’  son conceptos teóricos muy ricos –uno de los préstamos más felices de Althusser a Freud y Marx.[18]

Como afirmé anteriormente, además del psicoanálisis, la influencia de Mao Tsé-Tung fue fundamental para la construcción del concepto de contradicción sobredeterminante y sobredeterminada en los siguientes aspectos: a) en la multiplicidad de las contradicciones desiguales; b) en la relación de la contradicción principal y secundarias; c) en la identidad de los contrarios que hace referencia al intercambio de papeles de las contradicciones (desplazamiento); y d) en la identidad de los contrarios en una unidad real.[19]

Los conceptos de contradicción y sobredeterminación son analizados y desarrollados en los textos “Contradicción y sobredeterminación” y “Sobre la dialéctica materialista”, publicados en La revolución teórica de Marx, y en el libro Para leer El Capital (en el capítulo “El objeto de El Capital”), aunque en este último el foco de Althusser está más centrado en la problemática de la causalidad estructural.

La introducción de estos conceptos sirvió para la comprensión de la Revolución Rusa (e indirectamente para la comprensión de las revoluciones en las formaciones sociales del llamado Tercer Mundo) y rompió con el sesgo reduccionista económico o  también llamada concepción monista. Puesto que esta última opera exclusivamente con la contradicción entre las relaciones de producción y fuerzas productivas como la única determinante de las demás instancias del modo de producción. Al asumir la teoría de Mao sobre el concepto  de contradicción, Althusser rompe críticamente con la concepción monista/reduccionista y define la existencia de una multiplicidad de contradicciones, cuya fusión en una coyuntura determinada de una formación social  posibilita la explosión revolucionaria.

De acuerdo con Althusser:

Cuando en esta situación entra en juego, en el mismo juego, una prodigiosa acumulación de ‘contradicciones’, de las que algunas son radicalmente heterogéneas, que no todas tienen el mismo origen, ni el mismo sentido, ni el mismo nivel y lugar de aplicación, y que, sin embargo, “se funden” en una unidad de ruptura, ya no se puede hablar más de la única virtud simple de la ‘contradicción’ general. Sin duda, la contradicción fundamental que domina todo este tiempo (en el que la revolución está ‘a la orden del día’), está activa en todas esas ‘contradicciones’ y hasta en su ‘fusión’. Pero no se puede, sin embargo, pretender con todo rigor que esas ‘contradicciones’ y su ‘fusión’ sean su puro fenómeno.[20]

Esto significa para Althusser que debemos pensar los procesos revolucionarios a partir de una complejidad que se caracteriza por una estructura de contradicciones múltiples y desiguales, ya que ningún proceso complejo nos es dado como el desarrollo de un proceso simple, sino como un resultado de un proceso complejo. Para Althusser:

No existe una esencia originaria, sino algo siempre-ya-dado […] No existe la unidad simple sino una unidad compleja estructurada. No existe más, por lo tanto (bajo ninguna forma), la unidad simple originaria, sino lo siempre-ya-dado de una unidad compleja estructurada.[21]

Althusser define que cada formación social posee un conjunto de estructuras en las cuales existen diferentes niveles (o instancias), con pesos y temporalidades desiguales. Las formaciones sociales expresan este todo-complejo, cuya unidad se da por una estructura dominante que tiene como principio una determinación en última instancia de la estructura económica. De este modo, hay una multiplicidad de determinaciones (aunque lo económico sea lo determinante en última instancia) junto a la estructura dominante, ya que expresa internamente en sus niveles la contradicción dominante, habiendo alteraciones de dominación cuando hay desplazamiento de esa contradicción dominante hacia otra estructura. Por lo tanto, las contradicciones actúan de forma sobredeterminante o sobredeterminada.

Retomando la influencia de Mao en la teoría de Althusser, las diferencias entre las contradicciones y las relaciones de éstas con la estructura dominante configuran la existencia de la estructura del todo. Esto no quiere decir que las contradicciones secundarias son el puro fenómeno de la contradicción principal y que la contradicción principal es la esencia de las cuales las secundarias serían los fenómenos. Al contrario, significa que las contradicciones secundarias son tan esenciales para la existencia de la contradicción principal y realmente constituyen la condición de existencia de esta última, del mismo modo que la contradicción principal constituye la condición de existencia de ellas. El ejemplo citado por Althusser es que las relaciones de producción no son el puro fenómeno de las fuerzas productivas, sino también la condición de existencia de esas fuerzas. La superestructura no es el puro fenómeno (o reflejo) de la estructura, sino también la condición de existencia de ésta. Esta relación de condicionamiento en la existencia de unas contradicciones por otras, no niega la estructura con dominante que reina sobre las contradicciones (en especial la determinación en última instancia por lo económico). Para Althusser, esta reflexión de las condiciones de existencia de la contradicción en el interior de la misma, esta reflexión de la estructura articulada con dominante que constituye la unidad de un todo complejo en el interior de cada contradicción, es la huella más profunda de la dialéctica marxista, expresa por el concepto de “sobredeterminación”.

