Documentos y reseñas

DOCUMENTOS Lidiane S. Rodrigues, “Presentación del documento: Sobre ‘Orígenes de la dialéctica del trabajo’, de João Quartim de Moraes” Lidiane S. Rodrigues, “Apresentação do documento: Sobre as‘Origens da dialética do trabalho’, de João Quartim de Moraes” João Quartim de Moraes, “Sobre ‘Orígenes de la dialéctica del trabajo’” João Quartim de Moraes, “Sobre …

Artículos y traducciones

ARTÍCULOS Iván Trujillo, “Teleología, escatología y estrategia. Por una herencia sin filiación” Carlos Riveros, “Ideología y medios de comunicación masiva. Una aproximación” TRADUCCIONES Pedro Karczmarczyk, Presentación: “La internacional de los buenos sentimientos”, de Louis Althusser Louis Althusser,“La internacional de los buenos sentimientos” Dominique Lecourt, “La espiral”

“Presentación”* a Althusser, Louis, Étienne Balibar, Roger Establet, Pierre Macherey y Jacques, Rancière. Lire Le Capital. París, Quadrige-PUF, 3° ed. 1997

 

Traducción castellana de Pedro Karczmarczyk (UNLP, IdIHCS, CONICET). Las notas del traductor se insertan entre corchetes [ ]. El texto aparece firmado por “Los editores”, que son E. Balibar, P. Bravo Gala e Y. Douroux, de acuerdo a una indicación en el mismo: “Esta tercera edición ha sido establecida por Étienne Balibar y Pierre Bravo Gala, con la colaboración de Yves Duroux.” (ver infra).

La obra colectiva Leer El capital, de la que presentamos aquí una nueva edición, se encontraba hacía muchos años agotada e inhallable. No por ello ella había dejado de funcionar como un hito y de servir de referencia en los debates e investigaciones suscitadas por el pensamiento de Marx (más allá de las diferentes corrientes del “marxismo”), o sobre el objeto y el estatus de la epistemología (capturada entre los modelos “internalistas” y “externalistas”), o sobre los problemas de filosofía política y filosofía de la historia que suscita la crítica de la categoría de “sujeto”, de la cual, la noción de estructuralismo sirvió durante un tiempo de señal, más allá de las inexactitudes que serán evocadas más abajo.

Estos tres contextos teóricos son típicos del movimiento intelectual de los años 1960, cuyos efectos se siguen haciendo sentir hoy día. Leer El capital[1] es particularmente representativo de su conjunción. Esta obra se sitúa, en efecto, en el punto de encuentro (y de tensión mutua) de diferentes proyectos que se hallarán constantemente entrelazados en los textos que siguen, donde cada uno de los autores busca aportar su propio esclarecimiento y su propio acento. El primero es la relectura crítica de la obra científica de Marx y la movilización de sus conceptos en el campo de las ciencias humanas. El segundo es la refundición de las categorías y las figuras de la dialéctica a la luz de la idea de una “causalidad estructural”. A su vez, ésta es inseparable de una reflexión sobre el alcance de los conceptos del psicoanálisis freudiano, más allá de las fronteras de la clínica propiamente dicha, y de una tentativa filosófica de sustituir a toda filosofía del conocimiento (es decir, de sus fundamentos o de sus criterios) por la problemática de una “lectura sintomática” de los textos, de la práctica teórica y de la producción material de los “efectos de conocimiento”. El último proyecto, que subjetivamente al menos, dirigía a los otros, es la búsqueda de una política comunista, de inspiración espinocista (o como lo formulaba también Althusser en esta época, “antihumanista teórica”), que la pensaría más como el devenir necesario de la libertad que como “la salida del reino de la necesidad” (según la célebre fórmula hegeliana de Marx en el libro III de El capital, retomada por Engels en el Anti-Dühring).

            Por todas estas razones, y sin haber cesado de generar discusión, e incluso polémica, Leer El Capital ha acabado por convertirse, a los ojos de muchos, tanto en Francia como en el extranjero, una suerte de clásico. No se trataba, sin embargo, en su origen, sino de la transcripción de un seminario desarrollado en la École Normale Supérieure (ENS) de la rue d’Ulm, durante el año escolar 1964-1965 bajo la dirección de Louis Althusser, quien ejercía allí entonces las funciones de un “preparador asociado” («agrégé répétiteur») y de secretario de la sección Letras.[2] Recordemos brevemente las circunstancias, antes de dar las indicaciones necesarias sobre el establecimiento de la presente edición y sobre lo que la distingue de las anteriores.

            El seminario al que remite Leer El capital se inscribía en el marco de las actividades formativas en investigación organizadas en la École de acuerdo a la propuesta de los docentes o a la demanda de los alumnos (y, el caso más frecuente, luego de la concertación entre ambos). En principio estas actividades se dirigían a los alumnos de una sección determinada (en este caso la sección de filosofía), pero podían también abrirse a los de otras secciones (científicas y literarias) y a un número más o menos elevado de auditores y participantes externos al establecimiento. Los seminarios organizados por Althusser en los años precedentes versaban sobre El joven Marx (1961-1962), Los orígenes del estructuralismo (1962-1963), Lacan y el psicoanálisis (1963-1964). El de 1964-1965, consagrado a la relectura colectiva de El capital de Marx y a la demostración de su alcance filosófico general, constituía una suerte de recapitulación y de relanzamiento de sus logros.

            La continuidad de estos trabajos estaba asegurada por la referencia explícita o implícita (pero en absoluto exclusiva) a los primeros ensayos teóricos de Althusser (más tarde reunidos en Pour Marx, Libraire F. Maspero, 1965)[3] y en Positions, Éditions Sociales, 1976),[4] así como por su colaboración con algunos “normaliens” desde el año 1958, que aunque sin formar propiamente un grupo, compartían un cierto número de intereses y de compromisos. El seminario sobre El capital, planeado hacia el fin de año anterior, había también sido preparado colectivamente por Althusser, Etienne Balibar, Yves Duroux y Jacques Rancière (entonces alumnos del 5° año de la ENS). Yves Duroux y Jean-Claude Milner realizaron previamente una traducción (inédita) del texto de Marx “Formas anteriores al modo de producción capitalista”[5]. Robert Linhart, al regresar de un viaje de estudios en Argelia, fue también incluido en las discusiones preparatorias. Pierre Macherey, que ya había dejado la École, volvió para participar en estas reuniones. Roger Establet, también un antiguo alumno de filosofía, redactó posteriormente una contribución que permitió concluir el volumen.

            Existía también, naturalmente, una circulación de ideas, no institucionalizada, aunque sí sostenida, con otros lugares teóricos. Mencionemos ante todo el seminario de Georges Canguilhem en el instituto de historia de la ciencia de la Universidad de París, al cual asistían, año tras año, muchos alumnos de Althusser,[6] así como el de Lacan, que se había trasladado a la École normale supérieure a partir de enero de 1964.[7] Pero, para limitarnos aquí a los temas que son evocados en Leer El capital, los cambios de ideas o de interrogantes tuvieron también lugar con otros grupos. Señalemos, por ejemplo, que en el momento de la publicación de El pensamiento salvaje (1962), Claude Lévi-Strauss había venido a discutir a la ENS su crítica a la concepción sartreana de la dialéctica y de la historia, en presencia en particular de Lucien Goldmann y de Lucien Sebag. Mencionemos igualmente el seminario de Charles Bettelheim sobre los problemas teóricos de la planificación socialista en la Escuela práctica de altos estudios (EHPE, sección VI) y de los trabajos de Claude Millassoux en el Centro de estudios africanos dirigido por G. Balandier en la EPHE.[8]

            El seminario sobre El capital se desarrolló en la Sala de actas de la ENS (rue d’Ulm) en una decena de sesiones entre el fin de enero y el comienzo de abril de 1965 en presencia de un auditorio ampliado en relación a las sesiones habituales, pero que no superaba la treintena de personas. Luego de la apertura a cargo de Althusser, la primera exposición estuvo a cargo de M. Godelier, quien retomó los temas de tres artículos que había publicado algunos años antes en la revista Economie et politique.[9] Él fue seguido, en orden, por Rancière, luego por Macherey, luego volvió Rancière para finalizar su exposición, luego el propio Althusser, y finalmente Balibar. En cada ocasión las exposiciones eran continuadas por discusiones que involucraban a toda la audiencia.[10]

            Después del seminario, Althusser le pidió a los participantes (con la excepción de Maurice Godelier) que redacten y revisen sus intervenciones. Él mismo escribió en algunos días el prefacio “De El capital a la filosofía de Marx” en el curso del mes de junio. Roger Establet, que había seguido el seminario a distancia, envió su propio ensayo “Presentación del plan de El capital”. Los dos volúmenes así constituidos iban a inaugurar, al mismo tiempo que la reunión de ensayos Pour Marx, la nueva colección “Théorie”, publicada bajo la dirección de Althusser en las Editions Francois Maspero. Constituyendo los volúmenes II y III, aparecieron en noviembre de 1965.[11]

            La primera edición en dos tomos (t. 1: Louis Althusser, Jacques Rancière, Pierre Macherey; t. II: Louis Althusser, Étienne Balibar, Roger Establet) contenía, luego del prefacio de Althusser, la siguiente ADVERTENCIA (t. I, p. 92-93)

ADVERTENCIA

Las exposiciones que van a leerse han sido reproducidas en el orden en que han sido pronunciadas. Una excepción, el estudio de P. Macherey, que figura a continuación de la exposición de J. Rancière, se insertó entre la primera y la segunda parte de esta exposición.

El texto de R. Establet, así como el Prefacio (primer capítulo del t. I), han sido redactados posteriormente.

Puede parecer paradójico relegar al final del segundo volumen de una obra consagrada a El capital, una serie de observaciones que se ocupan del plan de la obra de Marx. Hemos resuelto esto por dos razones: ante todo, porque el plan de El capital no puede convertirse en objeto de reflexión más que bajo la condición de ser concebido como el índice de los problemas identificados por una lectura crítica de la obra; luego porque una “buena lectura” del plan, resumiendo esta lectura crítica, es la mejor introducción posible a la relación directa con el texto de Marx.

