Jórissa Danilla Aguiar** y Janaina dos Santos***: “Lo ‘nacional-popular’ en Bolivia: ¿un nuevo bloque en el poder?”*


Introducción

Partimos del proceso de reestructuración capitalista para comprender nuestro objeto de estudio: la validez del concepto de “bloque en el poder” para interpretar la heterogeneidad de los procesos políticos latinoamericanos contemporáneos. Con este objetivo, utilizaremos como estudio de caso el gobierno boliviano bajo la gestión de Evo Morales, trabajando con la hipótesis de que el Movimiento al Socialismo (MAS), su partido, ha desarrollado una variante del capitalismo dependiente que nuevamente recupera facciones burguesas estatales –que van a sumarse a las facciones importadoras paceñas[1]– para componer un nuevo bloque en el poder, de demanda nacional-popular, que contempla también (al menos en el discurso) la soberanía indígena y la inserción de los mismos en el sistema político.

El concepto poulantziano de bloque en el poder será utilizado para el análisis crítico de ese gobierno por permitirnos entender que existe una pluralidad de facciones de clase hegemonizadas por una facción de estas en el bloque en el poder, sin que haya ruptura en la unidad del conjunto de clases dominantes y que mismo con diferentes intereses relativamente permanentes, se homogenizan para garantizar la dominación política en el Estado. Con todo eso, se trata de un bloque en el poder de carácter neodesarrollista que continua siendo favorable al capital extranjero, principalmente a largo plazo, conforme apunta acertadamente Duran Gil[2].

Para eso utilizaremos fundamentalmente la obra del griego Nicos Poulantzas Poder Político y Clases Sociales[3], que se desarrolla en una perspectiva que aglutina elementos de carácter estructuralista y donde encontramos el concepto de hegemonía aplicado a las prácticas políticas de las clases dominantes, en el interior del bloque de poder de una formación económica-social capitalista.

Se trata de una perspectiva en desarrollo, que nos permite apuntar hipótesis indicativas acerca del proceso político boliviano frente al debate sobre las articulaciones entre las facciones de clase que hoy componen el bloque de poder en el país. Nos interesó, también, identificar los efectos generados en el Estado como consecuencia de una política neodesarrollista a largo plazo.

            Con nuestra hipótesis, problematizamos si el gobierno de Morales fuerza la socialización del poder político y no cuestiona la socialización de los medios de producción, ni a través de nacionalizaciones, que continúan favoreciendo el extractivismo, y ni a través de expropiaciones, que no están previstas ni en la Constitución, sumándose a estos factores la fuerza del componente militar como parte de la postura del gobierno.

De este modo, entendemos que cualquier alianza burguesa se constituye como un movimiento pensado por la hegemonía que, frente a la crisis del capital en su fase neoliberal, ensaya posibilidades de reforma dentro del sistema capitalista, y, por esta razón, puede verse una nueva situación política en el subcontinente: la elección de gobiernos con altos índices de popularidad y el fortísimo grado de cooptación sindical de estos gobiernos. Antagónicamente, el gobierno masista pretende articularse “por arriba” de la lucha política, usando el aparato del Estado, teniendo como resultado una nueva conformación social que privilegia sectores de la burguesía estatal y de una nueva burguesía paceña (de origen indígena y en algunos momentos aliada a los movimientos populares). Independientemente de las conclusiones políticas aquí presentadas y que en gran medida fueron caracterizadas como reformistas, nuestro objetivo consistió también en ofrecer elementos para poder pensar como transcender la sociedad capitalista. Sin descalificar los avances obtenidos a través de la lucha de clases en la última década en el país, o durante el gobierno nacional-democrático de Morales, entendemos que la contradicción más latente entre discurso y prácticas que engloban los nuevos modelos de gobierno latinoamericanos que emergen en un contexto de crisis capitalista y crisis del sistema político vigente residen, justamente, en no cuestionar la división internacional del trabajo construida por el imperialismo.

El resurgimiento del nacional-populismo en la Bolivia contemporánea

Aun antes de ser elegido presidente por la primera vez en 2005, Evo Morales destacaba la importancia del movimiento popular para que se continuase el proceso de transformaciones iniciados a partir del conflictivo quinquenio que había experimentado Bolivia[4].