Según Althusser:

Si insisto tanto sobre esta ‘reflexión’, que he propuesto llamar ‘sobredeterminación’, es porque es absolutamente necesario aislarla, identificarla y darle un nombre, para dar cuenta teóricamente de su realidad, la que nos es impuesta tanto por la práctica teórica como por la práctica política marxista […] la sobredeterminación designa la calidad esencial siguiente en la contradicción: la reflexión, en la contradicción misma, de sus condiciones de existencia, es decir, de su situación en la estructura dominante del todo complejo […] es necesario admitir que la contradicción deja de ser unívoca (las categorías dejan de tener una vez por todas un papel y un sentido fijos), ya que refleja en sí, en su misma esencia, su relación con la estructura desigual del todo complejo. Pero es necesario agregar que, al dejar de ser unívoca, no pasa a ser, por ello, ‘equívoca’, producto de la primera pluralidad empírica convertida, a merced de las circunstancias y de los ‘azares’, en su mero reflejo, como el alma de tal poeta sólo es esa nube que pasa. Por el contrario, dejando de ser unívoca, por lo tanto determinada de una vez para siempre, en su papel y su esencia, se revela determinada por la complejidad estructurada que le asigna su papel, como […] sobredeterminada.[22]

En el capítulo “El objeto de El Capital” que se encuentra en el libro Para leer El Capital, Althusser en vez de usar el concepto de sobredeterminación utiliza el concepto de “causalidad estructural”, y excluye el concepto de contradicción. Así como el de sobredeterminación, este concepto es también originario del psicoanálisis y de la lingüística[23], y afirma que la estructura dominante –la económica– determina a las demás estructuras (jurídico-política e ideológica) sin que su presencia sea perceptible, es decir, sin que el grado de su eficacia sea visible. Lo mismo sucede en relación a las demás estructuras en lo que concierne a su eficacia, como podemos observar en este pasaje:

Lo que está escondido en la sociedad capitalista está visible claramente en la sociedad feudal o en la comunidad primitiva, es en estas últimas sociedades donde vemos claro que lo económico no es directamente visible con claridad, de la misma manera que, en esas mismas sociedades, vemos también con claridad que el grado de eficacia de los diferentes niveles de la estructura social no es visible con claridad (cursivas del texto original).[24]

Para fundamentar el concepto de causalidad estructural y afirmar que una estructura dominante determina a las demás (por ejemplo, en una estructura de una región específica como la económica, en la determinación y el dominio que una estructura de producción tiene sobre las demás estructuras de producción, como también puede pensarse de la determinación y dominio de la ideología jurídica de la región ideológica en relación a otras ideologías, de carácter religioso, estético, deportivo, etc.), Althusser cita un pasaje de Marx en la Introducción de 1857 (texto central para Althusser en la definición del papel de las determinaciones) en el cual afirma:

En todas las formas de sociedad hay una producción determinada que asigna a todas las demás su rango e influencia, y cuyas relaciones, por lo tanto, asignan también su rango e influencia a todas las demás. Es una iluminación general en la que se sumergen todos los demás colores y que los modifica en sus particularidades. Es un éter singular que determina el peso específico de todas las formas de existencia que allí adquieren relieve.[25]

De acuerdo con Althusser, esta metáfora del éter y de la luz consigue señalar simultáneamente la presencia y ausencia, es decir, la existencia de la estructura en sus efectos. Esto no significa que la estructura es una esencia externa a sus efectos. Al contrario, implica que la estructura es inmanente a sus efectos, causa inmanente de sus efectos y que toda la existencia de la estructura consiste en sus efectos[26]. De este modo, una estructura ideológica o jurídico-política resulta de sus propios efectos y no de causas externas a ella, aunque estuviesen articuladas y determinadas por la instancia económica.

Al tratar sobre el papel de las estructuras en el “todo-complejo”, Althusser destaca que la reproducción –y la transformación– de estas estructuras se producen por el conjunto de prácticas. Si las estructuras son estructurantes de las prácticas, ellas también son estructuradas por éstas. Las prácticas, por lo tanto, son estructuradas (en la reproducción) y estructurantes (en la transformación). Althusser define como práctica en general a todo proceso de transformación de una determinada materia prima en un producto determinado, siendo una  transformación efectuada por un determinado trabajo humano, utilizando medios (“de producción”) determinados. Para Althusser, el momento determinante del proceso no es tanto la materia prima, ni el producto, sino la práctica en sentido estricto: el momento del propio trabajo de transformación, que pone en acción en una estructura específica, a hombres, medios y un método técnico de utilización de los medios. De acuerdo con Althusser, esta definición general de práctica incluye en sí la posibilidad de la particularidad: existen prácticas diferentes, aunque orgánicamente pertenezcan al mismo todo-complejo.

