Juan Domingo Sánchez Estop: A propósito de Alison Brown. Macchiavelli e Lucrezio, Fortuna e libertà nella Firenze del Rinascimento. Roma, Carocci, 2013


La obra de Alison Brown sobre Maquiavelo y Lucrecio, cuyo título original es The Return of Lucretius in Renaissance Florence [El retorno de Lucrecio en la Florencia del Renacimiento], se enmarca en los estudios de la autora sobre la cultura florentina del XVI y sobre los humanistas tanto literarios como filosóficos y políticos de ese periodo. Una de las características de esa época cultural florentina es la importante implicación política de los intelectuales, tanto a favor del partido de los Medici, en el caso de los neoplatónicos como Ficino o Poliziano, como del lado del partido popular como es el caso de Maquiavelo y su círculo. La influencia del pensamiento de Lucrecio en estos sectores intelectuales y artísticos fue decisiva hasta el punto de que Lucrecio se convirtió en una referencia obligada, tanto en positivo como en negativo de la cultura florentina de los siglos XV y XVI. De hecho, la obra magna del poeta-filósofo latino, De rerum natura, fue recuperada en 1417 de un olvido secular por el humanista florentino Poggio Bracciolini que la redescubrió en un monasterio alemán. Posteriormente, del manuscrito se realizaron numerosas copias, una de las cuales se debe a la mano del propio Maquiavelo.

            Según Alison Brown, la obra de Lucrecio permitió, desde la mitad del “Quattrocento”, a dos generaciones de intelectuales y artistas distanciarse del dogma religioso y asumir una perspectiva naturalista. Dado que la escolástica cristiana había asimilado y normalizado el pensamiento antiguo en sus corrientes dominantes platónica, pero sobre todo aristotélica, el acceso al naturalismo antiguo en sus versiones originales había quedado cerrado durante toda la Edad Media. Solo interpretaciones naturalistas heterodoxas como la de Averroes habían podido recuperar parcialmente la fuerte dimensión de inmanencia y mundanidad del pensamiento griego antiguo frente a una religión monoteista, creacionista y providencialista que hace depender el mundo de un principio trascendente. La recuperación de Lucrecio permitió realizar este reencuentro con el naturalismo antiguo con toda su radicalidad. Lucrecio niega toda providencia y toda finalidad y sostiene que todo acontecimiento tanto natural como histórico, tanto humano como divino, se origina en el encuentro aleatorio de los átomos en el vacío y en la interacción de los cuerpos producidos por ese encuentro. No hay así discontinuidad ni trascendencia ni tiene el universo ningún tipo de rectores, pues los propios dioses están sometidos a las mismas leyes naturales que los hombres y que el resto de la naturaleza. De ahí que se dé una fuerte continuidad entre animales y hombres y se piense la hominización como un proceso evolutivo a partir de una condición humana primitiva próxima al estado animal.

            Estos temas naturalistas se vieron ampliamente reflejados en los discursos y fábulas del canciller Marcello Adriani, así como en las enseñanazas de Bartolomeo Scala en la Universidad de Florencia. Estos dos personajes, a la vez eruditos y políticos, fueron los predecesores de Maquiavelo en la cancillería y tuvieron, según muestra Brown, numerosos contactos con la familia de Maquiavelo así como con el círculo literario de los Orti Oricellari dirigido por Rucellai, el literato amigo de Maquiavelo.

            La principal aportación del libro de Brown es su descripción de estos círculos y de la influencia que en ellos tuviera la obra de Lucrecio. Los temas del naturalismo, el primitivismo o la negación de la Providencia son seguidos de cerca en la obra de Scala y de Adriani, subrayándose también los límites de la influencia lucreciana, tanto en el plano religioso como en el político. Testimonio de ello es la necesidad que siente Adriani en sus enseñanzas sobre política e historia, de reconocer junto a la dinámica aleatoria de los encuentros entre fortuna y virtù una tercera causa que es la providencia divina. Debe también reconocerse a Brown su seguimiento de las influencias lucrecianas en Maquiavelo que permite reconocer en buena medida las tesis filosóficas subyacentes -“en estado práctico”, habría dicho Althusser- a la concepción de la historia de Maquiavelo.