Fue un momento fundamentalmente particular por la notable agitación de las masas en el país, que culminó en la renuncia de por lo menos dos presientes y en la anticipación de las elecciones. Es un periodo donde se apunta una tentativa de construcción de una contra hegemonía, como propone Gramsci, como siendo una construcción de una visión del mundo y nueva voluntad colectiva relacionando estructura y superestructura en la construcción de un nuevo bloque histórico[5].

Para el gobierno, el MAS, como instrumento político, sería la “puerta amplia” junto a este movimiento de lucha para que democráticamente se llegase al poder, contrariando la práctica golpista ejercida por los presidentes anteriores[6]. Desde las elecciones hasta el día de hoy, en más de la mitad de su segundo mandato, el presidente indígena lidia con la compleja y arriesgada forma de gobernar con los movimientos sociales, las alianzas burguesas y desafíos electorales, habiendo logrado convertir el instrumento político MAS en un partido hegemónico en la Bolivia contemporánea. Teniendo como base el discurso gobiernista se ve el “Movimiento al Socialismo” como una representación ideológica de los sectores subalternos de la sociedad boliviana en dirección a un nuevo nacionalismo revolucionario y a un nuevo sindicalismo autónomo de la Central Obrera Boliviana (COB) motivado por los cocaleros y también por elementos antiimperialistas recuperados en las luchas de los años 2000 en adelante.

Aún en las palabras del vicepresidente García Linera (apud Stefanoni)[7], Evo Morales corporifica un gobierno que simboliza el fin de un horizonte de posibilidades restricto a la subordinación de los indígenas. Con todo esto, analizaremos a lo largo del artículo algunos factores que nos permitan problematizar estas afirmaciones.

Según la Constitución de 1967, se aplicaba al país la llamada “democracia pactada”, un acuerdo entre los partidos que pretendía la distribución de cargos sin que sea necesario conseguir la mayoría absoluta de los votos para llegar a la presidencia. Cuando no se llegaba a esa mayoría, el Congreso escogía entre los tres más votados (o entre los dos más votados, a partir de 1993) quién asumiría el cargo presidencial. Fue una premisa que continuó vigente hasta la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado, sancionada en 2009. El MAS presenta el fin de la democracia pactada, y dice que está apoyado en una reforma estatal que estaría motivada por una combinación entre la democracia representativa con la participativa.

            La situación de ruptura con los partidos políticos existentes hasta entonces y la demanda popular-nacionalista se sumaron de manera particular a una intensa ola contra hegemónica observada en la época en América Latina. Particularmente en Bolivia, a llamada “agenda de octubre[8]” aún con el gobierno de Carlos Mesa traería para el ámbito gubernamental la respuesta al periodo de luchas vividas en el país. Evo Morales presentó el mayor cambio establecido por la “agenda” como cabeza de su campaña, aprobando junto a la población una nueva Constitución en 2009. Nuevamente, el MAS y sus líderes se presentaron como el primer mandato que tiene un presidente de descendencia indígena y que oía, obedecía y respetaba su pueblo[9].  Sin embargo, Pablo Stefanoni considera que:

(…) sin desmerecer las ruptura efectivas, estas políticas de democratización representan de alguna forma una profundización de las reformas implementadas en los años 1990, en el marco del proyecto neoliberal, que promovieron una seria de innovaciones institucionales como la municipalización del país (elecciones populares de alcaldes y autonomía financiera de los municipios) por medio de la Ley de Participación Popular, la elección de diputados uninominales y el reconocimiento del carácter plurietnico, multicultural y plurilingüe del país. Así, fue elegido el primer vicepresidente aymara: Víctor Hugo Cárdenas[10] (Albó, 1994).  Estas ‘oportunidades políticas’ fueron aprovechadas por campesinos e indígenas que comenzaran a ocupar ayuntamientos y, más tarde –masivamente– en el Congreso[11]

Con esta afirmación, el autor admite que, aunque esté vivenciando un nuevo tipo de democracia, el MAS no trae consigo solamente novedades y, en su cuadro de gobierno, pocos son indígenas, existe una mezcla entre el “entorno blancoide” y la subordinación a la militancia a través de organizaciones populares rurales y urbanas[12]. En su análisis sobre el MAS, Stefanoni encuentra aún otros dos problemas: el conflicto de intereses entre los pueblos (cocaleros, indígenas, mineros) y la transformación del MAS en una gran fuente de cargos y de carrera política. Es una crítica del autor que no es posible establecer ningún otro tipo de sociedad (la sociedad socialista, que caracterizaría un cambio verdaderamente revolucionario) sin acabar con el aparato burgués del Estado, aun reconociendo los cambios en términos de participación en la nueva democracia inaugurada con el Estado plurinacional.