La “práctica social”, unidad compleja de las prácticas existentes en una sociedad determinada, las articula como una unidad diferenciada en la cual una práctica predomina sobre las otras de acuerdo a la coyuntura, o a la instancia donde actúan, ya que las instancias no son “puras” y están compuestas por el conjunto de las prácticas, sin olvidar la predominancia de la práctica que les corresponde. La práctica social, por lo tanto, comporta  la práctica económica, la práctica política, la práctica ideológica y la práctica teórica[27]. La práctica social no es una “praxis”, ya que es distinta a la afirmación reduccionista de Gramsci de que para haber una unidad en la formación de una acción crítica, debe haber una identificación entre la teoría  y la práctica[28]. Para Althusser, la práctica teórica se distingue de la práctica política, pero se articula con ésta para el conocimiento de las contradicciones políticas y, por su parte, la práctica política (revolucionaria) alcanza en la teoría el conocimiento de las contradicciones para la constitución de las estrategias políticas de ruptura. La teoría puede estar contenida en  un “estado práctico” en la práctica política, pero no es igual a la práctica teórica. Para Althusser, durante la Revolución de 1917 y en las reflexiones de Lenin, la dialéctica marxista (producción de conocimientos) se encontraba en la práctica de la lucha de clases. La práctica política produce transformaciones (revoluciones) en las relaciones sociales, pero no se confunde con la práctica teórica, ya que existe una separación –y distinción– del concreto real en relación al concreto de pensamiento.[29]

La determinación de las prácticas sociales (o de clase) por parte de la estructura, y la intervención de las prácticas en la estructura, son la base que constituye los límites de las variaciones de la lucha de clases en la estructura: estos límites son los efectos de las estructuras. Poulantzas trata esta cuestión al analizar los límites de la práctica política por parte de las demás estructuras:

La práctica política, práctica sobredeterminante que concentra en sí las contradicciones de los otros niveles de la lucha de clases, está a su vez inscrita en límites, que son efectos del campo global de la lucha de clases y de los diversos niveles de esa lucha sobre la práctica política. Sin embargo, esos límites son límites en segundo grado, en la medida en que el campo de las prácticas está circunscrito a su vez por los efectos de las estructuras como límites. En este sentido, la práctica política es ejercida en los límites marcados por las otras prácticas y por el campo global de prácticas de clase -lucha económica, política, ideológica- por una parte, en tanto que ese campo está circunscrito a su vez por los efectos de la estructura como límites […] la coyuntura[30] aparece como los efectos de las estructuras sobre el campo de las prácticas concentradas, en su unidad, en el nivel de la lucha política de clases. Esos límites regulan, en cuanto tales, un juego de variaciones posibles de las fuerzas sociales, en suma la intervención de la práctica política, que es aquí la intervención concentrada del campo de las prácticas sobre las estructuras. La eficacia de la estructura sobre el campo de las prácticas está, pues, limitada a su vez por la intervención en la estructura de la práctica política. [31]

Las prácticas, por lo tanto, tienen límites en sus acciones mediante las limitaciones de los conjuntos de las estructuras. Esta demarcación de los límites de las prácticas indica que no hay una práctica absoluta sobre las demás, de manera que, en la relación entre las estructuras y sus instancias, las estructuras determinadas y dominadas no son un mero reflejo mecánico de la estructura determinante y/o dominante. Este “todo-complejo-estructurado” implica que cada estructura determina a las otras, ya que si lo económico determina lo ideológico, éste, a su vez, determina lo económico. Lo mismo puede ser visto en la estructura jurídico-política en relación a las demás. Esto no quiere decir que haya una reciprocidad mecánica entre las estructuras, puesto que lo económico siempre actúa como determinante “en última instancia”, pero sí que ninguna estructura es impermeable a las prácticas y a las contradicciones de otras estructuras.

De este modo, por ser un “todo-complejo-estructurado” con autonomía relativa entre las estructuras y las instancias, las temporalidades de esas estructuras son diferenciadas. Cada una posee un tiempo propio, lo que lleva a cada nivel a tener un desarrollo distinto uno del otro; o sea, cada uno posee una historia propia. Sin embargo, cada uno de esos tiempos y cada una de esas historias, aunque son autónomos, no significa que constituyen otros tantos dominios independientes del todo: la especificidad de cada uno de esos tiempos, de cada una de esas historias, en otras palabras, su autonomía e independencia relativas, se fundan en cierto tipo de articulación en el todo y, por lo tanto, en cierto tipo de dependencia en relación al todo.

Para Althusser:

La historia de la filosofía, por ejemplo, no es una historia independiente por derecho divino: el derecho a existir de esta historia como historia específica está determinado por las relaciones de articulación, de eficacia relativa existente en el interior del todo. Así, la especificidad de estos tiempos y de estas historias es diferencial, puesto que está fundada sobre las relaciones diferenciales existentes en el todo entre los diferentes niveles: el modo y el grado de independencia de cada tiempo y de cada historia están, por lo tanto, determinados necesariamente por el modo y el grado de dependencia de cada nivel en el conjunto de las articulaciones del todo […] Este es el principio que fundamenta la posibilidad y la necesidad de historias diferentes correspondientes respectivamente a cada uno de los ‘niveles’. Este principio es el que nos autoriza a hablar de una historia económica, de una historia política, de una historia de las religiones de una historia de las ideologías, de una historia de la filosofía, de una historia del arte, de una historia de las ciencias, sin jamás eximirnos sino, por el contrario, imponiéndonos el pensar la independencia relativa de cada una de estas historias en la dependencia específica que articula, los unos con los otros, los diferentes niveles en el todo social.[32]