El lector podrá, mejor que nosotros mismos, apreciar los reencuentros, los solapamientos o las divergencias de nuestras exposiciones. Si nosotros hemos, cada uno a su manera, encontrado nuestro camino en el texto de Marx, hemos naturalmente, sea cual fuere nuestra libertad o nuestra testarudez, relevado las huellas anteriores a las nuestras y aun cuando no las hemos seguido, nos han servido de referencia. Así, nos han servido de referencia ciertos conceptos importantes, elaborados en otras circunstancias, y que están presentes en los textos: por ejemplo, las nociones agrupadas en torno al concepto de “causalidad metonímica”, definido por J.-A. Miller en el curso de un seminario precedente, que trataba sobre la lectura de Freud por Lacan.

El capital es citado en la traducción de las Editions Sociales (8 vol.). El número en cifras romanas indica el número de tomo, el número en cifras árabes, la página. Capital IV, 105, se lee Le Capital, Editions Sociales, t. IV, p. 105.[12]

Las teorías sobre el plusvalor (Theorien über der Mehrwert) han sido traducidas al francés por Molitor (ed. Costes) bajo el título Histoire des doctrines économiques, en 8 volúmenes. Empleamos la misma fórmula de referencia que para El capítal (Tomo, página)[13]

Nos ha ocurrido  a menudo tener que rectificar las traducciones francesas de referencia, incluida la traducción del primer volumen de El Capital por Roy, para seguir más de cerca el texto alemán, en ciertos pasajes, particularmente densos, o cargados de sentido teórico. Nos remitimos muy frecuentemente, en nuestra lectura, al texto alemán de la edición Dietz, donde El capital y las Teorías de la plusvalía cuentan cada uno con tres tomos.[14]

L. A.

            Al comienzo de 1968 (antes de los eventos de mayo-junio pero después de la “revolución cultural” china y de la constitución en Francia de las organizaciones maoístas, en relación a las cuales los autores de Leer El capital habían tomado posiciones divergentes), mientras que la primera edición estaba agotada, luego de haber conocido varias tiradas se planteó la cuestión de hacer una reedición en formato “de bolsillo”, permitiéndole obtener una difusión más amplia. El editor François Maspero propuso una edición en dos tomos más pequeños. En base a una propuesta de Althusser, esos dos tomos se limitaron finalmente a su propia contribución y a la de Étienne Balibar (t. I: L. Althusser: Prefacio: de El capital a la filosofía de Marx; L. Althusser “El objeto de El capital”, cap.s. I a V; t. II: L. Althusser “El objeto de El capital” (continuación), caps. VI a IX, Apéndice; E Balibar: “Sobre los conceptos fundamentales del materialismo histórico”). En esa ocasión, sus textos fueron revisados, modificados y corregidos en  numerosos puntos, de los cuales se encontrará el detalle hacia el final de este volumen. Esta nueva edición, “enteramente refundida”, (según la fórmula que figuraba en la sobrecubierta del libro) apareció a fines de 1968. Ella sirvió igualmente de base a las traducciones extranjeras, de las cuales la primera fue la traducción italiana (Feltrinelli, 1968), seguida por la española (siglo XXI, 1969) e inglesa (New Left Boos, 1970).[15]

            El tomo I de esa edición llevaba la siguiente Advertencia (Petite Collection Maspero, p. 5-6):

1. Esta edición de Leer El capital difieren en muchos respectos de la primera edición.

Por un lado, es una edición aligerada porque, para permitir la publicación bajo un formato reducido, hemos sustraído varias contribuciones importantes (las exposiciones de Rancière, Macherey y Establet).

Por otro lado, esta es una edición revisada y corregida, y por tanto en parte nueva: muchas páginas, especialmente en el artículo de Balibar, son inéditas en francés.

Sin embargo, las rectificaciones (cortes y agregados) que hemos aportado al texto original, no conciernen ni a la terminología, ni a las categorías y los conceptos utilizados, ni a sus relaciones internas, ni en consecuencia a la interpretación general que hemos dado a la obra de Marx.

Esta edición de Leer El capital, diferente de la primera,  reducida y mejorada, reproduce y representa entonces estrictamente las posiciones teóricas del texto original.

2. Esta última precisión era necesaria. En efecto, por respecto al lector y por simple honestidad hemos querido respectar integralmente una terminología y posiciones filosóficas que ahora nos parece empero indispensable rectificar en dos puntos precisos.

A pesar de las precauciones tomadas para distinguirnos de la ideología “estructuralista” (hemos dicho muy claramente que la “combinación” que se encuentra en Marx “no tiene nada que ver con una combinatoria”), a pesar de la intervención decisiva de categorías extranjeras al “estructuralismo” (determinación en última instancia, dominación, sobredeterminación, proceso de producción, etc.), la terminología que hemos empleado era en distintos respectos demasiado “vecina” de la terminología estructuralista para no dar lugar a un equívoco. Si se exceptúan algunas raras excepciones (algunos críticos perspicaces han visto bien diferencia), nuestra interpretación de Marx ha sido generalmente juzgada y reconocida, en honor a la moda actual, como “estructuralista”.[16]

Nosotros creemos que la tendencia profunda de nuestros textos no se relaciona, a pesar de los equívocos de la terminología, a la ideología “estructuralista”. Esperamos que el lector quiera acordarse de esta afirmación, verificarla y suscribirla.

Por el contrario, nosotros tenemos hoy toda la razón para pensar que una de las tesis que he avanzado sobre la naturaleza de la filosofía expresa, a pesar de todas las precisiones dadas, una tendencia “teoricista” cierta. Más precisamente, la definición, (dada en Pour Marx y retomada  en el prefacio de Leer El capital) de la filosofía como teoría de la práctica teórica es unilateral y en consecuencia inexacta. En esta ocasión no se trata de un simple equívoco en la terminología, sino de un  error en la propia concepción. Definir a la filosofía de manera unilateral como Teoría de las prácticas teóricas (y en consecuencia como Teoría de la diferencia de las prácticas) es una fórmula que no puede sino provocar efectos y ecos teóricos y políticos, sea “especulativos”, sea “positivistas”.[17]

Las consecuencias de este error, que afecta a la definición de la filosofía, pueden ser reconocidas y delimitadas en algunos puntos precisos del Prefacio de Leer el capital. Sin embargo, más allá de algunos detalles menores, estas consecuencias no arruinan el análisis de El capital que hemos dado (“El objeto de El capital” y la exposición de Balibar).

Tendremos la oportunidad de rectificar la terminología y de corregir la definición de la filosofía en una serie de estudios próximos.

L. Althusser

            En 1973, Althusser y François Maspero quisieron completar estos dos tomos de manera de reencontrar la integralidad del texto inicial. Jaques Rancière reclamó entonces que su propia contribución fuera precedida por un prefacio autocrítico titulado “Modo de empleo”. Rechazado por el editor, sin acuerdo entre los participantes, este texto apareció en la revista Les temps modernes, n° 328 de noviembre de 1973. En consecuencia, la contribución de J. Rancière, sin modificaciones, constituyó el tomo III de Leer el capital en la “Petite Collection Maspero”. El tomo IV estuvo constituido por las contribuciones de Pierre Macherey (revisada y corregida, ver las variantes de la primera edición) y de Roger Establet (sin cambios). La “segunda edición” de Leer El capital fue así completada en cuatro volúmenes (1968 y 1973) recibiendo muchas tiradas. Los tomos III y IV estuvieron precedidos por una nota del editor en la que se lee:

Es para responder al deseo formulado a menudo por los editores de los dos primeros volúmenes de Leer El capital aparecidos en la “Petite Collection Maspero” que nos hemos decidido a publicar estos dos nuevos volúmenes, Leer El capital III y Leer el capital IV. La edición publicada en 1968 en la colección “Théorie”, bajo la dirección de Louis Althusser, es entonces restablecida en su integridad.

            La presente edición -que constituye de hecho la tercera edición de Leer El capital– ha sido establecida (con el acuerdo de los co-autores vivos y los herederos de L. Althusser) según el siguiente principio: el texto conservado y reproducido fotomecánicamente es el de la segunda edición (incluyendo en consecuencia, cuando corresponde, las modificaciones aportadas por los autores, sin corrección de las errata); en contraste, las contribuciones han sido reclasificadas en el orden de la primera edición, para reestablecer el plan original del libro y del seminario del cual  se derivó. Las variantes (modificaciones del texto de la primera edición, incluidas las supresiones  y los agregados de la segunda edición) están indicadas al final del volumen (p. 635-661) e indicadas en el margen con números en cifras árabes entre corchetes [1], etc. Estas marcas se colocan de acuerdo al comienzo de cada modificación. La numeración es independiente para cada uno de los contribuyentes concernidos (Althusser I y II, Macherey, Balibar).

            Se encontrará aquí una lista de las erratas principales que han saltado a la relectura, sea que ellas hayan pasado de la 1° a la 2° edición, o que ellas hayan sido introducidas en la 2°. Esta tercera edición ha sido establecida por Étienne Balibar y Pierre Bravo Gala, con la colaboración de Yves Duroux.

Los editores.


 

[1] Hay una versión castellana de la segunda edición conteniendo sólo los trabajos de Althusser y Balibar: Para leer El capital, México, siglo XXI, 2010, una versión de los restantes trabajos Macherey, P. Rancière, J.  y Establet R. Cómo estudiar el capital, México, ed. Quinto sol, s-f.; en 1967 salió una edición completa en la Habana con el título Leer el capital, Ediciones revolucionarias, pero que tuvo escasa circulación fuera de la isla.

[2] Louis Althusser enseñó en la ENS de 1948 a 1980. Cfr. E. Balibar, noticia Althusser (Louis), en: Bulletin de l’Association amicale de secours des anciens élèves de l’Ecole normale supérieure, año 1993, 45, rue d’Ulm, 75005 París, asi como Y. Moulier-Boutang, Louis Althusser, une bîographie, Paris, Grasset (t. 1 : 1992 ; t. II: en preparación [aparecido en 2002, nota del T.]).

[3] Reditado en 1986, Ed. La découverte, París, (Col. “Fondations”). [Hay trad. cast. La revolución teórica de Marx, México, Siglo XXI, 1988, trad. de Marta Harnecker, también hay una edición en Cuba de 1966, Por Marx, La Habana, Ediciones revolucionarias, de poca circulación fuera de la isla.]