Evo Morales, junto con el intelectual y vicepresidente García Linera, está realizando una revolución descolonizadora de las estructuras de poder, una revolución cultural, política y democrática, no sólo social. La revolución, para estos líderes, ocurre como un proceso de transformación que cuenta directamente con una consciencia del pueblo y con la vía democrática, “fundamentalmente, con propuestas que permitan equilibrios económicos para la sociedad, para la mayoría del país”, según Vilarino[13]. Al comienzo del primero gobierno, García Linera anunciaba un verdadero “capitalismo andino”, que sin huir de su epistemología, buscaba alianzas con los sectores medios, una estrategia que definiría el destino de ese gobierno[14]. García Linera divulga la idea de que no existen sujetos políticos que puedan pasar del indigenismo al socialismo sin también atravesar el capitalismo. Morales, con influencia del zapatismo, dice seguir la premisa de mandar obedeciendo y no se cansa de repetir la frase “Ahora somos todos presidentes”. El vicepresidente realiza un análisis que permite comprender la estrategia política del evismo, una estrategia de poder fundada en los movimientos sociales, tomando los marxismos existentes, pero subordinándolos al indigenismo, resaltando cuestiones étnico raciales en contra de la lucha de clases.

En las palabras del propio García Linera[15], el capitalismo andino “es un concepto teóricamente honesto y comprehensivo” exprimiendo lo que es posible realizar en Bolivia durante su gobierno, sin caer en el idealismo. Deja claro que Bolivia está pasando por una fase decisiva en su historia política, pero que está subordinada en el marco del capitalismo mundial, realizando una combinación de procesos:

(…) A esa particularidad del capitalismo local que combina procesos de subsunción formal y subsunción real lo hemos llamado capitalismo andino-amazónico. (…) No es que sea lo que uno quiere, nuestro objetivo, lo que decimos es que las posibilidades de transformación y emancipación de la sociedad boliviana apunta a esto[16]

Sin embargo, cuando se refiere a la necesidad de construir un capitalismo andino, no expone con qué facciones de clase deberían realizarlo. Sin problematizar, la idea de construcción del capitalismo andino fue sustituida rápidamente por la de “socialismo comunitario”, aún sin presentar los sujetos políticos que podían realizarlo y sin diferencias significativas con la definición de “capitalismo andino”. De acuerdo con la definición de Morales, la construcción del “socialismo comunitario” se da por etapas, se basaría en la comunidad, colectividad y reciprocidad, incluso con la burguesía[17].

Bolivia se encuentra frente a un nuevo ciclo nacionalista, en una encrucijada histórica con el nacionalismo militar de las décadas de 1930 y 1940, con la revolución nacional de 1952 y con el breve ciclo de nacionalismo obrero-militar de la década de 1970, sumándose a las luchas antiimperialistas por nacionalizaciones iniciadas en los años 2000. Se trata de un país de bajo desarrollo y riqueza basada en recursos naturales –petróleo y gas– y así, nos preguntamos si estamos asistiendo a una tentativa de formación de una nueva facción dominante del bloque en el poder, que desde el ámbito político –corporificado en el Estado Plurinacional– se establece en el económico.

El debate poulantziano y la función política del Estado

Plantear las principales concepciones de Nicos Poulantzas en lo que se refiere a su primera fase en Poder Político y Clases Sociales impone, desde su comprensión, ser conscientes del momento en que se dio la construcción de tal obra. Una reintroducción de las discusiones sobre el Estado y el poder en el interior del marxismo se dio al final de la década de 1960, motivada por los debates en la New Left Review[18], donde autores como Jürgen Habermas, Claus Offe, Wolfgang Müller y el propio Poulantzas, en su célebre debate con Ralph Miliband, discutían, más allá del legado de Marx, la relación entre la tríada: burocracia o élite estatal, clases dominantes y el Estado capitalista.