Es importante destacar el anti-economicismo de Althusser cuando afirma la existencia de una acumulación de determinaciones eficaces sobre la determinación en última instancia de lo  económico. La sobredeterminación se vuelve inevitable y pensable desde que se reconoce la existencia real, en gran parte específica y autónoma, irreductible a un puro fenómeno, de las formas de la superestructura y de la coyuntura nacional e internacional. Lo que quiere decir que la dialéctica económica jamás actúa en estado puro. Siempre hay una desigualdad entre las instancias en las formaciones sociales, y esta desigualdad no es definida exteriormente entre las estructuras, sino bajo una forma orgánicamente interior en cada instancia de la totalidad social, en cada contradicción.

La presencia del pensamiento de Mao en la construcción de los conceptos de contradicción sobredeterminante aparece también en las definiciones de “no antagonismo”, “antagonismo” y “explosión” en la contradicción. Cuando Althusser afirma que la contradicción es el motor que genera enfrentamientos reales situadas en lugares precisos de la estructura del todo complejo, quiere decir que el lugar de la confrontación puede variar según la relación actual de las contradicciones en la estructura con dominante; es decir que la condensación de la lucha de un lugar estratégico es inseparable del desplazamiento de la dominante entre las contradicciones. Estos fenómenos orgánicos de desplazamiento y condensación son la propia existencia de la “identidad de los contrarios”, puesto que posibilitan la ruptura que determina el momento revolucionario de la refundición del todo. De este modo, podemos:

Dar cuenta de la distinción capital para la práctica política entre los distintos momentos de un proceso: ‘no antagónico’, ‘antagónico’ y ‘explosivo’. Caracterizaría el primero como el momento en que la sobredeterminación de la contradicción existe en la forma dominante del desplazamiento; el segundo, como el momento en que la sobredeterminación existe en la forma dominante de la condensación; y el último, la explosión revolucionaria como el momento de la condensación global inestable que provoca la desmembración y la remembración, es decir, una reestructuración global del todo sobre una base cualitativamente nueva.[33]

Para finalizar, Décio Saes tiene razón cuando afirma que el marxismo althusseriano peca de algunas imprecisiones en la definición de algunos conceptos, como es el caso de contradicción sobredeterminante y de causalidad estructural, ya que ambos tratan la misma problemática y tienen el mismo sentido “práctico”, puesto que analizan los efectos en las estructuras a partir de una estructura determinante y/o dominante[34]. Mientras el segundo oscurece el papel de las contradicciones, el primero las destaca y las sitúa en un punto central para el análisis de los aspectos determinantes y dominantes de las estructuras y de las instancias correspondientes a esas estructuras. [35] Y siendo la lucha de clases el “motor de la  historia” articulada con los demás conflictos no clasistas, el concepto de contradicción, en efecto, es central para la teorización y definición de la relación entre las diversas estructuras, y para delimitar cuál es la estructura dominante, puesto que ésta es definida como tal por contener en sí la contradicción principal de una formación social, y a partir de ella se entiende la reproducción de las relaciones de poder de las clases y grupos dominantes y el establecimiento de las estrategias revolucionarias para la transformación de la formación social. [36]

Consideraciones finales

En la década de 1970, en la llamada fase de “autocrítica”, Althusser se mantuvo fiel en muchos aspectos respecto de sus posiciones teóricas y políticas demarcadas en sus trabajos iniciales. Su relación con el maoísmo no se rompió; por el contrario, la recuperación del concepto de contradicción principal y secundaria de Mao Tsé-Tung está presente en su texto Elementos de autocrítica, como también se puede percibir la influencia política del maoísmo en sus últimos textos de la década de 1970 –“Por fin la crisis del marxismo”, “El marxismo como teoría ‘finita’” y “El marxismo hoy”– , en lo relativo a la crítica de la relación entre el partido revolucionario y el Estado. La problemática de la determinación en última instancia también está presente en el texto “Defensa de tesis de Amiens”, al defender el concepto del “todo-complejo-estructurado dominante” en relación al de “totalidad”, y de la metáfora del edificio en relación al de “círculo” o “esfera” hegeliana, visto que “el todo marxista es complejo y desigual, y fijado de desigualdad por la determinación en última instancia”[37]. Y si “todo desarrollo es desigual es porque es la contradicción lo que mueve el desarrollo y la contradicción es desigual”.[38]

Sin embargo, la posición de Althusser en relación a la determinación en última instancia de lo económico cambió con el correr del tiempo. En su última entrevista, dada a Fernanda Navarro, refuta el concepto de determinación en última instancia por lo económico, ya que la primacía de la materialidad posibilitaba que en una coyuntura específica “todo podía ser determinante en última instancia”, es decir, todo podría dominar. Lo que importa es la materialidad que determina a las estructuras. Como afirma Althusser en un pasaje de esa entrevista:

Es por ello que me he interesado tanto en mostrar toda la materialidad, de hecho, de toda superestructura y de toda ideología… como lo hice en los aparatos ideológicos del Estado (AIE). Es ahí donde hay que encontrar el concepto de ‘última instancia’, el desplazamiento de la materialidad, siempre determinante ‘en última instancia’ en cada coyuntura concreta […] Toda coyuntura es un caso singular como todas las individualidades históricas, como todo lo que existe.[39]

Althusser, en efecto, da un giro en sus últimos escritos sobre la determinación en última instancia de lo económico, al abarcar una posición próxima al relativismo post-estructuralista, aunque no ha rechazado muchas de sus posiciones precedentes, por ejemplo su  crítica a las concepciones humanistas y teleológicas de la historia que aún se están presentes en determinadas corrientes del marxismo. Además, con la reciente crisis económica del modelo neoliberal que afectó a diversas formaciones sociales (Argentina, Estados Unidos y Europa) y que acabó por resultar en una reacción política e ideológica de parte de otras formaciones sociales, particularmente en América Latina y en la constitución de innumerables movimientos sociales anti-neoliberales, los análisis de Althusser de su fase inicial  son aún necesarios para la comprensión de las determinaciones recíprocas entre las instancias. Esto quiere decir que las recientes contradicciones antagónicas en las instancias económicas fueron determinantes para la crisis hegemónica del capitalismo neoliberal, y para el surgimiento de modelos alternativos (sobre todo en América Latina) al neoliberalismo.

De cualquier modo, el marxismo althusseriano, para ser entendido, tiene que ser estudiado en su totalidad para que podamos percibir esas variaciones y complementaciones que ocurrieron a lo largo de su trayectoria política e intelectual. La receptividad que su teoría ha logrado en la actualidad, un momento marcado por la crisis del capitalismo en este inicio de siglo, muestra que la contribución de Althusser al marxismo, y para el pensamiento crítico en general, continúa vigente por su intensa creatividad y rigor conceptual, necesarios para analizar la presente crisis.

 

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* Universidade Federal do Rio de Janeiro

** Motta, Luiz Eduardo. “O (re)começo do marxismo althusseriano”. Crítica Marxista. N° 35, 2012, pp. 73-89.

 

[1] Ferry, Luc y Renault, Alain. Pensamento 68. São Paulo, Ensaio, 1988, p. 184.

[2] De Ipola, Emilio. Althusser, el infinito adiós. Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.

[3] Ibid.,p. 21.

[4] Althusser y el psicoanálisis. Buenos Aires, Nueva Visión, 2010.

[5] Esa toma de posición teórica y política por parte de Althusser, al haber incorporado en su texto “Contradicción y sobredeterminación” la teoría de Mao Tsé-Tung sobre las múltiples contradicciones en una formación social, generó innumerables críticas en su contra por parte de otros intelectuales del PCF, por ejemplo Roger Garaudy, Gilbert Mury y Guy Besse. En su artículo de 1963, “Respuesta a una crítica”, Althusser refuta las posiciones críticas de Georges Cogniot, y también de otros como Lucien Sève, editor de la revista La Pensée, de las cuales Althusser enumera seis: 1) la relación Hegel-Marx; 2) la abundancia de citas de Mao Tsé-Tung; 3) el concepto de contradicción principal y el de contradicción secundaria utilizado por Althusser y tomado prestado de Mao; 4) el monismo; 5) la dialéctica de la naturaleza; 6) la sobredeterminación, Écrits philosophiques et politiques. Tomo II. París, Stock/IMEC, 1997, p.   368.

[6] Théorie de la contradiction. París, Maspero, 1975, p. 16-17. A pesar de los cambios de Badiou a lo largo de su producción teórica, él nunca refutó su posición política maoísta ni la contribución teórica de Mao Tsé-Tung. Esto puede percibirse por las citas a Mao en diversas obras como Teoría del sujeto y Compendio de metapolítica.  En libros más recientes –Sobre la idea del comunismo y La hipótesis comunista-, Badiou no solamente se refiere a Mao, sino también a la experiencia de la Revolución Cultural china. Esto es evidente en el capítulo 2 (“¿La última revolución”) del libro La hipótesis comunista. Badiou considera que la Revolución Cultural china fue el intento más radical de transformación de las relaciones entre Estado y partido, principalmente durante el período de mayo de 1966 a septiembre de 1967, en el cual la ala izquierda del PC chino se impuso a las tendencias derechistas (que representaban una nueva burguesía), y constituyó el Programa de los 16 puntos, donde definía nuevas formas de participación política por parte de las masas en el proceso de transición, como la Guardia Roja y la Comuna de Xangai. Según Badiou, la Revolución Cultural fue una experiencia insustituible de experimentación porque en ella hubo un deseo violento de buscar un nuevo camino político, de revivir la revolución, de hallar las formas nuevas de lucha obrera en las condiciones formales del socialismo, L’ hypotése communiste. París, Ligne, 2009, p.126. En Sobre la idea del comunismo, Mao es explícitamente citado por su contribución teórica a la crítica del stalinismo, “La idea de comunismo”. Analía Hounie (org.). Sobre la idea de comunismo. Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 27. Ahora, en relación a Althusser, la posición de Badiou fue oscilante; en el período de la década de 1960 estuvo bastante vinculado a  sus posiciones teóricas, pero en la década de 1970 demarcó una ruptura con su maestro en la cual realizó intensas críticas de tenor político debido a las relaciones de Althusser con el PCF y las posiciones vacilantes de ese partido en el contexto político francés y europeo, Théorie de la contradiction. op. cit., pp. 54-61. Sin embargo, en tiempos recientes Badiou ha reconocido la importancia y el legado de la obra de Althusser en el escenario político e intelectual. Eso se puede percibir en su libro Compendio de metapolítica en el capítulo “Althusser:  lo subjetivo sin sujeto” donde afirma: “Por sí solo, este admirable esfuerzo aún innombrado (pensar lo subjetivo sin sujeto) amerita que rindamos a Althusser el más riguroso homenaje […] También a él le debemos haber rechazado la visión humanista del lazo, o del ser-junto, que suelda a la ética teológica de los derechos una visión abstracta, y finalmente sometida, de las políticas, Buenos Aires, Prometeo, 2009, p. 56.