[4] Se trata del texto “Freud et Lacan”, de 1964, hoy disponible en Louis Althusser, Ecrits sur la psychanalyse. Freud et Lacan, Textos reunidos y presentados por Olivier Corpet et François Matheron, Paris, Stock/IMEC, 1993[hay trad. castellana, Escritos sobre psicoanálisis. Freud y Lacan, México, Siglo XXI, 2010, trad. de Eliane Cazenave-Tapie].

[5] Formen, die der kapitalistischen Produktionsweise vorhergehen, extraído de Grundrisse der Kritik der politischen Okonomie («Manuscrito de 1857-1858») [hay edición castellana: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, 3 vols. México, siglo XXI, 2007, trad. de Pedro Scaron]

[6] Cfr. Pierre Macherey, “La philosophie de la science de Georges Canguilhem”, presentación de Louis Althusser, La Pensée, n° 113, enero febrero de 1964 [hay ed. castellana: en De Canguilhem a Foucault: la fuerza de las normas, Buenos Aires, Amorrortu 2011, trad. de Horacio Pons.]

[7] Sobre el encuentro de Althusser con Lacan a comienzos de los años 1960, cf. E. Roudinesco, La bataille de cent ans. Histoire de la psychanalyse en France, vol. 2, Ed. du Seuil, 1986, p. 386 s., quien la atribuye a la lectura, por Lacan, del articulo Althusser “Philosophie et sciences humaines”, aparecido en la Revue de l’enseignement philosophique, 13° año, n° 5, junio-julio de 1963 [Hay trad cast. en Althusser, L. Lenin y la filosofía. Textos recobrados I, Madrid, Editora Nacional, 2003, trad. de Carlos Prieto del Campo]. En la coyuntura teórica de la constitución del “estructuralismo”, el acontecimiento determinante fue la aparición de “Freud et Lacan” en La Nouvelle Critique, n” 161-162, diciembre de 1964 – enero de 1965. Se encontrarán, , particularmente en el texto de J. Rancière, numerosas referencias a los artículos de Lacan publicados en la revista La Psychanalyse (PUF, ocho números entre 1956 et 1964), luego recogidos en el volumen de los Ecrits. aparecido en 1966 aux Ed. du Seuil, con un índice sistemático establecido par J.-A. Miller [Hay trad. cast. Lacan, J. Escritos, 2 vols. Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, trad. de Tomás Segovia].

[8] En diciembre de 1960, Meillassoux había publicado en los Cahiers d’Etudes africaines (n° 4) su artículo: “Essai d’interprétation du phénomène économique dans les sociétés traditionnelles d’auto-subsistance”, que prefiguraba l’Anthropologie économique des Gouro de Côte-d’Ivoire (París – La Haya, Mouton & Co., 1964). Algunos años más tarde E. Terray iba a volver sobre esos trabajos, confrontándolos con las proposiciones de Leer El capital: Le matérialisme historique devant les sociétés lignagères et segmentaires », en Le marxisme devant les sociétés “primitives”.Deux études, (Théorie V)., Librairie François Maspéro, 1969 [Hay trad. esp.: E. Terray El marxismo ante las sociedades ‘primitivas’, Buenos Aires, Losada, 1971, trad. de Ricardo Potchar].

[9] Maurice Godelier, «Les structures de la méthode du Capital de Karl Marx », Economie et politique, n° 70 et 71, mayo y junio de 1960; “Quelques aspects de la méthode du Capital”, ibid., n° 80. marzo de 1961 (recogidos en Rationalité et irrationalité en économie, Librairie François Maspero, 1966 [hay trad. española: Racionalidad e irracionalidad en economía, siglo XXI, 1974).

[10] Los registros magnetofónicos de las reuniones del seminario fueron conservadas por Althusser y hoy están depositadas en el Institut Mémoire de l’édition contemporaine, donde se las puede consultar. El “Fondo Althusser” constituido en el IMEC contiene igualmente notas preparatorias y manuscritos, así como ejemplares de la primera edición de Leer el Capital anotados y corregidos por L. Althusser (IMEC. 25, rue de Lille. 75007 Paris). [ver http://www.imec-archives.com/fonds/althusser-louis-2/]

[11] El volumen siguiente, el número IV, fue el libro de Pierre Macherey, Pour une théorie de la production littéraire,1966 [hay trad. española: Para una teoría de la producción literaria, Caracas, Univ. Central de Vanezuela, 1974, trad. de Gustavo Luis Carrera]. Los volúmenes de “Théorie” publicados con François Maspero entre 1965 y 1981 llevan en la portada una viñeta representando un ganso cojo, símbolo de la teoría, que había sido diseñado por el arquitecto Jacques Regnault reproduciendo el detalle de un mosaico de Ravenne.

[12] La edición en 8 volúmenes a la que se refiere aquí Althusser ha aparecido en las Ed. Sociales en la série de las “OEuvres complètes de Karl Marx” entre 1953 y 1957. El libro I (t. I a III) se ofrece en la histórica traducción de Joseph Roy (1873) “enteramente revisada por el autor”, el Libro II (t. IV y V) en la traducción de Erna Cogniot, le Libro III (t. VI a VIII) en la traducción de Mme. C. Cohen-Solal y de Gilbert Badia. Es necesario entonces tener cuidado de no confundir las indicaciones de tomos empleados por los autores de Leer El capital con la referencia -más usual– a los tres libros de la obra. La misma traducción ha sido posteriormente reeditada en tres tomos (uno por libro), por un lado por las Ed. du Progrès (Moscou), y por el otro por las Ed. Sociales, en formato de bolsillo. Le Libro I solo, en la traducción de Roy, también ha sido reeditado en edición de bolsillo en “Garnier-Flammarion” en 1969, con una “Presentación” de Althusser [hay trad castellana: “Guía para leer El capital” en Dialectika. Revista de filosofía y teoría social, año I, n° 2, trad. de Darío Daniel Díaz]. Una nueva traducción francesa del libro I de El capital “a partir de la 4° edición alemana”, por un equipo de traductores bajo la responsabilidad de Jean-Pierre Lefebvre, ha sido publicada en 1983 en Messidor/Ed. Sociales y reeditada en 1993 en la colección “Quadrige” en PUF. Es conveniente señalar que la numeración de los capítulos siguiendo la rectificación de Marx difiere de la que se encuentra en las distintas ediciones que recogen la traducción de Roy. (N.d.E.)

[13] La traducción Molitor a la que se refiere aquí Althusser ha aparecido en Alfred Costes en 1924-1925 (reeditada en 1946-1947). La “primera parte” (hasta Adam Smith) ocupa los tomos 1 y 2, la “segunda parte” (Ricardo) los tomos 3 a 5, la “tercera parte” (después de Ricardo) los tomos 6 a 8. Una nueva traducción, realizada bajo la dirección de Gilbert Badia, ha aparecido en tres volúmenes en las Ed. Sociales en 1974-1978 bajo el título de aquí en más aceptado generalmente Théories sur la plus-value (Livre IV du Capital”). (N.d.E.) [Hay trad. castellana: Teorías de la plusvalía, 3 vols., México, FCE, 1945, trad. de Wenceslao Roces]

[14] El texto alemán “de la Edición Dietz” al que se refiere aquí Althusser puede ser, para El Capital, o bien el de las edición Dietz Verlag (Berlin), 1955, o el de la edición Dietz Verlag, 1962, que difieren bastante significativamente; para las Theorien über den Mehrwert, se trata de aquel de  la Edicion Dietz Verlag (I: 1956; II : 1959 ; III: 1962). Cuando se hacen referencias a los Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (“Manuscrito de 1857-1858”) se trata de l’Edición Dietz Verlag, 1953. Se encontrarán igualmente algunas referencias a la colección aparecida en Dietz en 1955 de los s Kleine Ökonomische Schriften de Marx y Engels, que contiene en particular el texto Die Wertform, otra redacción de la primera edición del libro I de El Capital. Finalmente, la mayoría de las cartas citadas se encuentran en la colección Karl Marx, Lettres sur “Le Capital”, presentadas y anotadas por Gilbert Badia, Ed. Sociales, 1964. (N.d.E.).

[15] Un cierto número de traducciones separadas de las otras contribuciones han aparecido en distintas revistas, pero no existe ninguna traducción extranjera completa de Leer El capital. [Nota del traductor: la información que dan los editores es inexacta. Hubo en realidad una edición completa en español, que ya mencionamos, realizada en Cuba en 1967, que tuvo una circulación restringida, y existe una edición portuguesa completa: Ler o Capital, 2 vols., Río de Janeiro, Zahar editores, 1979, trad. de Nathanael Caixeiro, basada en los cuatro volúmenes de la segunda edición francesa de la Petite Collection Maspero. Posteriormente ha aparecido una traducción italiana basada en la tercera edición francesa: Leggere il Capitale, Milano, Mimesis, 2006, trad. de D. Contadini, V. Morfino, C. Lo Iacono, A. Parci, F. Raimoni y M. Turcheto, una edición castellana está en preparación]

[16] [Nota del traductor: La traducción española contiene aquí un párrafo que no figura en la edición francesa citada por los editores: “Ahora bien, lo que se ha dado en llamar “estructuralismo” es, tomado en su generalidad y en los temas que hacen de él una “moda” filosófica, una ideología formalista de la combinatoria que explota (y, por tanto, compromete) cierto número de progresos técnicos reales que se dan dentro de algunas ciencias. Marx empleó el concepto de “estructura” mucho antes que nuestros “estructuralistas”. Pero la teoría de Marx no puede ser reducida, de ninguna manera, a una combinatoria formalista. El marxismo no es un “estructuralismo”. (ver Para leer El capital, siglo XXI, p. 3)]

[17] [Nota del traductor: La trad. española contiene en este punto un párrafo que difiere significativamente de la edición francesa citada por los editores:   “En algunos desarrollos de La revolución teórica de Marx y en algunos pasajes de Para leer El Capital he empleado una definición de filosofía que, tomada como tal, es unilateral. Esta definición presenta la filosofía como “la Teoría de la práctica teórica” que a su vez se distingue de las prácticas no-teóricas. Esta definición da cuenta de un aspecto de la filosofía: su relación orgánica con las ciencias. Pero es unilateral, porque no da cuenta de otro aspecto decisivo de la filosofía: su relación orgánica con la política. Definir unilateralmente la filosofía como Teoría de la práctica teórica, por lo tanto acentuar unilateralmente la relación filosofía-ciencias, es correr el riesgo de provocar efectos y ecos teoricistas, sea especulativos, sea positivistas. /Como se podrá apreciar en los textos siguientes (“La filosofía: arma de la revolución”, entrevista de L’Unità, y “Acerca de Gramsci”, Carta a Dal Sasso, Rinascita), la definición de filosofía ha sido completada y, por lo tanto, rectificada.  / Todas las observaciones y críticas que nuestros lectores tengan a bien dirigimos serán bienvenidas. / París, 1 de marzo de 1968, LOUIS ALTHUSSER” (Para leer El capital, siglo XXI, p. 4)].