Ese primer momento de Poulantzas tiene como marca la visión de un Estado como estructura, bien como su ambición en formular, en el contexto de lucha teórica en la ciencia política, una teoría marxista de lo político. Para eso, aprovechó el momento para defender la necesidad de revisitar los “clásicos” del marxismo en su riqueza teórica y, a partir de los textos políticos del movimiento obrero y de la propia ciencia política, realizar la conceptualización del Estado en el modo de producción capitalista. Su interés por la tríada: Estado, poder y política se dirige al modo de producción capitalista, donde, para él, toda la estructura existe en función de asegurar la cohesión social, “la función específica de construir el factor de cohesión de los niveles –político, económico, ideológico– de una formación social”, hecho que exige una doble reproducción: la de las relaciones de producción capitalista y las relaciones de dominación de la burguesía sobre las demás clases sociales[19].

A partir de la caracterización de este Estado, Poulantzas presenta una estrategia leninista en lo que se refiere a la alternativa para la superación de este Estado. Un Estado contra hegemónico se erguiría mediante la acción de la dualidad de poderes de clase trabajadora y el partido. Para Poulantzas, como conclusión teórica, el Estado no es un “aparato” material, ya que se presenta como el lugar donde se expresan las contradicciones entre los diversos niveles de formación social capitalista: “las instituciones o los aparatos no poseen poder propio y solo exprimen y cristalizan los intereses y poderes de clase”[20].

De este modo, políticamente la conclusión a la que llega Poulantzas, en esta obra, es que la posibilidad de acción contra hegemónica debe dirigirse hacia quien garantiza el establecimiento del orden capitalista, que no es otro que el Estado. Es a partir de su caracterización como Estado capitalista que el marxista griego-francés llega a la formulación de la idea de “bloque en el poder”, o sea, las “facciones de la burguesía”, a pesar de poseer diferentes intereses, se muestran homogéneas y se cristalizan como poder en el Estado capitalista:

(…) el Estado capitalista, a través del juego interno de sus instituciones, “vuelve posible”, en su relación con el campo de lucha política de clase, relación ésta concebida como fijación de límites, la constitución de un bloque en el poder[21]

Aunque mantengan entre sí contradicciones, la burguesía (clase dominante en el capitalismo) mantiene este juego de relaciones sociales para ejercer la dominación política y la dirección ideológica de las demás clases sociales. Así, en el interior del Estado capitalista hay diferentes intereses, de las facciones de clases, pero no hay ruptura de la unidad de esta clase dominante.

De este modo, la unidad con la cual se presenta el Estado capitalista no sirve para nada más que para legitimar la hegemonía del bloque burgués en el poder. Su apariencia, de hecho, es la demostración de cómo la “sociedad civil” vuelve las ideas de una facción como si fueran las ideas de todo. En verdad esta característica del Estado en el capitalismo, para Poulantzas, es la reveladora de la dominación de una clase o facciones en relación a las otras clases o facciones de clase, demostrando, de este modo, que la clase hegemónica es la que posee la capacidad de, en el interior de un bloque en el poder, tanto representar la “voluntad colectiva”, como imponerse como las demás facciones de la clase dominante.

De acuerdo con el autor:

El poder de Estado constituye una unidad propia, en la medida en que sus instituciones están organizadas como constitutivas de la unidad del pueblo y la nación. El Estado, establecido como lugar de lo ‘universal’, de la voluntad general, de lo público, se supone que no representa tales o cuales intereses privados y constelaciones económicas-sociales, o su suma, sino el conjunto político unitario del pueblo-nación[22]

En lo que se refiere a la “unidad política” que posee el Estado capitalista que demostró Poulantzas en su teoría, lo siguiente apunta que:

La contribución especial de Poulantzas a las teorías del Estado es mostrar cómo el Estado capitalista ofrece el cuadro para las luchas entre facciones de la clase dominante y reintegra la clase obrera, como individuos separados de los medios de producción y de su clase, en una nación y en un conjunto unificado de reglas e instituciones. Al mismo tiempo, el Estado ofrece el espacio político para la lucha de clases. Es el que reintegra los trabajadores y los burgueses en un todo unificado que será reproducido como sociedad capitalista –como una estructura de clases– a través del tiempo[23]