[7] Obras escolhidas, v. 1. São Paulo, Alfa-Omega, 2011, pp. 525-526.

[8] Ibid., p. 153.

[9] Ibid., p. 249.

[10] Théorie de la contradiction. op. cit., p. 56.

[11] Obras escolhidas, v. 1. op. cit.

[12] Ibid., p. 574.

[13] En “Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo” de 1959, Mao Tsé-Tung reconoce que en el periodo post-revolucionario o de transición, la lucha de clases permanece, por reminiscencia de los antiguos sectores de la burguesía o por la remodelación de la pequeña burguesía, incluso dentro del Partido Comunista. De ahí el lema “que se abran cien flores, que compitan cien escuelas de pensamiento”, ya que los campos políticos e ideológicos son decisivos en la batalla contra la permanencia de las antiguas contradicciones de clases, Sobre la práctica y la contradicción. Madrid, Akal, 2010.

[14] Théorie de la contradiction. op. cit., p. 26.

[15] Naves, Márcio Bilharinho. Mao, a processo da revolução. São Paulo, Brasiliense, 2005, p. 38. Complementando la distinción de la dialéctica materialista en relación a la dialéctica idealista hegeliana, Bettelheim afirma que “el momento de la síntesis sólo tiene sentido para el idealismo. Consiste en negar la propia negación, conservando aquello que es negado (lo que precisamente sólo es posible para el idealismo). Por el contrario, para la dialéctica materialista no se trata simplemente de negar, sino de destruir. La negación materialista no conserva aquello que es negado: lo quiebra, para construir, en su lugar algo radicalmente nuevo […] En la polémica sobre la dialéctica iniciada en 1964 en China, esto es, en la lucha entre las dos concepciones ‘uno se divide en dos’ y ‘dos se juntan en uno’, la segunda concepción es falsa, precisamente por ser hegeliana. Y es hegeliana por no remitir a realidades materiales y sociales […], porque la negación que ella inicia es una falsa negación, que no es destrucción de aquello que es negado, sino la conservación en el seno una síntesis ‘nueva’. Por eso, esta dialéctica es idealista y tiende a cerrar al proletariado la vía de la destrucción de la burguesía y del capitalismo. De hecho, por un capricho, en la concepción hegeliana de la negación de la negación’ es la propia negación la que es negada” ,“Uma carta sobre o marxismo de Mao”. Rossana Rossanda et al. Quem tem medo da China?. Lisboa, Don Quixote, pp. 79-80.

[16] Théorie de la contradiction. op. cit., p. 26.

[17] Althusser y el psicoanálisis. op. cit., p. 11.

[18] Hall, Stuart. Da diáspora. Belo Horizonte, UFMG, 2003, p. 164.

[19] Es por lo menos paradójica la crítica de Domenico Losurdo a la teoría de Althusser en su artículo crítico al “marxismo occidental”, puesto que Althusser fue el primer gran pensador marxista europeo que buscó como fuente teórica el concepto de contradicción de Mao Tsé-Tung, además de sus intervenciones políticas sobre la Revolución Cubana y los movimientos foquistas en América Latina, en los que critica a su ex alumno Régis Debray. Además, Althusser demostró bastante interés en las experiencias socialistas del Tercer Mundo,  en especial la Revolución Cultural China, como lo demostró en su artículo anónimo de 1966 en la revista Cahiers marxistes-léninistes, llamado “Sur la revolution culturelle”. Es importante destacar también, que algunos de sus discípulos fueron simpatizantes del maoísmo, como Alain Badiou y Jacques Rancière. A diferencia de otros filósofos del marxismo occidental criticados por Losurdo (como Adorno), Althusser nunca se abstuvo del debate político y del análisis teórico político, como lo podemos ver en su artículo “Contradicción y sobredeterminación”. Bien distinta es la situación de Lukács, cuyo nombre en ningún momento es citado, y tampoco criticado por Losurdo en su artículo “crítico”. Lo que llega a ser una contradicción del filósofo italiano ya que Lukács es la primera referencia intelectual del llamado “marxismo occidental”, y es una de las mayores expresiones del eurocentrismo en esa corriente, teniendo en cuenta que no hay en él ningún análisis de la problemática colonial y post- colonial y de las revoluciones en el Tercer Mundo. Además de eso, en su obra está ausente el análisis del Estado capitalista. La gran pregunta que Losurdo debería responder es el porqué de la elección de la escuela de Althusser para ser criticada, y no la de Lukács, que está más identificado con la visión eurocéntrica, ¿y con el apoliticismo? Otro aspecto a ser destacado es la creencia desmedida de Losurdo en el marxismo oriental en lo que concierne a la fase de transición post-revolucionaria. No hay ningún comentario de él respecto al fracaso de la experiencia de los Jémeres Rojos liderado por Pol-Pot en Camboya, como tampoco a  las discontinuidades y retrocesos en otras experiencias socialistas, como  la argelina después del derrocamiento de Ben Bella, “Como nasceu e como morreu o ‘marxismo occidental’”. Estudos Sociológicos. V. 16, N° 30, 2011.[19]