Gustavo dos Santos Cintra Lima*: A problemática teórica da hegemonia política em Poder político e classes sociais: contribuições teóricas

 * Mestre em ciências sociais pelo PPGCS-UFU – Programa de Pós-graduação em Ciências Sociais, Instituto de Ciências Sociais da Universidade Federal de Uberlândia. Este texto é um extrato de nossa dissertação de mestrado intitulada: Uma análise sobre teoria marxista do Estado: a problemática da hegemonia.

É preciso a título de esclarecimento sublinhar as mudanças gerais apresentadas por Poulantzas no tratamento teórico do Estado capitalista e da hegemonia política aplicada à forma da dominação política e do funcionamento do poder político (=burguês) no MPC na obra Poder político e classes sociais de 1968, em relação ao seu texto preliminar sobre a questão “Introducción al estudio de la hegemonía en el Estado” de 1965.[1]

            É notório o avanço teórico praticado por Poulantzas em Poder político e classes sociais, em relação ao texto anterior. Este avanço é observado, à primeira vista, ao nível do discurso teórico elaborado por Poulantzas para expor os resultados de sua pesquisa, isto é, o rigor teórico verificado no tratamento do seu objeto de análise –o conceito de estrutura jurídico-política própria ao MPC– o que impôs a Poulantzas a necessidade de proceder à elaboração de uma série de conceitos mais ou menos ajustados para cumprir o objetivo de produzir o conceito teórico da estrutura jurídico-política do MPC. (=Estado capitalista).[2]

            Neste sentido, nos chama atenção a “evolução” terminológica, índice do desenvolvimento teórico, verificada entre os dois textos, esclareço: no texto “Introducción al estudio de la hegemonía en el Estado” ao tratar da problemática da hegemonia relacionada ao Estado capitalista Poulantzas parece se manter fortemente ligado à perspectiva adotada por Gramsci nos Cadernos do Cárcere apesar de esboçar uma crítica a utilização pretérita do “conceito” de hegemonia.  O que se verifica no uso sistemático do esquema Estado X sociedade civil, tipicamente hegeliano (=idealista), para caracterizar a especificidade do Estado capitalista, é sabido que a problemática recoberta pelo binômio Estado X sociedade civil não se ajusta a teoria marxista do Estado, que opera com os conceitos de modo de produção e formação social.

 

Estado capitalista e relações de produção capitalistas: o modo de articulação do político e do econômico no MPC

 

            Em Poder político e classes sociais, Poulantzas, sob a influência da proposta althusseriana teórica de desenvolvimento do materialismo histórico, retoma rigorosamente o discurso teórico marxista sobre a problemática do Estado e do poder político, o que o leva a recusar criticamente a terminologia anterior, e proceder a um trabalho de elaboração teórica, a produção de novos conceitos.[3]

            Segundo, Poulantzas a concepção de separação entre Estado e sociedade civil desenvolvida pela teoria política burguesa do século XVIII e fortalecida por Hegel “[…] conduz a consequências muito graves que levam à impossibilidade de um exame científico do Estado capitalista.” (Poulantzas, 1986, p.120).

a)   Impossibilita a compreensão da relação entre o Estado e a luta de classes. Sendo os agentes da produção entendidos indivíduos-sujeitos e não como suporte das estruturas, não é possível constituir a partir deles as classes sociais; estando o Estado diretamente relacionado aos sujeitos não é possível analisar a relação daquele com as classes sociais.

b)  Desloca/oculta toda uma série de problemas colocados pelo funcionamento do Estado capitalista – encobertas pela problemática ideológica da separação entre Estado e sociedade civil: a relação do Estado capitalista com as relações de produção capitalistas – do político e do econômico no MPC; e a relação do Estado sobre o campo da luta de classes.

            Na obra Poder político e classes sociais (1986), Poulantzas empreende uma análise sistemática do Estado capitalista, entendido como estrutura jurídico-política do MPC, a fim de produzir o conceito teórico deste tipo de Estado, sua especificidade, sua relação com o campo da luta de classes. Esta análise conduzirá Poulantzas a incorporar –a partir de um trabalho prévio de elaboração teórica– o conceito de hegemonia política e de estabelecer sua localização dentro da teoria regional do político do MPC.

            A primeira e fundamental característica que Poulantzas sublinha como ponto distintivo do tipo capitalista de Estado em relação aos tipos precedentes de Estado é o fato da ausência naquele tipo de Estado da determinação dos sujeitos como agentes da produção distribuídos como classes sociais com posições diferenciais (=antagônicas) no processo de produção.

O traço distintivo fundamental, a este respeito, parece consistir, com efeito, no fato de estar ausente a determinação de sujeitos (fixados, neste Estado, como ‘indivíduos’, ‘cidadãos’, ‘pessoas políticas’) enquanto agentes da produção, o que não acontecia com os outros tipos de Estados. (Poulantzas, 1986, p.119).

            Deste modo o Estado capitalista pode se apresentar como um Estado no qual está permanentemente ausente de suas instituições a dominação de classe: “Este Estado de classe apresenta de específico o fato da dominação política de classe estar constantemente ausente das instituições. Este Estado apresenta-se como um Estado-popular-de-classe.” (Poulantzas, 1986, p.119).

            As características acima elencadas por Poulantzas se explicam pelo caráter assumido pela subestrutura jurídica (=direito burguês) e por sua articulação com a subestrutura política (=organização interna do aparelho de Estado) do Estado capitalista, na qual suas instituições se organizam com base nos princípios da liberdade e da igualdade formal dos indivíduos. “As suas instituições estão organizadas em torno dos princípios da liberdade e da igualdade [formal] dos ‘indivíduos’ ou ‘pessoas políticas’.” (Poulantzas, 1986, p.119; grifo nosso).

            Esta questão remete ao problema político e jurídico da legitimidade do tipo capitalista de Estado, esta se baseia não mais em uma ideologia divina (=vontade divina) em relação à figura do monarca como nos Estados feudais, por exemplo, mas agora na “vontade popular” apresentada sob a fórmula filosófico-jurídica da “soberania popular”. A “figura” filosófico-jurídica do povo aparece como fator de legitimidade do tipo capitalista de Estado (=Estado moderno),

[…] não enquanto composto por agentes da produção distribuídos em classes sociais, mas enquanto massa de indivíduos-cidadãos, cujo modo de participação numa comunidade política nacional se manifesta no sufrágio universal, expressão da ‘vontade geral’. (Poulantzas, 1986, p.119).

            O direito burguês assume um caráter normativo “impessoal”, expresso por um conjunto de leis sistematizadas com base nos princípios da liberdade e igualdade, sintetizada na expressão, “império da lei”.

            Resumindo, para Poulantzas o tipo capitalista de Estado “[…] apresenta-se, assim como encarnando o interesse geral de toda a sociedade como substancializando a vontade desse ‘corpo político’ que seria a ‘nação’.” (POULANTZAS, 1986, p.119).

            Apesar dos efeitos ideológicos produzidos pela organização particular do Estado capitalista e pelo seu funcionamento em relação ao campo da luta de classes Poulantzas adverte que estas características não podem ser reduzidas a ideologia, como se o Estado fosse um mero produtor de ideologias, entendida esta sob a forma simplista e negativa da “falsa consciência”, antes as características próprias ao Estado capitalistas dizem respeito à instância jurídico-política do MPC, da matriz deste modo de produção (=modo específico de articulação de suas instâncias).

            Podemos avançar a questão expondo como Poulantzas trabalha a articulação entre a estrutura jurídico-política (=Estado) e a estrutura econômica (=relações de produção) no MPC Como se articulam o Estado capitalista e as relações de produção capitalista, qual o modo de presença de uma instância na outra, imbricação recíproca? Quais são os efeitos desta articulação sobre o campo da luta de classes?

Para enfrentar as questões acima Poulantzas retoma as formulações fundamentais de Marx sobre a caracterização do econômico do MPC e sua diferenciação em relação aos modos de produção pré-capitalistas, ao nível da relação entre os elementos da produção – produtor direto, meios de produção e proprietário dos meios de produção.

Inicialmente Poulantzas esclarece qual o significado da fórmula descritiva do indivíduo nu utilizada por Marx para expressar a condição do produtor direto no capitalismo, libertação dos laços de dependência pessoal do produtor direto em relação ao proprietário/controlador dos meios de produção, o que não é o mesmo que afirmar a aparição real/efetiva de agentes da produção como indivíduos como sustenta a ideologia jurídica burguesa a fim de negar a existência das classes sociais antagônicas e da luta de classes.

O termo ‘indivíduo nu’ como condição histórica não indica, pois, de forma alguma, que certos agentes, anteriormente integrados ‘organicamente’ em unidades, apareçam na realidade como indivíduos atomizados – os quais, em seguida, se teriam inseridos nas combinações das relações de produção capitalistas, ou que teriam, em seguida e progressivamente constituídos classes sociais […] (Poulantzas, 1986, p.122, grifos do autor).

No discurso teórico formulado o termo indivíduo nu pretende registrar sob forma descritiva (=não-teórica) o surgimento de uma realidade completamente distinta e particular conotando a mudança na relação de apropriação real. Qual seria esta mudança? Esta é definida pela separação entre o produtor direto e suas condições ‘naturais de trabalho’, esta separação intervém historicamente no estágio da instauração da grande indústria que caracteriza o momento de reprodução ampliada do MPC.