            Allí donde la obra de Brown se hace más discutible es en el hecho de que se haya mantenido fiel a un método enteramente filológico de localización de temas y topoi literarios como testimonio de una herencia cultural, descuidando el aspecto filosófico. Así, en las obras de Adriani, Scala y Maquiavelo, se muestra la presencia de tres motivos lucrecianos: el ataque de Lucrecio a la superstición religiosa y a la creencia en el más allá, la teoría predarwiniana de la evolución y el nacimiento aleatorio del universo por obra del encuentro de los átomos en el vacío. El estudio de la influencia de Lucrecio sobre Maquiavelo y sus antecesores que realiza Brown permanece en una óptica exterior y no filosófica en la que elementos que podrían haber tenido un desarrollo más significativo coinciden con lo meramente anecdótico, pues los tres temas seleccionados nunca se articulan en una problemática coherente.

            A pesar de todo, esta misma impostación “filológica” hace que Brown preste atención a algunos textos menores de Maquiavelo poco conocidos y casi nunca explotados filosóficamente como los poemas contenidos en los Ghiribizzi y las anotaciones a su copia manuscrita del De rerum natura. Ocupa un lugar central en el tratamiento de estos textos el problema del clinamen lucreciano y su contribución a la tesis maquiaveliana del libre arbitrio. Así, comentando los versos 250-255 del libro II del poema lucreciano en los que se desarrolla la doctrina de la desviación de los átomos y de la introducción de la diversidad de loes cuerpos en el universo, comenta Maquiavelo: “del movimiento deriva la variedad, de la cual a su vez se deriva el que tengamos la mente libre”. De esto concluye Brown que Maquiavelo defiende el “libre arbitrio”, cuando la tesis materialista que domina su lectura de Lucrecio y la propia obra de Maquiavelo es el carácter secundario de toda esencia respecto del encuentro y, por consiguiente, la no derivabilidad de la acción aleatoria producto del encuentro de ninguna esencia previa. Solo esto permite derivar de la complejidad de lo singular la “mente libera” o lo que más tarde otro gran lucreciano y maquiaveliano, Baruch Spinoza, denominará la “causalidad adecuada”.

            Tratamiento semejante merece la cuestión de la religión, presentada por Maquiavelo desde una doble perspectiva: como forma de control político y como expresión de las creencias y supersticiones del vulgo. Ciertamente, aquí también la filología de Brown trae a la memoria algún texto menor que tiene interés y que recuerda la impotencia que la religión católica ha inculcado en las almas, inhabilitándolas para la necesaria acción política, como este pasaje del poema L’Asino (El asno) que contiene también una crítica de aquel profeta desarmado que era Savonarola: “creder che sanza te per te contrasti/Dio standoti ozioso e ginocchioni/ha molti regni e molti stati guasti” (Creer que sin ti, por ti luche/Dios mientras estás ocioso y arrodillado/ha arruinado muchos reinos y Estados.) Por un lado, la religión, si es pasiva, aleja de la política, pero por otro, esa misma pasividad y obediencia, que el príncipe ha de evitar para sí mismo, puede ser útil para mantener a un pueblo unido. La religión también puede infundir el temor necesario para el gobierno de la multitud. La valoración maquiaveliana de la religión se muestra así ambigua y tiene una posible función positiva, mientras que Lucrecio siempre intentó disipar el temor religioso que consideraba contrario a la libertad.

            Existe en Maquiavelo una filosofía, o cuando menos una toma de posición en filosofía dentro de una línea materialista claramente lucreciana. Tanto en El Príncipe como en los Discorsi, esta influencia se traduce, como nos han mostrado los trabajos de Louis Althusser y los recientes estudios de Vittorio Morfino, en una ontología y una concepción de la historia y de la política no teleológicas y basadas en la subordinación de la forma y la esencia al encuentro. También es Maquiavelo un teórico de la coyuntura, de este encuentro más acá de la esencia y del principio de razón entre distintas líneas de causalidad y distintas temporalidades no sintetizables en una unidad. Esa teoría de la coyuntura y de la acción en la coyuntura basada en la ontología lucreciana que es el núcleo del pensamiento de Maquiavelo ni siquiera se apunta en el texto de Alison Brown, a pesar de constituir el núcleo de toda una línea de estudios basados en la tesis del materialismo aleatorio en los que Maquiavelo ocupa una posición determinante. A pesar de lo estimulante del título de la versión italiana del texto de Brown, el estudio filosófico sobre la presencia de Lucrecio en la obra de Maquiavelo está aún por realizar.

 

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