[20] La revolución teórica de Marx. México D.F., Siglo XXI, 1967, p. 80.

[21] Ibid., p. 164.

[22] Ibid., pp. 173-174.

[23] Como podemos percibir en un artículo de Jacques-Alain Miller contemporáneo al libro Para leer El Capital: “El discurso que el sujeto emite, lo recibe y la determinación se invierte. Es descubrir el espacio de desplazamiento de la determinación. Al mismo tiempo unívoca, reprimida e interior, retirada y declarada, ella no podrá ser calificada sino como una causalidad metonímica. La causa se metaforiza en un discurso, y en general en toda estructura: porque la condición necesaria para el funcionamiento de la causalidad estructural es que el sujeto tome el efecto por la causa. Ley fundamental de acción de la estructura”, Açao da estrutura”. Revista Tempo Brasileiro. N° 28, 1972. p.93.

[24] Para leer El Capital. México D.F., Siglo XXI, 1969, pp. 192-193. Nicole-Édith Thévenin realiza severas críticas a Althusser por el exceso de formalismo y economicismo en la utilización del concepto de causalidad estructural en este libro, que sería solo rectificado en su fase de autocrítica a partir del  texto Respuesta a John Lewis en la década de 1970, “O itinerario de Althusser”. Márcio Bilharinho Naves. Presença de Althusser. Campinas, UNICAMP, 2010, pp.19-20. Sin embargo, a pesar del formalismo y de la ausencia del concepto de  contradicción, el énfasis en la determinación de lo económico se explica por el hecho de que Althusser, en este texto, tiene como objeto de investigación en este texto el papel de la estructura económica, tal como fue central en el análisis de Marx en El Capital. A pesar del exceso y la ausencia del concepto de contradicción, ese texto tiene su importancia en lo que respecta a la crítica a las corrientes ontológicas/humanistas, que dejaron en segundo plano las determinaciones de lo económico al enfatizar los aspectos subjetivos del hombre (individuo) y su “alienación con el trabajo”. Además, Althusser nunca desconsideró que su intervención teórica, aún en un tono formalista, estaba  destinada también a ser una intervención política. La línea de demarcación establecida por él en su obra inicial La revolución teórica de Marx ante las interpretaciones ontológico-humanistas (en general, de fondo político reformista), ya es de por sí una acción política, como lo muestran las innumerables críticas y reacciones desencadenadas contra ese libro, como también su recepción por parte de segmentos revolucionarios marxistas (muchos de tendencia maoísta) en aquel contexto. Sobre la recepción del marxismo althusseriano en las corrientes de izquierda revolucionaria, ver Motta, Luiz Eduardo. “Sobre ‘Quem tem medo de Louis Althusser?’ de Carlos Henrique Escobar”. Achegas.net, N° 44, 2011.

[25] Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), 1857-1858. México D.F., Siglo XXI, 1976.

[26] Cf. Para leer El Capital. op cit. No  hay en el marxismo una causalidad lineal constituida  por una “esencia”, tampoco un reflejo mecánico. En su texto de 1966 “Sobre la génesis”, una estructura no se deriva de otra. Esto significa afirmar que el modo de producción feudal no es el “padre” del modo de producción capitalista, en el sentido de que éste se encontraba contenido, “en germen” en el modo de producción feudal. Esto quiere decir que para comprender la producción de un efecto en B no basta con considerar la causa A (inmediatamente precedente, o claramente en relación con el efecto B) aisladamente, sino que hay que considerar la causa A como elemento de una estructura que ocupa un lugar, por lo tanto, sometida a las relaciones estructurales específicas que definen la estructura en cuestión, “Sur la genèse”. Décalages. A Journal of Althusser Studies. Vol. 1, N° 2, 2012. pp. 2-3.

[27] La revolución teórica de Marx. op. cit., p. 167.

[28] Concepção dialética da historia. Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 1981, pp. 51-52.