A partir deste entendimento Poulantzas afirma que essa

[…] separação que precisamente conduz à coletivização do processo de trabalho, quer dizer ao trabalhador como órgão de um mecanismo coletivo de produção, o que Marx define como socialização das forças produtivas, enquanto que, do lado dos proprietários dos meios de produção, conduz ao processo de concentração do capital. (Poulantzas, 1986, p.123; grifo nosso).

A questão da autonomia relativa das instâncias no MPC, do político e do econômico na sua articulação específica,

[…] relaciona-se finalmente à separação entre o produtor direto e os seus meios de produção; relaciona-se à combinação própria da relação de apropriação real e da relação de propriedade, na qual reside, segundo Marx, o ‘segredo’ da constituição das superestruturas. (Poulantzas, 1986, p. 123; grifo nosso).

Como é que se estabelece a relação entre o Estado capitalista e as relações de produção capitalistas?

Através da subestrutura jurídica (=direito burguês) do Estado capitalista que se estabelece a relação fundamental entre as duas instâncias do MPC – o político e o econômico – que garantem a reprodução ampliada do MPC, isto é, a reprodução sistemática das relações de produção/exploração capitalistas acima caracterizadas, portanto, não é por um mero efeito econômico (=economicismo) que é garantida a reprodução de relações de produção determinadas e do conjunto das relações sociais (políticas, jurídicas, ideológicas etc.), esta reprodução da “base” do edifício social é resultado da articulação das instâncias de um modo de produção, precisamente do econômico e do político.[4]

A separação entre o produtor direto e os meios de produção reflete-se aí através da fixação institucionalizada dos agentes da produção como sujeitos jurídicos, isto é, como indivíduos-pessoas políticos. […] Isto quer dizer que, de fato, os agentes de produção não aparecem como ‘indivíduos’ a não ser nessas relações superestruturais que são as relações jurídicas. (Poulantzas, 1986, p.124).

 

A questão que se coloca é explicar como que a separação entre o produtor direto e os meios de produção produz no nível econômico, por um lado, a concentração do capital, e, por outro, a socialização crescente do processo de trabalho. E ainda ao nível da estrutura jurídico-política como ocorre a conversão dos agentes da produção em indivíduos-sujeitos de direito destituídos de sua determinação econômica, isto é, de sua distribuição em classes sociais antagônicas.

Poulantzas vai ainda mais longe ao abordar os efeitos da articulação específica – caracterizada pela autonomia relativa das instâncias – do econômico, do político e do ideológico do MPC quando sustenta a tese de que a ideologia produzida pela articulação destas instâncias sobre o campo da luta de classes, uma ideologia jurídico-política, é precisamente essa ideologia que ocupa o lugar dominante na ideologia dominante (=burguesa) do MPC, aquela que garante as condições ideológicas gerais para a reprodução das relações de produção capitalistas.

[…] este estatuto particular da instância jurídico-política corresponde a uma ideologia jurídica e política, a qual decorre da instância ideológica. Essa ideologia jurídica-política detém um lugar dominante na ideologia dominante deste modo de produção, substituindo-se ao lugar análogo da ideologia religiosa na ideologia dominante do modo de produção feudal. (Poulantzas, 1986, p.124; grifo do autor).

Resumidamente podemos, a partir da formulação de Poulantzas, caracterizar a estrutura objetiva do processo de trabalho no MPC, como: 1) de um lado a relação de propriedade da combinação econômica, que é marcada pela contradição (=não-antagônica) entre socialização das forças produtivas e propriedade privada dos meios de produção, de outro lado, a fixação dos agentes da produção ao nível do político como indivíduos-sujeitos de direito, ocultando sistematicamente sua inserção em uma classe determinada; 2) em realidade, os agentes sociais “funcionam” como suportes de estruturas determinadas, de relações de produção determinadas com os meios de produção, como produtores diretos e como proprietários do meios de produção.

É importante ressaltar que o econômico é sobredeterminado pelo político, este intervém de um modo específico, produzindo uma série efeitos pertinentes sobre o campo da luta de classes.[5]

Assim, “[…] sua reflexão [do econômico] no jurídico-político, e através da intervenção deste último no econômico, ela conduz a toda uma série de efeitos sobredeterminados nas relações sociais, no campo da luta de classes.” (Poulantzas, 1986, p.125; colchetes nossos).[6]

 

A estrutura jurídico-política e o sistema de classes: Estado capitalista e luta de classes

É a partir da definição teórica da articulação entre as estruturas do MPC (=o econômico, o político e o ideológico) e da caracterização desta articulação que se coloca a possibilidade teórica de se estabelecer a relação entre o Estado capitalista e o campo da luta de classes nas formações sociais dominadas pelo MPC.

Como o modo específico de articulação, de intervenção ou de presença de uma estrutura na outra –do econômico e do político– no MPC se expressa no campo da luta de classes, lembrando que o modo de articulação no MPC se expressaria pela autonomia relativa das estruturas?

Na linha de Marx, Engels e Lenin, sustenta Poulantzas que autonomia das estruturas política e econômica no MPC.

[…] reflete-se, no campo da luta de classes, isto é no domínio das relações sociais, quer por uma emancipação das relações sociais econômicas e das relações sociais políticas, que por uma emancipação […] da luta econômica e da luta política propriamente dita. (Poulantzas, 1986, p.126).

Deste modo, a relação do Estado capitalista com o campo da luta de classes assume formas diversas, relativas a cada nível da luta de classes: na luta econômica, na luta política e na luta ideológica. Como o Estado capitalista se relaciona com o campo da luta econômica de classe?

Segundo Poulantzas, na relação do Estado capitalista com a luta econômica de classes “[…] constatamos uma característica fundamental e original que, doravante, passarei a definir como ‘efeito de isolamento’.” (Poulantzas, 1986, p.126; grifos do autor).

O que significa afirmar que tal relação se expressa por meio de um efeito de isolamento?

O efeito de isolamento se expressa concretamente através da prática da concorrência no interior das relações sociais econômicas, entre os agentes da produção – produtor direto contra produtor direto; proprietários dos meios de produção contra proprietário dos meios de produção; produtor direto contra proprietário dos meios de produção em uma série de níveis, no interior de uma mesma unidade produtiva (=fábrica/empresa), entre unidades produtivas de um mesmo ramo da produção ou de ramos diversos etc.

Cabe sublinhar que o efeito de isolamento tem impacto diferencial em cada quadro das relações sociais econômicas capitalistas, este efeito tem maior repercussão nas relações sociais econômicas entre agentes sociais inseridos na mesma classe – agentes sociais que ocupam a mesma posição em relação aos meios de produção – e, é importante acrescentar, que o efeito de isolamento tem impacto decisivo na relação dos produtores diretos entre si, objetivando frustrar permanentemente a organização efetiva dos trabalhadores assalariados manuais em classe social, através de uma ação direta de classe contra a exploração econômica e a dominação política capitalista, em suma, frustrando a revolução social.[7]

Poulantzas afirma que,

[…] este ‘efeito de isolamento’ sobre as relações sociais econômicas não se manifesta só ao nível de cada agente da produção, ou seja, como efeito de ‘individualização’ destes agentes; ele se manifesta em toda uma série de relações que vai, por exemplo, das relações  entre operário assalariado e capitalista proprietário privado, entre operário assalariado e operário assalariado, e entre capitalista privado e capitalista privado, às relações entre um operário de uma fábrica, de um ramo da indústria, de uma localidade com outros, de capitalistas de um ramo de indústria e de uma fração do capital com outro. Este efeito de isolamento, que designamos pelo termo de concorrência, abrange todo o conjunto das relações econômicas. (Poulantzas, 1986, p.127; grifo nosso).

Sobre o maior impacto do efeito de isolamento nas relações econômicas capitalistas no quadro das relações entre os produtores diretos Poulantzas registra uma passagem em que Marx sugere este impacto diferencial: “A própria necessidade de uma ação política geral prova bem que, na sua ação puramente econômica, o capital é o mais forte.” (Marx apud Poulantzas, 1986, p.128).

É preciso ressaltar que o efeito de isolamento não é uma “ilusão sem conteúdo”, uma “ilusão falsa”, isto é, mero produto de uma “confusão” ao nível da consciência dos agentes sociais, é, antes, uma ilusão real, real na medida em que tem consequências práticas concretas sobre o campo da luta econômica de classes em particular e da luta de classes em geral.

 

Consiste ela no fato de que as estruturas jurídicas e ideológicas, as quais, determinadas em última instância pela estrutura do processo de trabalho, instauram, ao nível os agentes de produção distribuídos em classes sociais, na qualidade de ‘sujeitos’ jurídicos e ideológicos, têm como efeito, sobre a luta econômica de classe, a ocultação, de forma particular, aos agentes, das suas relações enquanto relações de classe. […] Este isolamento constitui o efeito, sobre as relações sociais econômicas, 1) do jurídico; 2) do ideológico jurídico-político; 3) do ideológico em geral. Este isolamento é terrivelmente real, e tem um nome: a concorrência entre os operários assalariados e entre os capitalistas proprietários privados. […] É, em razão dos efeitos do jurídico e do ideológico sobre as relações sociais econômicas, sobre a luta econômica, que esta última não é vivida como luta de classes. (Poulantzas, 1986, p. 126-127; grifos nosso).

No caso do isolamento dos agentes sociais oriundos dos modos de produção pré-capitalistas em coexistência com a dominância do MPC em uma formação social determinada, por exemplo, os camponeses parcelares, a questão é distinta, o seu isolamento é efeito, primeiramente, da própria estrutura econômica deste modo de produção pré-capitalista (=feudal), isto é, das relações sociais econômicas constitutivas e determinadas pelas estruturas deste modo de produção. Contudo este efeito de isolamento próprio do econômico deste modo de produção é sobredeterminado pelo efeito de isolamento próprio do MPC.

É preciso, contudo, notar que, nesse caso, esse isolamento decorre das suas condições de vida econômica, a saber, precisamente da sua não-separação em relação aos meios de produção, ao passo que, no caso dos proprietários capitalistas e dos operários assalariados, o isolamento é um efeito do jurídico e do ideológico. […] este ‘efeito de isolamento’ específico do MPC impregna também, de forma sobredeterminada, as classes dos modos de produção não-dominantes de uma formação capitalista[…]  (Poulantzas, 1986, p.127; grifo nosso).