Si la división de clases, existente en el aspecto económico de la sociedad capitalista, no se reproduce en el interior de este Estado capitalista (pues la clase burguesa se muestra homogénea y enmascara la división por medio de la creencia de que “todos son iguales”), la separación del trabajador de los medios de producción es legitimada por medio de este mismo Estado. O sea, el Estado capitalista es, para Poulantzas, al mismo tiempo, unificador, y separador, pues en su encarnación de representación de la unidad, concretiza la “voluntad” del pueblo-nación, al enmascarar la realidad de los intereses de una parte. Pero como estas facciones de la burguesía, a pesar de dominantes, son contrarias entre sí y defienden sus propios intereses, ¿pueden mostrarse de manera unificada? Magalhães intenta demostrar como esto es posible de acuerdo con Poulantzas:

Esto ocurre porque los intereses económicos dividen la burguesía. Los burgueses son incapaces de actuar colectivamente, dado que la reproducción del capitalismo es la reproducción del interés de la burguesía, pero no de los capitalistas individuales: [...] De este modo, la tarea de garantizar la reproducción del capitalismo no puede ser asumida por la burguesía: ella (la tarea) solo puede ser realizada por el Estado que actúa contra las objeciones de las firmas individuales.

Entonces, si hay en el Estado este efecto de ocultamiento de la realidad que es inherente al modo de producción capitalista, como alternativa contra hegemónica no queda sino destruir a quien produce y quien impone esta realidad, que es el Estado. Destruir la sociedad capitalista pasa, obligatoriamente, por la destrucción del Estado y de las funciones que este asume sobre: económica, por organizar la producción; política, pues representa la dominación de la una clase; e ideológica, por garantizar los mecanismos de sustentación de las ideas de una clase o facción de clase.

Límites de las reformas nacionalistas: ¿un nuevo bloque en el poder?

La demanda por la construcción de un Estado nación en Bolivia ha comenzado a partir de las luchas antiimperialistas por la no privatización de los recursos naturales, así como por la legalización de la planta de coca, que tendían a la recuperación de la identidad indígena, englobando cultura y territorio.

Con los nuevos discursos, García Linera trajo la sustitución de varios otros términos que, de hecho, encubrían el carácter de reformas traídas por el gobierno masista, cuando subordinación pasó a dar lugar a soberanía, donde el Estado colonial pasó a denominarse plurinacional y, finalmente, el patrimonialismo dio lugar al Estado Moderno, cada vez más estable política y económicamente. Al inaugurar un periodo de estabilidad en el país; ¿se estaría viviendo un mejor momento para la construcción de una nueva sociedad, del que el periodo anterior a la elección evista? ¿Cuál es la relación, hoy, del gobierno con los movimientos sociales, que fueron responsables por su elección? García Linera ratifica que se formó un nuevo bloque en el poder, pero “falta un nuevo bloque de decisiones, de configuración institucional de los tres ámbitos de poder estatal. Y aparte existen otros ámbitos donde debe definirse el poder[24].

El vicepresidente boliviano, García Linera, afirma que el país pasa por una “renovación o sustitución radical de las élites políticas”, a través de la reconstrucción de un nuevo bloque de poder económico-político simbólico desde el Estado, “apoyada en el ideario de la sociedad movilizada” [25].

De acuerdo con Linera, a partir de la demanda de lucha por nacionalizaciones, la redistribución de los recursos sería la base económica de la construcción de este nuevo bloque en el poder, como resultado de una derrota histórico-moral y política-cultural de las antiguas clases dominantes. A pesar de todo, no apunta claramente la diferencia clasista del nuevo bloque en el poder, restringiéndose a identificar una identidad étnica en este nuevo bloque, sin indicar tampoco una estrategia a largo plazo más allá de la industrialización extractivista como modelo productivo de Estado. ¿Existe un “empoderamiento” del Estado con el objetivo de desarrollarse productivamente, al mismo tiempo que es promovida la “ciudadanización” de las masas populares?