[29] Cf. La revolución teórica de Marx. op. cit., Para leer El Capital. op. cit y Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), 1857-1858. op. cit. La definición de práctica teórica respecto de las demás prácticas marca, por lo menos en este aspecto, una divergencia entre Althusser y Mao. Para Mao, en su ensayo “Sobre la práctica”, la práctica teórica es completamente dependiente y conducida por las prácticas sociales, es decir, está subordinada a las prácticas política e ideológica. Y como bien observa Balibar, aunque Althusser reconoce que la “teoría estaba en estado práctico” durante los procesos revolucionarios (Rusia, China), no habría una primacía de la práctica sobre la teoría, sino que la práctica precede a la teoría y la excede permanentemente, Escritos sobre Althusser. Buenos Aires, Nueva Visión, 2004, p. 34.

[30] Por coyuntura –como afirma Badiou– se entiende el sistema el sistema de instancias en tanto que pensable según el recorrido prescripto por las jerarquías móviles de las eficacias La coyuntura es antes que nada la determinación de la instancia dominante, cuya localización fija el punto-de-partida del análisis racional del todo, Materialismo histórico y materialismo dialéctico. Córdoba, Pasado y Presente, 1969, p. 24. Poulantzas complementa el análisis de Badiou al definir que la coyuntura permite descifrar la individualidad histórica del conjunto de las estructuras y de sus niveles en una formación social, en suma, permite descifrar la relación entre la individualidad concreta de las estructuras y la configuración concreta de las luchas de clases. En este sentido, la superestructura política del Estado, que es el objetivo de la práctica política, es también reflejada en la coyuntura, es un elemento del objeto de esta práctica: conquistar el poder del Estado, Poder político y clases sociales en el Estado capitalista. México D.F., Siglo XXI, 1969. Althusser también habla de una coyuntura teórica que, así como la coyuntura política, no es meramente contingente. Retomando a Mao, por ser una realidad objetiva, hay también en ella problemas principales y problemas secundarios. Y ella posibilita teóricamente percibir las variaciones concretas de la coyuntura en su determinación fundamental, es decir, en la determinación en última instancia de la economía, Écrits philosophiques et politiques. Tomo II. op. cit., pp. 282-300.

[31] Poder político y clases sociales en el Estado capitalista. op. cit., pp. 91-92. El concepto de práctica continuará ocupando un espacio importante en los trabajos posteriores de Althusser, por ejemplo en “Sobre la reproducción”, escrito en 1969, en la cual marca ciertos cambios en su teoría ya que incluye el concepto de aparatos (ideológicos y represivos) y deja de enfatizar las regiones estructurales de los modos de producción. Las prácticas son constituidas en los aparatos y reproducen (y mantienen) las relaciones sociales de producción. Aun así, no significa que las prácticas pierdan su aspecto estructurante (transformador) creado (desarrollado) por las organizaciones (partidos, movimientos) revolucionarias, y que de este modo modifiquen el carácter político, ideológico y económico de los aparatos.

[32] Para leer El Capital. op. cit., pp. 10-111.

[33] La revolución teórica de Marx. op. cit. pp. 179-180.

[34] “O impacto da teoria althusseriana na história da vida intelectual brasileira. João Quartim Moraes (org.). História do marxismo no Brasil. V. 3. Campinas, UNICAMP, 2007.

[35] Al refutar el rótulo de “estructuralista”, Althusser afirma en Elementos de autocrítica que el marxismo se diferencia del estructuralismo no sólo por la prioridad del proceso por sobre la estructura, sino también por la primacía de la contradicción por sobre el proceso, lo que convierte al marxismo en una ciencia revolucionaria, ya que se pone sobre las  posiciones teóricas de clase revolucionarias, La soledad de Maquiavelo. Madrid, Akal, 2008.

[36] Al priorizar el papel de las contradicciones, demarco una posición opuesta a la de Balibar en su primer trabajo de relevo (“Sobre los conceptos fundamentales del materialismo histórico”), cuando afirma que las contradicciones son efectos de las estructuras: “esta definición encierra también la limitación del papel de la contradicción, esto es, su situación de dependencia en relación a la causa (a la estructura): la contradicción sucede apenas entre los efectos, pero la causa no es en sí dividida; no puede analizarse en función de términos antagónicos. La contradicción no es, entonces, originaria, sino derivada. Los efectos son organizados en una serie de contradicciones particulares, pero el proceso de producción de estos efectos no es de modo alguno contradictorio”. Si las estructuras son estructurantes, pero también estructuradas, significa afirmar que las contradicciones están insertas en la constitución de las estructuras, como también en la formación de las prácticas y de los procesos. No hay, por lo tanto, un antes y un después, en relación a las estructuras y a las contradicciones, sino la propia formación de las estructuras y su papel determinante o dominante presupone la existencia de las contradicciones en su interior, lo que denota su dinamismo interno y sus transformaciones por la lucha de clases.  [36]

[37] La soledad de Maquiavelo. op. cit., p. 228.

[38] Ibid.

[39] Navarro, Fernanda. Filosofía y marxismo. México D.F., Siglo XXI, 1988, pp. 35-37.

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