 

O primeiro efeito denominado por Poulantzas, como efeito de isolamento, que marca a relação do Estado capitalista, através de uma articulação específica com o ideológico, sobre o campo das práticas econômicas de classe (=relações sociais econômicas) não pode se efetivar per si, este primeiro efeito só pode se concretizar praticamente –isto é, ter seus efeitos pertinentes concretizados sobre os agentes sociais, articulado a outro efeito produzido pela estrutura jurídico política do MPC: o efeito de representação da unidade.

Esta função do Estado capitalista foi caracterizada através de diversas fórmulas filosóficas, debitarias do esquema “teórico” (=filosofias políticas burguesas) de separação entre Estado e sociedade civil, como a fórmula “mitológica” da vontade geral, que procuravam ocultar o caráter de classe do Estado democrático-parlamentar moderno (=forma do Estado burguês). [8]

Como é possível formular a questão relativa à função de representação da unidade praticada pelo Estado capitalista em relação ao campo da luta de classes a partir do discurso teórico marxista?

O efeito de isolamento da estrutura jurídico-política, resultante da presença-articulação desta na estrutura econômica do MPC sobre o campo da luta econômica de classes, é garantido em toda a sua extensão –isolar/atomizar os agentes de produção, particularmente os produtores diretos (=trabalhadores assalariados manuais) impedindo sua ação efetiva como classe social autônoma, sua “ação direta”, como força social –por outro efeito, um efeito propriamente político, resultante da articulação entre o jurídico-político e o econômico sobre o campo da luta de classes.

 Poulantzas caracteriza este segundo efeito, complementar ao primeiro, como efeito de representação da unidade. E no que implica praticamente este efeito sobre o campo da luta de classes? “Na sua relação [do Estado capitalista] com as relações sociais econômicas, as quais manifestam esse efeito de isolamento, tem por função representar a unidade de relações isoladas instituídas nesse corpo político que é povo-nação.” (Poulantzas, 1986, p.129; colchetes nossos).

O efeito de representação da unidade, efeito propriamente político, sobre o campo da luta de classes só pode funcionar à medida que o efeito de isolamento, efeito propriamente jurídico (=fixação dos agentes da produção como sujeitos de direito independente de sua posição em relação aos meios de produção), produza seus efeitos “pertinentes”, individualização dos agentes da produção. Em verdade, os dois efeitos aqui destacados operam necessariamente de modo combinado no funcionamento do MPC em uma formação social.

Esta elaboração teórica empreendida por Poulantzas, a partir da sistematização de várias formulações em “estado prático” dos clássicos do marxismo, procura evidenciar o papel ativo e determinante do Estado capitalista no funcionamento/reprodução do MPC, através do combate às concepções economicistas sobre o Estado capitalista e a luta política de classe que identificam estes como meros “efeitos subordinados” ao funcionamento do econômico. Perspectivas que pressupõe uma concepção restrita do modo de produção, identificando modo de produção e estrutura econômica. Criticando as perspectivas economicistas sustentadas em concepções filosófico-políticas burguesas, afirma Poulantzas:

Aqui, o ‘antagonismo’, a separação ou a ‘independência’ do Estado e da sociedade civil – ou, simplesmente, da sociedade –designam precisamente o seguinte: a autonomia específica do Estado capitalista e das relações de produção do MPC reflete-se, no campo da luta de classes, em uma autonomia da luta econômica e da luta explícita de classe; isto exprime-se através do efeito de isolamento nas relações sociais econômicas, revestindo o Estado, a seu respeito, uma autonomia específica na medida em que se apresenta como representante da unidade do povo-nação, corpo político estabelecido sobre o isolamento das relações sociais econômicas. Só negligenciando a transformação da problemática na obra de Marx e através de um jogo de palavras, é possível interpretar essa autonomia das estruturas e das práticas, no Marx da maturidade, como uma separação entre sociedade civil e Estado. (Poulantzas, 1986, p.131; grifos nosso).

Concretamente a dupla função do Estado capitalista na prática dos agentes sociais tem um efeito articulado, efeito de unidade prática de um duplo efeito jurídico-político, como sustenta Poulantzas: “Na sua relação com as relações sociais econômicas, as quais manifestam esse efeito de isolamento, tem por função representar a unidade de relações isoladas instituídas nesse corpo político que é povo-nação.” (POULANTZAS, 1986, p.129). Portanto, o Estado capitalista como estrutura jurídico-política desempenha a função necessária de se apresentar perante o conjunto dos agentes sociais como representando a unidade política de agentessociais isolados do MPC.

Este efeito se manifesta concretamente por meio de um conjunto de contradições de segundo grau (=não-antagônicas) que Poulantzas elenca: a) entre o direito público e o direito privado; b) entre liberdades políticas e o interesse geral; c) entre indivíduos-sujeitos jurídicos e políticos e a unidade do povo-nação.

O objetivo de longo prazo que tais efeitos revestem é determinado pela função geral do Estado em qualquer formação social dividida em classes sociais antagônicas, qual seja: impedir a “formação” da classe dominada fundamental em classe social autônoma, como força social e, por meio desta o Estado logra frustrar a revolução social. [9]

O efeito de isolamento e o efeito de representação da unidade expresso por meio do coletivo povo-nação é a forma particular do Estado capitalista cumprir a função geral do Estado, nas coletividades divididas em classes sociais antagônicas, de amortecer o conflito entre as classes antagônicas fundamentais e frustrar a revolução social.

O efeito de representação da unidade garantido pelo efeito de isolamento ao nível da luta econômica de classe se concretiza como um efeito propriamente político do Estado capitalista sobre o campo da luta de classes e particularmente sobre o campo da luta política de classes.

Esse efeito de isolamento na luta econômica tem incidências no funcionamento específico da luta política de classe em uma formação capitalista. Uma das características dessa luta, relativamente autonomizada da luta econômica, consiste efetivamente no fato, constantemente sublinhado pelos clássicos do marxismo, da tendência a construir a unidade de classe a partir do isolamento da luta econômica. Isso assume uma importância particular na relação entre a prática-luta-política das classes dominantes e o Estado capitalista. (Poulantzas, 1986, p.133; grifo nosso).

 

É por meio deste duplo efeito articulado, efeito de isolamento e efeito da representação da unidade, que recobre o campo da luta de classes, que o Estado capitalista desorganiza permanentemente as classes dominadas especialmente ao nível da luta política, comparativamente aos tipos pré-capitalistas de Estado.

Estes últimos [os tipos pré-capitalistas de Estado] limitavam a organização política das classes dominadas, fixando institucionalmente as classes dos escravos ou dos servos, nas suas próprias estruturas, através de estatutos públicos, quer dizer, institucionalizando a subordinação política de classe – ‘estados-castas’. Em contrapartida, o Estado capitalista mantém a desorganização política das classes dominadas, por um lado, graças ao seu efeito de isolamento sobre as relações sociais econômicas, por outro lado, graças ao partido que tira desse efeito, apresentando-se como unidade do povo-nação, composto de pessoas políticas-indivíduos privados. (Poulantzas, 1986, p.181; colchetes nossos).

Contrariamente, o Estado capitalista funciona como fator de unificação-organização da unidade do poder político, da dominação política de classe, das classes e frações de classe dominante, no seio do bloco no poder. “Em contrapartida, a respeito das classes dominantes, o Estado capitalista trabalha permanentemente para a sua organização a nível político, anulando o seu isolamento econômico, o qual é também o seu próprio efeito assim como do ideológico.” (Poulantzas, 1986, p.181-182).

É precisamente a este nível de análise, por meio da caracterização dessas funções político-jurídico-ideológicas do Estado capitalista, como estrutura jurídico-política, apreendido pelos efeitos produzidos no campo da luta de classe, particularmente da luta política de classes, que é possível desvendar o caráter de classe do tipo capitalista de Estado, que Poulantzas sintetiza da seguinte forma:

[…] o Estado capitalista tem por função desorganizar politicamente as classes dominadas, enquanto organiza politicamente as classes dominantes […] de fixar a sua relação com as classes dominadas como representação do povo-nação, enquanto fixa a sua relação com as classes dominantes como relação com classes politicamente organizadas; […] A contradição principal desse Estado não consiste no fato se ‘dizer’ um Estado de todo o povo quando é um Estado de classe, mas, precisamente, no fato de se apresentar, nas suas próprias instituições, como um Estado ‘de classe’ (das classes dominantes que contribui para organizar politicamente) de uma sociedade institucionalmente fixada como não-dividida-em-classes; no fato de se apresentar como um Estado de classe burguesa, subentendendo que todo ‘povo’ faz parte dessa classe. (Poulantzas, 1986, p.182).

Como estes efeitos produzidos pela a articulação da estrutura jurídico-política e da estrutura econômica repercutem precisamente na prática política das classes dominantes?

Segundo Poulantzas a prática política das classes dominantes é marcada pelo objetivo de conservação do Estado capitalista, como estrutura fundamental para reprodução do MPC.

Desse modo, essa prática política das classes dominantes deverá, não só constituir a unidade da classe ou das classes dominantes a partir do isolamento da sua luta econômica, mas constituir também, através de todo um funcionamento político-ideológico particular, os seus interesses propriamente políticos como representativos do interesse geral do povo-nação. Isso torna-se necessário, devido às estruturas particulares do Estado capitalista, na sua relação com a luta econômica de classes, e possível devido precisamente ao isolamento da luta econômica das classes dominadas. (Poulantzas, 1986, p.133).

Chegando a este ponto de sistematização teórica da proposta poulantziana sobre a dupla função do Estado capitalista sobre o campo da luta de classes, podemos passar à tentativa de sistematização e localização teórica da problemática da hegemonia política no interior do discurso científico marxista.

 

 

Estado capitalista e luta política de classe: hegemonia política, classes dominantes e classes dominadas

O conceito de hegemonia política proposto por Poulantzas em Poder político e classes sociais (1986), recobre quais níveis da realidade social?