Afirma que el gobierno objetiva que las élites tradicionales reconozcan la nueva élite de origen indígena campesina y pequeño burguesa y que los indios no quieran deshacer las élites oligárquicas existentes, pero que pretenden compartir el poder a través de “un capitalismo con mayor presencia del Estado“, caracterizando una política de conciliación de clases[26]. Con este discurso, García Linera confirma nuestra hipótesis indicativa[27] de que existe la formación de una nueva burguesía de Estado, construida a través del poder político, que se articula con una nueva facción de la burguesía empresarial andina importante en el seno del gobierno Evo Morales. Esta nueva burguesía establece vínculos con los empresarios venezolanos “patriotas” que caracterizan la “burguesía bolivariana comercial importadora” y que conforman una alianza que hegemoniza el bloque en el poder en el proyecto masista revolucionario[28]. Entendemos, entonces, que no existe en este gobierno hasta ahora un camino rumbo al socialismo, porque no es cuestionada la propiedad privada burguesa. Estaríamos, pues, frente a la formación de una nueva burguesía constituida alrededor del aparato de Estado –construida a través del poder político del presidente boliviano– que se articula con una nueva facción de la burguesía que denominaremos “burguesía paceña” y que juntas conforman una alianza que hegemoniza el bloque en el poder.

Por lo tanto, demostramos que la recaptura del nacionalismo boliviano está vinculada a una respuesta a un sistema de explotación, aunque que tales condiciones no cuestionen muchas veces las raíces de este sistema. Muchos elementos críticos nos son ofrecidos a partir de la caracterización de un gobierno nacional-popular que se presenta como representante de las masas, asumiendo un discurso que problematiza un cambio de paradigma en toda América Latina, pero que al mismo tiempo permite la alianza con facciones de la burguesía y la procedente formación de un bloque en el poder con elementos nuevos vinculados a una burguesía de Estado. Aun presentando elementos nacionalistas y antiimperialistas en el discurso, este nuevo bloque en el poder todavía esta sustentándose en el extractivismo como modelo de neodesarrollo. Concluimos, pues que la relativa fuerza y la continuidad del gobierno evista solo se explica por la debilidad de redireccionamientos tanto por parte de la derecha como de la izquierda política.


* Una pequeña parte de esta investigación fue presentada por la segunda autora en el 35ª Encontro Anual da ANPOCS, en el Grupo de Trabajo “Marxismo y ciencias sociales”. Está también inspirado en el trabajo final de maestría de la segunda autora, en particular en los dos últimos capítulos.

** Universidade Federal de Campina Grande – Grupo Práxis.

*** Universidade Federal de Campina Grande – Grupo Práxis.

[1] Hace referencia al capital, La Paz.

[2] Durán Gil, Aldo. Bolívia “Duas revoluções nacionalistas?”. Perspectivas. Revista de Ciências Sociais. UNESP, 2008.

[3] Poulantzas, Nicos. Poder Político e Classes Sociais. São Paulo, Martins Fontes, 1977.

[4] El modelo neoliberal seguía estable por más de 30 años, hasta que en mediados de 2000 las luchas antiimperialistas por nacionalizaciones (agua, gas, campos de petróleo e hidrocarburos) y por el reconocimiento de la pluriculturalidad del país pasaran a tener visibilidad internacional. Iniciada por la “Guerra del agua”, un conflicto que se desencadenó en el año 2000 cuando el entonces presidente Hugo Banzer intentó vender el sistema de abastecimiento de agua en Cochabamba a una multinacional estadounidense, alquilando el agua hasta 2039 para la empresa Águas del Tunari, subordinada a la californiana Bechtel. Sería alquilada inclusive el aguas de las lluvias. Después de golpear familias locales con sus tasas abusivas y de violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, una coordinación formada por agricultores, ambientalistas, trabajadores, sectores de la clase media, entre otros, lograron una reversión del proyecto de privatización. Ya durante esta denominada guerra, Evo Morales aparecía como un importante líder del movimiento cocalero, el más importante de los movimientos sociales contemporáneos en el país. Tres años después surge en el departamento de El Alto la primera “Guerra del gas”, en el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. La tentativa era exportar gas a México y Estados Unidos a través del puerto chileno, en los mismos moldes de la negociación del agua, donde a cada US$ 24 ganados ya libres de impuestos los bolivianos tenían derecho a US$ 1, caracterizando más un consorcio que viabilizan explotación. Como consecuencia de esta guerra, hubo          una fuerte represión estatal, muchos muertos y heridos y la renuncia de Sánchez de Lozada, presionado por alzamientos de las masas. De esta forma, la presidencia fue asumida por Carlos Mesa Gisbert, el vice, hasta que se convocaron nuevas elecciones –elecciones estas que fueron anticipadas para 2005, cuando Mesa también renuncia (en medio de la segunda “Guerra del gas”) y entonces Evo Morales es elegido presidente, junto a García Linera, su vice, por el MAS.

[5] De forma simplificada, el concepto de bloque histórico para Gramsci significaría la articulación entre la estructura (económica) e la superestructura (política, jurídica e ideológica) en un momento histórico determinado y de hegemonía (Cf. Santos, J. Freire dos. Adissi, P. Oliveira. O conceito de Hegemonia Gramscianonuma Perspectiva Poulantziana e as possibilidades contra-hegemônicas. 35º Encontro Anual da ANPOCS. Caxambu, 2011.

[6] Vilarino, Ramon Casas. “Lutas Sociais na Bolívia – entrevista com Evo Morales”. Revista Projeto História, julho, n. 31, São Paulo, pp. 337-348. Dez. 2005, p. 340.

[7] Stefanoni, Pablo. “Governo Evo Morales: Permanências, mudanças e desafíos”. Ramon Casas Vilarino (trad.) Revista Lutas Sociais. NEILS, São Paulo, n.24, 2010.

[8] De acuerdo con Cunha Filho (2009), hace referencia al mes en que se dieron los más violentos enfrentamientos de la Guerra del gas y la renuncia del entonces presidente Sánchez de Lozada (Carlos Mesa, como su vice, asume la presidencia hasta que se convoquen nuevas elecciones, anticipadas para 2005 y ganadas por primera vez por Evo Morales). Una promesa política que más tarde sería apropiada por el MAS y por el gobierno de Morales. Entre las reivindicaciones están la nacionalización del gas y demás recursos naturales, convocación de una Asamblea Constituyente, el reconocimiento de los diversos pueblos originarios y la punición a los responsables por las muertes del “Octubre Negro”

[9] García Linera, Álvaro. “El evismo: lo nacional-popular en acción”. Revista OSAL, Observatorio Social de América Latina, año VII, no. 19, p. 25-32, 2006.

[10] Víctor Hugo Cardenas fue vice-presidente en el gobierno de Sánchez de Lozada en su mandato de 1993-97, cuando hubo significativas privatizaciones de empresas estatales.

[11] Stefanoni, Pablo. Op. cit. p. 118.

[12] Pablo Stefanoni también llama a esta acción política “ciudadanía mediada” (Op. Cit., 2010,  p. 119).

[13] Ibid., p. 341.

[14] García Linera, Álvaro. “El evismo: lo nacional-popular en acción”. Revista OSAL, Observatorio Social de América Latina, año VII, no. 19, p. 25-32, 2006.

[15] Stefanoni, Pablo; Ramirez Galegos, Franklin; Svampa, Maristela. Biografía política e intelectual: Álvaro García Linera. La Paz, Le Monde Diplomatique Edición Boliviana. 2008, p. 74 e 75.

[16] Ibid., p. 75.

[17] Vilarino, Op. cit., p. 340.

[18] La revista inglesa, New Left Review, fue fundada en 1960, siendo uno de los periódicos de mayor importancia para los debates de la izquierda en Europa.

[19] Poulantzas, Op. cit., p. 40.

[20] Ibid., p. 75.

[21] Ibid., p. 225.

[22] Ibid., p.274.

[23] Magalhães, J. A. Fernandes. Ciência Política. Brasília, Editora Vestcon, 2001, p. 110.

[24] Apud Fornillo, Bruno; Puente, Florencia. “Dossier Bolivia”. Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, 2010.

[25] Id.

[26] García Linera, A. “Las élites comparten el poder” y Stefanoni, P. “Queremos un capitalismo con mayor presencia del Estado. Entrevista con Alvaro García Linera”, http://www.rebelion.org/noticias/2007/5/51113.pdf.

[27] Concordando fudamentalmente con Duran Gil, Op. cit. p. 169.

[28] Duran Gil, Op. Cit. y La Calle. La burguesía de Santa Cruz y el apoyo a un colla. 2009, http://tuffiare.wordpress.com/2009/08/23/la-burguesia-de-santa-cruz-y-el-apoyo-a-um colla/.

 

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