A (re)definição do conceito de hegemonia empreendida por Poulantzas, implica necessariamente em determinar com precisão a sua localização teórica no interior do discurso –teoria– científico marxista, isto é, em definir a posição que este conceito ocupa dentro da estrutura da teoria marxista em geral (=ciência da história), e dentro da teoria regional do político do MPC.

Segundo o esquema teórico definido por Poulantzas em Poder político e classes sociais, a partir dos estudos empreendidos pela corrente althusseriana durante a década de 1960 na França, o conhecimento científico, isto é, um conhecimento rigoroso acerca da realidade social ou natural, é resultado de um trabalho teórico sistemático e complexo –da prática teórica–, um trabalho de produção de conceitos teóricos capazes de reproduzir ao nível do pensamento o processo real-concreto e operacionalizáveis para produzir o conhecimento concreto de uma situação concreta, como afirmara Lenin sob a fórmula: análise concreta de uma situação concreta.

A nossa doutrina não é um dogma, mas um guia para ação, sempre disseram Marx e Engels, desprezando justificadamente o método que consiste em decorar e repetir tal e qual, ‘fórmulas’ capazes, quando muito, de indicar os objetivos gerais, necessariamente modificados pela situação económica e política concreta em cada fase particular da história. (Lenin, 1990, p. 26).

Por esta tarefa, produzir o conhecimento concreto de uma situação concreta, se apresentaria o objetivo “último” da teoria marxista (=ciência e filosofia materialista): orientar a prática política revolucionária do proletariado, este fato marca uma diferença profunda da teoria marxista da história (=materialismo histórico) e de sua filosofia (=materialismo dialético) das “teorias” predecessoras (=filosofias burguesas e pré-burguesas da história) acerca do processo histórico. [10]

Destacado estes pressupostos adotados por Poulantzas em sua prática teórica sobre o político do MPC, prática de produção dos conceitos adequados à teoria regional do político do MPC, poderemos voltar à questão colocada acima: como Poulantzas define o conceito teórico de hegemonia e seu campo de aplicação?

O lugar teórico no qual Poulantzas localiza o conceito de hegemonia é o da prática política das classes dominantes nas formações sociais dominadas pelo MPC, portanto, Poulantzas passa a definir tal conceito pelo termo hegemonia política: a) com intuito de delimitar o campo teórico que este conceito deve recobrir na análise teórica das formações sociais capitalistas: o campo das práticas políticas de classe, precisamente das práticas políticas das classes e frações dominantes do MPC; b) afastar os problemas relativos à indefinição teórica do “conceito” de hegemonia produzido por Gramsci, que se manifesta ao nível terminológico (=formal), vale lembrar, do conjunto extenso de fórmulas apresentadas por Gramsci ao longo dos seus Cadernos do Cárcere – hegemonia intelectual e moral, hegemonia civil, hegemonia econômica, hegemonia política, hegemonia atribuída aos partidos político (caso de suas análises acerca do Risorgimento), hegemonia atribuída ao aparelho de Estado capitalista (na consolidação da revolução burguesa na Itália, por exemplo) etc.

Neste sentido, remetendo às formulações ambíguas de Gramsci, afirma Poulantzas: “[…] por um lado, permanece [o conceito] no estado prático, e que, por outro lado, apresentando um campo de aplicação muito vasto, acaba por ficar demasiado vago.” (Poulantzas, 1986, p.133; colchetes nossos). Logo. “Este conceito [de hegemonia] tem como campo a luta política de classes em uma formação social capitalista, recobrindo particularmente as práticas políticas das classes dominantes nessas formações.” (Poulantzas, 1986, p.133; colchetes nossos).

A identificação/definição do campo teórico do conceito de hegemonia ajustado ao quadro geral da teoria marxista da história é anunciado por Poulantzas como sendo o campo político e das práticas políticas das classes e frações dominantes de um tipo de sociedade determinada divida em classes sociais antagônicas (=sociedades capitalistas).

Nessa (re)definição teórica Poulantzas logra fixar de modo restritivo ou exclusivo o conceito de hegemonia política ao campo das práticas políticas das classes dominantes capitalista, entendendo que a hegemonia política é um efeito particular da dominação de classes sob a dominância do MPC em uma formação social concreta.

É por esse motivo que Poulantzas dentro de sua linha teórica de investigação observou a necessidade de ao definir o Estado capitalista sublinhá-lo como sendo um Estado com direção hegemônica de classe, ressaltando a principal prática política de classe dominante que as estruturas (jurídico-política=tipo de direito-forma de organização interna do aparelho de Estado) próprias a este tipo de Estado garantem no seu funcionamento reprodutivo: prática política de dominação/direção de classe.

“Poder-se-á assim dizer, localizando a relação entre o Estado capitalista e as classes politicamente dominantes, que esse Estado é um Estado com direção hegemônica de classe.” (Poulantzas, 1986, p.133).

Faremos na medida de nossos objetivos e possibilidades as observações teóricas necessárias, ao final de nossa exposição, buscando evidenciar: 1) o avanço da proposta teórica poulantziana acerca da hegemonia política que, implica na possibilidade de operacionalização deste conceito para as “análises concretas de situações concretas” no que refere às formações sociais capitalistas; 2) procurandodemostrar o “estado da arte” do conceito de hegemonia política elaborado por Poulantzas em Poder político e classes sociais (1986), suas possibilidades de desenvolvimento teórico.

Poulantzas inicia sua análise do conceito de hegemonia elencando as principais características da elaboração “teórica” gramsciana. Quais são estas características? Elas são:

1) Gramsci teria julgado encontrar a problemática da hegemonia nas teorizações de Lenin referentes ao papel dirigente do proletariado russo no bloco das classes dominadas diante da revolução democrático-burguesa na Rússia;

2) tratava-se de um conceito novo capaz de desvendar o campo das práticas políticas das classes dominantes capitalistas;

3) Gramsci faz um uso abusivo, isto é, sem delimitar o campo teórico exato de sua operacionalização – sugerindo sua aplicação como atributo do aparelho de Estado capitalista, Estado = hegemonia encouraçada de coerção;

4) é reconhecida a inovação relativa alcançada por Gramsci em suas análises de situações concretas, de caracterização da luta política-ideológica de classe, municiado de um “conceito” de hegemonia mesmo em estado prático (=impreciso teoricamente), evidenciando o potencial teórico da “descoberta” gramsciana para as análises alternativas do processos políticos nas sociedades capitalistas.

As limitações encontradas por Gramsci na elaboração e aplicação teórica do conceito de hegemonia se deve decisivamente, segundo Poulantzas, não ao fato de Gramsci ter produzido este conceito nas condições do cárcere, mas principalmente em função das influências teóricas e filosóficas (=ideológicas) do historicismo através de Croce e Labriola sobre sua produção intelectual.

Neste sentido, Poulantzas sugere de forma resumida uma periodização teórica da obra gramsciana (=teoria do corte epistemológico), mudança de uma problemática a outra na obra de um autor, que pode ou não ser marcada pela passagem de uma problemática ideológica para uma problemática teórica (=científica); e que tal passagem de um tipo de discurso a outro, não quer dizer que esta passagem resulte de uma só vez na dissolução dos elementos ideológicos implicados no objeto teórico em elaboração. É o que Poulantzas sublinha na passagem abaixo:

Limito-me a indicar que é possível localizar em Gramsci uma cesura nítida entre as suas obras de juventude – entre outras, os artigos do Ordine Nuovo até Il materialismo storico e la filosofia di Benedetto Croce inclusive –, de concepção tipicamente historicista, e as suas obras de maturidade, de teoria política, os Quaderni di cárcere – entre eles, Maquiavel, etc. – nos quais elabora, precisamente, o conceito de hegemonia. Essa cesura, que se torna mais nítida através de uma leitura sintomatológica dos textos onde aparece a problemática leninista de Gramsci, foi aliás escamoteada pelas leituras que tentaram descobrir as relações teóricas entre Gramsci e Lenin, e que, a maior parte das vezes, constituíram leituras historicistas. No entanto, mesmo nas obras de maturidade de Gramsci continuam a ser numerosas as sequelas do historicismo. (Poulantzas, 1986, p.134; grifos nosso).

O peso depositado pelo historicismo na formulação do Gramsci da maturidade sobre a hegemonia leva-o, tendencialmente, a sugerir que o poder político de classe, a dominação de classe burguesa não seria fundada exclusivamente e nem mesmo predominantemente na força, mas num complexo processo de construção do consentimento ativo das classes dominadas. A burguesia dominaria na sociedade capitalista através de sua função de direção, como função ideológica particular.

Neste contexto, é a ‘ideologia-consciência-concepção do mundo’ da classe-sujeito da história, da classe hegemônica, que fundamenta a unidade de uma formação, na medida em que determina a adesão das classes dominadas em um sistema de dominação determinado. (POULANTZAS, 1986, p.135).

O modo como Gramsci aborda a nova problemática, a questão da hegemonia, resulta na ocultação de dois problemas centrais para análise do funcionamento da sociedade capitalista: 1) a questão da autonomia relativa das estruturas do MPC; 2) o efeito de isolamento dos agentes sociais no nível econômico.

É preciso depurar os elementos historicistas (=ideológicos) presentes nas formulações gramscianas sobre a hegemonia a fim de revelar os problemas subjacentes ao campo teórico do conceito de hegemonia: 1) a autonomia específica das instâncias do MPC; 2) o efeito de isolamento “refletido” nas relações sociais econômicas; 3) a relação do Estado e das práticas políticas da classe dominante com esse isolamento no econômico.

Tomando por base os pontos destacados acima, Poulantzas sublinha que o novo conceito de hegemonia guarda duas aplicações teóricas distintas e articuladas relativas ao funcionamento (=reprodução): a) da estrutura social total capitalista; b) e da estrutura jurídico-política capitalista em particular. Ainda sublinha que Gramsci não percebeu com clareza essa “dupla” aplicação teórica do conceito de hegemonia. Quais são essas aplicações?

A primeira forma de aplicação é aquela relativa à definição dos interesses das classes dominantes como interesse geral nacional, função de direção nacional, expressa pela constituição da forma jurídico-política do povo-nação em substituição/oposição/negação às classes sociais – efeito ideológico de ocultamento/negação das classes sociais antagônicas no seio de uma formação social dominada pelo MPC. Sobre esta primeira aplicação do conceito de hegemonia política afirma Poulantzas:

Indica a constituição dos interesses políticos dessas classes [dominantes], na sua relação com o Estado capitalista, como representativos do ‘interesse geral’ desse corpo político que é o ‘povo-nação’ e que tem como substrato o efeito de isolamento no econômico. (Poulantzas, 1986, p.136).

Esta primeira forma de aplicação do conceito de hegemonia foi observada argutamente por Gramsci, porém o fato de não ter concebido a segunda forma de aplicação do conceito de hegemonia levou-o tendenciosamente a atribuir a hegemonia ao aparelho de Estado capitalista, sugerindo indiretamente que este seria idêntico à classe dominante, isto é, não haveria possibilidade, deste modo, de se verificar contradição alguma, seus graus variáveis segundo as viragens da luta de classes em geral, entre a burocracia do Estado capitalista e a classe dominante burguesa.

A segunda forma de operacionalização do conceito de hegemonia que não foi observada por Gramsci –que pode ser explicado fundamentalmente pela “insistência” de Gramsci na utilização do esquema teórico “pré-marxista” de separação entre Estado X sociedade civil– é aquela que revela que em função da autonomia relativa das estruturas do MPC, do econômico e do político, que se verifica no campo da luta de classes por uma independência (=autonomia) relativa da luta econômica e da luta política de classe, o Estado capitalista (=estrutura jurídico-política) cria as condições de funcionamento de um bloco no poder constituído por várias classes e frações de classe dominante, no qual uma delas detém o papel de dominante no seio bloco das classes e frações dominantes, definido por seu papel hegemônico –domina e dirige o conjunto das classes dominantes no interior de cada estágio de uma formação social dominada pelo MPC.

Resumindo, a redefinição teórica do conceito de hegemonia política proposta por Poulantzas tem como resultado preliminar, a possibilidade teórica de caracterizar o duplo aspecto da dominação política de classe burguesa e suas formas concretas: 1) direção nacional, representação do interesse geral através da ideologia jurídico-política do povo-nação; 2) dominância de uma classe ou fração de classe dominante no seio do bloco no poder – definido como classe ou fração politicamente hegemônica no seio do bloco no poder.

A classe hegemônica é aquela que em si concentra, ao nível político, a dupla função de representar o interesse geral do povo-nação e de manter a dominância específica entre as classes e frações dominantes; e isto, na sua relação particular com o Estado capitalista. (Poulantzas, 1986, p.137).

A título de conclusão provisória podemos afirmar que o empreendimento teórico poulantziano registrado em Poder político e classes sociais, definição do conceito de Estado capitalista, entendido como estrutura jurídico-política do MPC: a) implica a redefinição teórica da problemática da hegemonia política, expressa por sua localização no interior da teoria marxista da história, como correspondente ao campo das práticas políticas das classes e frações de classes dominantes; b) critica aos pressupostos teóricos e políticos de Gramsci ao tratar da problemática da hegemonia, pois para o militante comunista italiano a hegemonia se separaria da dominação política burguesa, uma vez que segundo sua formulação seria possível e necessário em função das condições da luta política no capitalismo (=sufrágio universal, parlamento, sistema partidário “aberto” etc.), a conquista preliminarmente por parte das forças revolucionárias socialistas e populares da hegemonia (=direção política nacional, da maioria social) como condição para a conquista do poder de Estado (=político) e de sua conservação; c) crítica às formulações gramsciana sobre a hegemonia e as suas implicações estratégicas e táticas para a luta socialista e que se afasta, podendo segundo certas interpretações reformistas e contrarrevolucionárias (=burguesas e pequeno-burguesas) sob múltiplas variantes, do campo teórico e político marxista; d) defesa de uma teoria da hegemonia política adequada aos pressupostos teóricos e políticos edificados pelos clássicos de marxismo em função do objetivo fundamental, iluminar a luta revolucionária socialista.

Buscamos evidenciar resumidamente neste texto a importância do trabalho científico registrado em Poder político e classes sociais para as análises dos processos políticos nas sociedades capitalistas concretas, e para orientar a luta política revolucionária das classes dominadas. Não entramos nos limites deste artigo nos problemas, limitações e ambiguidades da definição teórica poulantziana da questão da hegemonia política.[11]

Registramos que não desconsideramos tais problemas e seus efeitos teóricos e políticos, no entanto, acreditamos encontrar em Poulantzas o ponto de “partida” mais segura para o necessário desenvolvimento da problemática da hegemonia política.[12]

           

Bibliografia:

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Lima, G.Uma análise sobre a teoria marxista do Estado: a problemática dahegemonia política. Dissertação de Mestrado (2013, em correção).

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Poulantzas, N. Hegemonía y dominación en el estado moderno. 6ªed. México: Pasado y Presente, 1985.

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Rousseau, J. Do contrato social. 3ªed. São Paulo: Martins Fontes, 1996.

Saes, D. A formação do Estado burguês no Brasil – 1888-1891. 2ªed. São Paulo: Paz e Terra, 1990.

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Saes, D. “A questão da evolução da cidadania política no Brasil”. In: Estudos Avançados. v.15. nº 42, 2001b. p. 379-410.

Saes, D. “Estado capitalista e classes dominantes.” In: Crítica Marxista. São Paulo. Boitempo nº 12. 2001c. p. 156-164.

Saes, D. “Cidadania e capitalismo: uma crítica à concepção liberal de cidadania”. In: Crítica Marxista. São Paulo: Boitempo n° 16, 2003. p. 1-47.

 


* Mestre em ciências sociais pelo PPGCS-UFU – Programa de Pós-graduação em Ciências Sociais, Instituto de Ciências Sociais da Universidade Federal de Uberlândia. Este texto é um extrato de nossa dissertação de mestrado intitulada: Uma análise sobre teoria marxista do Estado: a problemática da hegemonia.

[1] Utilizamos para redação deste artigo a edição brasileira de Poder político e classes sociais (1986) e a edição em língua espanhola do conjunto de artigo intitulado Hegemonía y dominación en el Estado moderno (1985) em que consta o artigo “Introducción al estudio de la hegemonía en el Estado”.

[2] Por MPC entendemos modo de produção capitalista notação retirada de Poulantzas.

[3] Remeto aqui a obras importantes do pensamento althusseriano, que estão na base da elaboração poulantziana sobre o político em Poder político e classes sociais de 1968. Ver: Althusser, La revolución teórica de Marx (1971); Althusser, Para leer el Capital (1970).

 

[4] O termo político (=nível político) é utilizado por Poulantzas como sinônimo de estrutura jurídico-política, por econômico entendem-se as relações de produção, em Poder político e classes sociais (1986), fazemos o mesmo uso aqui.

[5] Por efeitos pertinentes entendemos, na linha teórica poulantziana, como o conjunto de efeitos concretos produzidos pelo funcionamento das estruturas de um modo de produção dominante em cada estágio de sua reprodução no interior de uma formação social sobre as práticas das classes sociais, isto é, sobre o campo da luta de classes.

[6] Poulantzas entende por campo da luta de classes, distinguindo-o teoricamente do nível das estruturas, o conjunto das relações sociais (econômicas, políticas, ideológicas etc.) demarcando diferentes níveis da luta de classes, esta formulação se encontra em Poder político e classes sociais (1986).

[7] Sobre a importância da luta política de classes no que diz respeito à luta revolucionária (=transformação do conjunto da estrutura social), no qual se encontra no centro a problemática do Estado, os clássicos do marxismo sempre sublinharam por diversos meios: da necessidade do proletariado se constituir em força social/partido autônomo; importância da tomada e transformação do poder de Estado adequada às exigências da produção social sob o controle dos produtores diretos (=relações de produção socialista) sob a fase de transição socialista; o problema da dualidade de poder em uma conjuntura revolucionária; a questão da democracia operária. Sugerimos algumas obras: Marx e Engels, O manifesto do partido (2001) Marx, “As greves e as coligações operárias”, In: Miséria da filosofia (1990); Engels, Do socialismo utópico ao socialismo científico (2005); Lenin, O Estado e a revolução (1979); Lenin, Teses de abril (1990); Lenin, Que fazer? (1988); Lenin, O esquerdismo, doença infantil do comunismo (1990); Gramsci, Maquiavel, a política e o Estado moderno (1978).

[8] Sobre o tema clássico da filosofia política burguesa relativo à questão do papel do Estado moderno (=burguês) e a vontade geral ver: Rousseau, Do contrato social (1996); Hegel, Principios de la Filosofia del Derecho o Derecho Natural y Ciencia Politica (1975).

[9] Indicamos sobre o papel/função do Estado em desorganizar a classe dominada fundamental e por este frustrar a revolução social o texto de Saes, Democracia (1987).

[10] Remeto uma vez mais à questão teórica e histórica problematizada por Althusser sobre revolução teórica produzida por Marx, que segundo Althusser resultou na descoberta do “continente-História”, e de suas implicações científicas e filosóficas (=teóricas) e prático-políticas. Conferir os textos: Althusser, Sobre o trabalho teórico (1978); Althusser, “Prefácio Hoje” em A favor de Marx (1979); Poulantzas, “Introdução” de Poder político e classes sociais (1986); Lenin, Materialismo y empiriocriticismo (1967).

[11] Quem mais procurou avançar quadro teórico apresentado por Poulantzas sobre a problemática da hegemonia política foi o cientista político brasileiro Décio Saes, ver: Saes, República do capital: capitalismo e processo político no Brasil(2001a); Saes, A questão da evolução da cidadania política no Brasil (2001b); Saes, Cidadania e capitalismo: uma crítica à concepção liberal de cidadania (2003); Saes, Estado capitalista e classes dominantes (2001c); Saes, A formação do Estado burguês no Brasil – 1888-1891 (1990).

[12] Procuramos tratar sistematicamente, isto é, de modo mais detalhado e profundo os avanços e limites, bem como, as possibilidades de desenvolvimento da problemática da hegemonia política proposta por Poulantzas e retomada criticamente por Saes em diversos trabalhos em nossa dissertação de mestrado recentemente defendida.

Sobre Décalages y Demarcaciones

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